25 años compartiendo la vida y la fe

“Recordando dónde y cómo todo comenzó, podremos descubrir dónde termina”, película “Llena de Gracia”

 Hacer memoria agradecida de los 25 años de nuestra presencia en Mahotas, uno de los barrios periféricos de la ciudad de Maputo, Mozambique, ha sido para nosotras un verdadero “kairós”, un momento de mucha gratitud por tanta vida compartida, dada y recibida, pero en simultáneo, un tiempo de renovación de energías para vivir “el presente con pasión”, confiando que el futuro va a tener el mismo “toque” de Dios, por eso nuestro corazón desea “abrazarlo con esperanza”.

Gracias Señor por estos 25 años…

Nuestro corazón rebosa de gratitud si miramos para aquel “Mahotas” de 1991… aquel nuestro “Maldonado” en el que todo nos hablaba de Ti.

El grito del pueblo por pan y paz… pero que, incluso llorando, nunca dejó de brillar en los ojos de nuestras mamás la luz de la esperanza, esas grandes especialistas de resiliencia.

Cuánto aprendimos con esas mujeres sencillas de las cooperativas agrícolas y de las comunidades cristianas, “gloriosas heroínas de lo cotidiano”. Cómo nos desafiaba su capacidad para creer en la vida y hacer fiesta, aún con el corazón sangrando, en medio del sufrimiento, del hambre y de las inmensas carencias materiales que experimentaban…

Cómo sabe bien, Señor, recordar aquellas ceremonias que nos hicieron entrar dentro del corazón de este pueblo: las “salidas de nombre” de los niños, los “lobolos”, bodas, funerales, en los que los cristianos nos presentaban a sus familiares con tanto cariño y orgullo: “estas son las hermanas que viven con nosotros…”.

Como vibra todavía hoy nuestro corazón por aquella alegría inolvidable del día 4 de octubre de 1992, en el que todo el pueblo cantaba y danzaba, celebrando el acuerdo de PAZ… esa paz que disfrutamos 20 y pocos años, pero infelizmente nos vuelve a hacer sufrir el corazón y que continúa siendo el grito persistente y permanente de nuestro pueblo…

¡Ahí, Señor! Cuánta vida compartida, dada, pero siempre renovada por la experiencia de nuestra realidad de que en verdad, “son los pobres los que nos evangelizan”.

Bien sabemos Señor, que toda esta experiencia que recordamos con gozo, fue experimentada gota a gota y está marcada por nuestra fragilidad y limitación.

Pero Señor, Tú que nos conoces, sabes que siempre quisimos ser una señal de tu amor entre los más pequeños, y que continúa siendo este el deseo que nos habita y por eso queremos “vivir con pasión el presente y abrazar con esperanza el futuro”.

Como M. Ascensión, hicimos y hacemos todavía hoy la experiencia de que “nunca te sentimos tan cerca como en la misión”.

¡Khanimambu, Gracias, Señor!

Mahotas, Agosto 2016

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