Agradecida a Dios por la vocación y el llamado que un día me hizo, hoy quiero compartir algo de ese camino recorrido a lo largo de 50 años de vida consagrada al servicio del Reino.

Puedo resumirlo como un camino de amor y de amistad. Camino lleno de rostros concretos. De hermanas con las que he compartido vida y misión, sueños y proyectos, fraternidad y amistad, alegrías y dificultades…

En el camino me he encontrado con un sin número de personas que han dado sentido a mi vocación misionera en el diario vivir y compartir esfuerzos por construir una sociedad más justa y humana. Desde la sencilla vida de Nazaret en un pueblecito del altiplano boliviano, como en los conflictivos años de dictaduras, protestas, huelga de hambre y detenciones violentas en la lucha conjunta por la defensa de los Derechos Humanos.

He vivido la fe, la esperanza y el amor desde la experiencia de la gente que en los distintos lugares de misión me han acogido, integrado y considerado parte de ellos; lo que ha supuesto una experiencia inolvidable que dio sentido a mi ser y hacer.

Son muchos los gestos de amor y de amistad que he recibido, más de los que he podido entregar. Por lo que he experimentado que el amor es lo único que se multiplica cuando lo entregas a los demás.

Hoy quiero darle gracias a Dios por todo lo vivido, recibido y entregado, porque Él ha sido el principal compañero del camino y el Amigo incondicional.

Lola Priede Miranda

 

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