Han aumentado las oportunidades de alfabetización de las mujeres, casi en 50 países han logrado importantes mejoras en lo que respecta a la paridad de género. El movimiento mundial en favor de la Educación para todos ha dado lugar a muchos cambios positivos.

Hoy en día sigue habiendo 758 millones de adultos que no saben leer ni escribir una frase sencilla, dos tercios de los cuales son mujeres. Situados al margen de la aldea global, no reciben ninguno de los beneficios de la mundialización y sufren todos sus costos. Estos hombres y mujeres son más vulnerables a la enfermedad, la explotación y el abuso de los derechos humanos. Tienen más probabilidades de estar desempleados y de que se les pague menos cuando tienen un trabajo. Al no saber leer ni escribir, no pueden desarrollar todo su potencial, y comunidades enteras quedan atrapadas en el círculo vicioso de la pobreza, caldo de cultivo de la violencia y los conflictos.

El analfabetismo sigue siendo sinónimo de exclusión y pobreza. Debemos cambiar esa realidad

Testimonio de mujeres peruanas

“No quiero morir sin aprender a leer y escribir. Siempre fue mi sueño, pero nunca tuve la oportunidad. Quedé huérfana de padre a los 8 días de nacida y prácticamente crecí sola, pues mi madre trabajaba todo el día para alimentarme a mí y a mis 7 hermanos y un día nos abandonó y se fue con un hombre”, cuenta Alfreda Llanos, una mujer que a sus 68 años, con la vista cansada y sus manos temblorosas, está aprendiendo a leer y escribir.

“Mi madre también era ignorante como yo; nunca fue al colegio. Seguro por eso no nos hizo estudiar. Tal vez si mi padre hubiera estado vivo, mi historia hubiera sido diferente. Pero no importa. Ahora tengo esta oportunidad. Estoy aprendiendo a descifrar las letras y estoy a punto de cumplir mi sueño”, agrega orgullosa.

Alfreda es alumna del Centro de Alfabetización Motupe, ubicado en San Juan de Lurigancho, el cual es impulsado por Alfalit Vida Perú, una institución sin fines de lucro que trabaja para disminuir el analfabetismo en las comunidades más alejadas de Lima.

Con Alfreda estudia Francisca Mendoza Ortiz, otra mujer de la misma edad, quien toda su vida se dedicó a cocinar, limpiar y cuidar a sus cinco hijos. “Cuando era chica, mi padre no me ponía en el colegio para que no pudiera escribir cartas a algún enamorado y cuando crecí mi situación económica ya no me lo permitió. Pero hoy soy creyente y no puedo leer la palabra del Señor. Eso me motiva. Estoy avanzando poco a poco y creo que pronto lo voy a conseguir”, comenta emocionada.

Mariluz Calero Chávez tiene 69 años y es vecina de Alfreda y de Francisca. Ella nunca supo leer ni escribir, pero lo disimulaba muy bien delante de sus amigos y sus 9 hijos. “Nunca pisé una escuela, pero aprendí a descifrar algunas palabras. Tenía vergüenza y cuando mis niños venían con tarea del colegio y me pedían ayuda, yo solo les gritaba a sus hermanos para que les enseñaran; así salía del aprieto”, recuerda entre sonrisas.

Aunque siempre quiso ir al colegio, Mariluz era la mayor y tenía que ayudar a su madre a criar a sus hermanos pequeños. Ahora ella es una de las alumnas más aplicadas del centro; se esmera en los dictados, dibuja su letra y está aprendiendo muy rápido.

Pero al centro de alfabetización no solo asisten adultos mayores. Zenobia Casqui, de 40 años, no terminó la primaria y ahora, que se ha quedado sola con sus cuatro hijos, quiere completar sus estudios para salir adelante. “Me olvidé lo poco que aprendí, así que tengo que empezar otra vez, pero quiero aprender para encontrar un mejor trabajo y que mi vida mejore”, comenta.

Similar es el caso de Katherine Flores Ruiz, una joven de solo 22 años que, aunque terminó la primaria, se olvidó de todo lo aprendido. “No practicaba y ahora recién estoy recordando. Voy a seguir porque mi meta es estudiar gastronomía y turismo”, nos señala.

 

Valor de la mujer y su enorme influencia

Las Hermanas de la Comunidad de Ayacucho en coordinación con las Laicas Dominicas permanentemente tienen la misión de alfabetizar a las personas más necesitadas, complementando a la formación integral de la persona.

Actividades:

1. Dedicando 4 horas semanales a la formación.

2. Dialogando frecuentemente con las señoras y con sus esposos para animar o seguir trabajando, a fin de que Ayacucho disfrute, en un día no muy lejano de la PAZ tan deseada.

3. Orientar a ser generadoras de su propio sustento, mediante pequeños negocios que a la vez le sean productivos y a vivir con honradez, solidaridad y respeto mutuo.

4. Ayudarles materialmente con alimentos, ropa, útiles escolares, medicinas, especialmente en momentos críticos que pasa cada hogar en las familias numerosas.

5. Seguir trabajando con el hilado.

6. Visitas domiciliarias.

7. Estimularlas con premios, palabras de aliento, darles confianza en sí mismas, resaltando las maravillosas cualidades que cada una tiene.

8. Dejándolas caminar por su propia cuenta y responsabilidad y que actúen siempre con: BONDAD, ALTURA, DIGNIDAD, y sobretodo como buenas HIJAS DE DIOS.

9. Relacionarlas con otras personas, con otras instituciones y organizaciones para que se sientan de verdad capaces y buenas ayacuchanas.

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