Entre los días 23 y 26 de Septiembre de 2016, estuvieron reunidos representantes de diferentes grupos de la Familia Dominicana de Mozambique, para reflexionar, compartir e de un modo muy especial, celebrar conjuntamente el jubileo de los 800 años de la fundación de la Orden Dominicana.

Este evento fue promovido por las Congregaciones de Hermanas Dominicas presentes en el país: Dominicas de Santa Catalina de Sena; Dominicas de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción y Misioneras Dominicas del Rosario. Fue convidado para asesorar los trabajos Fr. Mario Rui del Vicariato de Angola.

Nos convocaba el lema jubilar: ENVIDAS A PREDICAR EL EVANGELIO… de la justicia, de la paz, de la reconciliación y de la misericordia, allí donde la vida clama.

El primer día fue dedicado al estudio y debate sobre el significado de la predicación en el Evangelio, inspirado en el texto de Lc 4, 18-19. Los pobres, los cautivos, los “ciegos”, los oprimidos… estuvieron desafiándonos, así como la urgencia de anunciarles un año de gracia del Señor, en nuestra propia realidad. La justicia económica y política, la necesidad de la cura y la reconciliación fueron urgencias sentidas por todas para dar continuidad a la misión, a la manera de Jesús. Conscientes de que, primero somos nosotros, los que precisamos experimentar esta Buena Noticia para poder llevarla a los otros.

También nos cuestionábamos: ¿Qué significa predicar al estilo dominicano? Fueron tres las actitudes de Domingo que iluminaron la reflexión.

La compasión. La Orden nació porque Domingo se conmovió e se movió frente el hambre en Palencia; frente a los cautivos, llegando a ofrecerse para su liberación: frente a los “kumanos”, frente a la ignorancia del pueblo; frente a los herejes. ¿Qué será de los pecadores?

La convicción. Domingo creyó en su fuerza interior, en las inspiraciones que el Espírito del Señor le suscitaba lo que le permitía decir “Yo sé lo que hago””, cuando actuaba contra corriente.

La osadía que significa, en su contexto histórico, optar por la pobreza, por la itinerancia, por un modelo de vida religiosa fuera de los moldes existentes, para predicar el Evangelio.

Después de esta reflexión vino la cuestión decisiva: ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo seremos capaces de VER la realidad que nos rodea, cómo JUZGAR a la manera de Jesús, cómo ACTUAR en el ambiente dónde cada grupo vive? El compartir en grupos, a partir de situaciones concretas, nos permitió descubrir que nuestro corazón batía al unísono con el de Domingo. En el compartir y debate que se siguieron en sesión plenaria, sentimos que la semilla dominicana fue lanzada en tierra fecunda y  germinará abundantes frutos.

Celebrar es dejar que la alegría y el gozo de aquello que nos inunda y supera, se manifieste a través de todo lo que somos. La celebración Eucarística, dentro de nuestra tradición africana, fue el momento culminante de todo lo vivido anteriormente.

Todo contribuyó para crear el ambiente festivo, el canto, la danza, los gestos, los símbolos y muy especialmente la presencia de Fr. Mario, tornando presente a Jesús, e con El, la verdadera acción de gracias dirigida al Padre. En ese momento, Fr. Mario,  representaba nuestra vinculación con toda la Orden. ¿Será que este acontecimiento podría suscitar la renovación de la presencia de nuestros hermanos en Mozambique?

Cada uno de nosotros vivió una experiencia  que continuará siendo desafío, según reza el himno del Jubileo, para “LAUDARE, BENEDICERE, PRAEDICARE”!

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