Un signo de los tiempos en América Latina hoy día lo constituyen los movimientos sociales de resistencia ante la destrucción del medio ambiente y la lógica del sistema capitalista que busca convertir en mercancía y en negocio todo lo que encuentra a su paso.

Uno de esos movimientos que cada día cobra mayor conciencia, fuerza y articulación es el movimiento por la defensa de la Casa Común y por el acceso de los pueblos al agua, a la tierra, al buen vivir y buen convivir de los seres humanos y de toda la creación.

SAM 3314

 

Es en este marco que surgen en Guatemala distintos movimientos de resistencia ante la industria extractiva de metales y ante las hidroeléctricas que expolian impunemente los recursos de las comunidades. Uno de esos movimientos que ha llegado a ser emblemático y que constituye un símbolo dentro y fuera del país es La Puya, a pocos kilómetros de la Capital de Guatemala. Hablar de La Puya es hablar de una resistencia pacífica y creativa ante proyectos extractivos mineros que buscan un enriquecimiento a costa de la destrucción de la vida de las personas y de la madre tierra. Hablar de La Puya es hablar de un levantamiento de hombres y mujeres que desde su sencillez y su fe en el Dios de la Vida se han enfrentado a poderosas empresas transnacionales al estilo de David frente a Goliat.

 

SAM 3325

 

Ahora se cumplen cinco años de que las comunidades indígenas y mestizas de este lugar se unieron y se levantaron para detener el proyecto minero “El Tambor” Progreso VII derivada. Hombres y mujeres de todas las edades, apoyados por organizaciones ecologistas y sociales y por la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Guatemala (CONFREGUA), han sufrido una diversidad de ataques y vicisitudes en este proceso de resistencia. Como Misioneras Dominicas hemos estado involucradas desde CONFREGUA y las Comunidades Eclesiales de Base apoyando de distintas maneras los plantones de resistencia en la entrada de la boca de la mina y frente al Ministerio de Energía y Minas.

 

SAM 3329

 

El V aniversario de la resistencia la celebramos este cinco de marzo en un ambiente celebrativo y de esperanza, recordando que también se cumple el primer año del asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres. Ambas representan luchas desde abajo, desde los nuevos escenarios y los nuevos sujetos que hoy día se levantan para frenar los proyectos de destrucción y de exclusión de los pobres. La lucha de las comunidades exigiendo el cierre definitivo de la explotación minera en la zona se ha llevado a cabo desde distintos frentes (en la calle, en los tribunales de justicia, en el Ministerio de Energía y Mina, etc.). Un rasgo distintivo de esta resistencia es que todo es hecho desde los resortes de la fe, celebrando las eucaristías en el mismo lugar donde gente ha plantado la resistencia pacífica y donde ha sido también atacado y perseguido de distintas formas. La Puya ha llegado a ser un lugar teológico, pues allí se revela con fuerza la presencia del Dios de los pobres y de los olvidados; al acercarnos fraternal y solidariamente a apoyar y acompañar a estas comunidades en resistencia, muchos religiosos y religiosas hemos experimentado que realmente los pobres nos evangelizan y que su testimonio de vida y su coherencia cotidiana, estimula nuestra vocación y señalan una dirección a nuestra misión.

 

SAM 3340

 

Tras cinco años de lucha, el logro no ha sido solo la suspensión definitiva de la licencia de explotación minera a la empresa extractiva, sino que también celebramos la superación de la indiferencia y el miedo, el fortalecimiento de la compasión ecológica y la constatación de que todavía hay utopías y hay muchas personas dispuestas a dar su vida por defender la vida.

 

SAM 3347

 

Para la gente de la resistencia y para quienes acompañamos, celebrar estos cinco años es celebrar la constancia de un pueblo en su lucha por la vida, es celebrar que muchas hormiguitas unidas pueden con un elefante. Humildemente seguimos vigilando con el pueblo y acompañándole, convencidas, como dice Eduardo Galeano de que “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.
Geraldina Céspedes (Comunidad del Limón, Guatemala)

 

SAM 3359

Share
Share
Share