P: Hace años afirmó que estaba “donde siempre quise estar y con la gente a la que siempre quise aun antes de conocerla”.

 

R: Llegar a Kirigueti y conocer sus comunidades indígenas ha sido la concreción de mi sueño. Kirigueti cubría todas mis aspiraciones. Además, un dato al que le concedo mucha importancia: fui a Kirigueti para hacer una labor de continuidad en una misión establecida, para ser un eslabón más de una larga cadena. Tenemos que abrazar el momento que nos toque vivir, que no es ni el de los que nos precedieron ni el de los que nos sucederán: es el nuestro. En el caso concreto de una labor misionera es importante saber también que, cuando llegas a un destino, heredas todos los aciertos y errores, y con esa herencia tienes que empezar a hacer tu labor, con la imagen de sentirte un eslabón de una cadena que otros continuarán.

 

P: ¿Cómo reaccionó ante el nombramiento?

 

R: Lloré mucho. Por primera vez sentí que me sacaban de lo que yo había decidido. Hasta ese momento había dado todos los pasos de mi vida desde la libertad y el deseo de hacer lo que hacía. Fue decisión libre y personal ingresar en la orden, ser destinado a Kirigueti… Ahora, lo que sentí en un principio era que esta propuesta no podía ser para mí, que suponía un corte radical en mi vida, que me sacaban a otro espacio, fuera de mi hábitat natural. Entonces cogí la Biblia, la abrí al azar y salió una hoja de las que tenía para marcar cuando estudiaba en Salamanca, y ahí aparecieron dos textos: Hebreos capítulo 11: Por la fe, Abraham obedece a la llamada divina y sale hacia la tierra prometida sin saber a dónde iba. Ese final fue la primera “señal”. El segundo era del capítulo 12: Corramos nosotros la carrera que nos toca con la mirada fija en Jesús.

 

Seguí llorando y di la decisión por tomada. Al fin y al cabo no dejaba de ser también convertirme en un eslabón de esa cadena de dominicos que habían asumido, desde hace más de cien años, la atención pastoral de esa zona de la Amazonía.

 

David-MtzCon “olor a selva”

 

P: De las reacciones de su entorno, ¿cuál ha sido la más curiosa?

 

R: Un compañero, parafraseando al papa Francisco, me dijo que yo sería un obispo con “olor a selva”. Con algunos amigos he compartido esos miedos que me inspiraban el boato que ha rodeado a veces a la figura de un obispo. Pero me decía a mí mismo: “¡David, qué te puede impedir seguir entregado a la gente, si el mismo nuncio te trasladó el deseo del Papa: queremos ministros que se entreguen al pueblo, pastores que estén con la gente y que sepan comunicar la alegría del Evangelio!”.

 

P: ¿Cuál ha sido su labor en Kirigueti?

 

R: Hacer “de todo”. Un compañero laico puso sobre papel la cantidad de oficios que desempeñábamos y le salió una larga lista. Muchas veces son lugares donde no hay una presencia del Estado y las comunidades te reclaman que les acompañes en la tarea de dar respuesta a necesidades en ámbitos como la salud, la educación, el abastecimiento de agua y de energía… A medida que la gente va adquiriendo destrezas y conocimientos, el misionero delega y puede disponer de más tiempo para otras labores más pastorales. Pero en la misión está todo muy interrelacionado.

 

P: Como misionero le ha tocado denunciar injusticias. Como obispo, ¿cuáles serán sus denuncias?

 

R: Como misionero haces denuncias, pero esa voz no tiene la trascendencia de la de un obispo. Y más que denuncias, lo primero que hay que hacer son “anuncios”. Y el primero, que con Jesús tenemos un modelo de vida no para cumplir nada, sino para ser felices. Que en Jesús la humanidad puede alcanzar la plenitud. Otro anuncio que haría es que el mundo necesita escuchar la voz de estos pueblos indígenas. Es importante que las gentes de la Amazonía nos muestren su mirada del mundo, porque, tanto a nivel social como eclesial, pueden aportar mucho. Como en el pasaje del profeta Elías, a Dios hay que encontrarlo en el susurro de la brisa, y hoy esa brisa está en el otro y en la forma del otro de entender la vida. Hay que descubrir a Dios en el otro y enriquecernos mutuamente.

 

Tomado del nº 2.907 de Vida Nueva

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