Todo lo puedo en aquel que me conforta” Fil. 4,13

Fue hace cuatro años, el 28 de octubre, cuando siguiendo la invitación del Obispo Hope, de la Diócesis de Vinh, en el norte del país, cuando las hermanas Asunta, Teresa y yo (Marylu)  junto con el señor Lai de Taiwan, pisamos tierra vietnamita por primera vez. A pesar de que nos habían dicho que alguien nos acompañaría, nadie se apareció, así que tuvimos que empezar nosotras solas. Como no conocíamos el lugar, nos quedamos en un hotel.

Lo primero que hicimos fue buscar una iglesia y una casa que estuviese cerca de ella. Encontramos ambas en Samland, en un sector de Ho Chi Minh. La casa estaba en el sexto piso de un edificio de 29 pisos. Cuando miré hacia abajo desde el sexto piso vi muchos loros moviéndose y llamé a Teresa para que mirase, pero se echó a reír porque eran motocicletas con los conductores llevando cascos multicolor, lo que me parecieron loros…

Las Hermanas iban a estar sólo 4 días, así que después de tener ya una vivienda, compramos todas las cosas necesarias para equiparla. Finalmente, pasaron los 4 días y Asunta y Teresa regresaron a Taiwan. Y de repente me quedé sola… y fue terrible.

De vivir en una comunidad con varias hermanas y rodeada de los niños, en el orfanato de Timor, pasé a estar sola. Me sentí como un pez al que han sacado del agua y llevado a tierra.

Y recé… Recé para que la voluntad de Dios se hiciera en mi vida. Ahora que tenía todo el apartamento y todo el tiempo… me mantuve ocupada.

Todas las mañanas participaba en la Eucaristía, a las 5 de la mañana.

Limpié la casa, la limpié tan bien, que todos los que después entraban en ella me comentaban: “Oh, que limpia” y se quitaban los zapatos.

Tenía mucho tiempo para rezar.

Mientras estaba en Timor, no tuve tiempo para aprender a manejar el ordenador u otros equipos electrónicos, pero ahora lo tenía. Mi hermana me había regalado un iPad, así que empecé a aprender cómo usarlo.

Teresa estaba preocupada por mí. Se comunicaba con frecuencia para preguntar  cómo me encontraba.

En la iglesia, la gente se intentaba comunicar conmigo pero no podía entender el idioma. El párroco sintió lástima de mi al verme sola y me preguntó si podía enseñar inglés a algunas personas y me pareció muy bien. En las tardes empecé a enseñar inglés.

Durante el año nuevo, una de las hermanas de la Congregación de las Flores de la Cruz me invitó a pasar el año nuevo en su casa. Acepté y estando en su casa me presentó a varias jóvenes. Después de varios meses, 2 de ellas quisieron conocer nuestra Congregación.

Durante uno de los trayectos en el bus, conocí a una joven, que invitó a algunas de sus amigas a nuestra casa. Una de ellas quiso quedarse como aspirante, y con su ayuda hicimos una campaña vocacional en el Norte de Vietnam, hablando sobre nuestra Congregación a grupos de jóvenes. Tuvimos entrevistas con el Obispo y algunos párrocos a los que presentamos nuestra Congregación. La Congregación quedó registrada en esa Diócesis.

Todo esto sin que yo hablase vietnamita y ella sólo un poco de inglés. Ahora ya tenemos 8 aspirantes vietnamitas en Macau y una novicia y en Vietnam estamos dos hermanas (Mary Ann y yo) con 11 aspirantes.

Este 28 de octubre completamos los 4 años de nuestra estancia aquí, en la fiesta de San Judas Tadeo, patrón de los casos imposibles.

Nuestra misión principal es la formación de las candidatas. También damos clases de inglés a los niños del barrio, actualmente tenemos 40 estudiantes. Los padres de los niños también nos han pedido que les enseñemos a ellos, así que vamos a sus casas y les damos clase, en las tardes.

Aunque nuestra misión parece sencilla, no lo es. No sabemos el idioma y hay otros retos que tenemos que enfrentar casa día.  Pero con una fuerte esperanza en Dios, que nos trajo aquí y comenzó este trabajo en nosotras y a través nuestro. Le pedimos que Él lo lleve a buen término.

Marylu Mariano Domingo

Comunidad San Martín de Porres,

Vietnam

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