¿Cuáles son las experiencias más fuertes que has tenido en la misión?

Mi primera misión fue en un hospital. Lo que más me impresionó es la división que existía, los pabellones estaban separados, uno para blancos y otro para negros. Nosotras nos ocupábamos del pabellón indígena, de manera que tuvimos la oportunidad de luchar mucho por sus derechos. Cuando habían operaciones, los negros siempre tenían que esperar, y nosotras decíamos que no y les interpelábamos a los médicos, les decíamos: “¿por qué tienen que esperar tanto sólo por su color?”, y como había una hermana que ayudaba en el pabellón de operaciones nos hacían caso y los atendían.

Otra situación que me marcó fue la guerra que duró treinta y tres años. El pueblo estaba muy agradecido con nosotras porque permanecimos junto a ellos en los momentos más difíciles. Llevábamos a los enfermos en el coche, hacíamos transfusiones intentando salvar sus vidas, la gente decía: “¿quién se quedó con nosotras?” y respondían: “las hermanas”. La gente se fue a la ciudad y nosotras también, y cuando ellos volvieron, nosotras también volvimos. En esas vivencias sentíamos a Dios muy cerca de nosotras.

foto de Catalina¿Dónde descubres a Dios?

Yo descubro a Dios en los enfermos, los visito en las aldeas, les llevo la comunión, me gusta mucho atenderlos. En el hospital hay mamás que vienen de lejos con dificultad con sus hijos enfermos para recibir atención, a veces cuando veo que alguien está en una situación muy difícil les digo a los mismos enfermos: “miren esta señora está muy mal”, y ellos mismos me dan diez o veinte para ayudar a la señora. Ellos dan desde su pobreza y a los ojos de Dios es un milagro.

¿Cuál es la mayor riqueza que has descubierto en la vida misionera?

Siempre he sido muy feliz tanto con el cariño de la gente y en las pruebas grandes que hemos pasado; también ha habido momentos de desánimo como es normal. La mayor alegría es que las hermanas nativas continúan la misión, la semilla ha dado buenos frutos. Una hermana angolana me dijo: “donde dejaste tu juventud, deja tus huesos” porque para el africano el quedarse hasta el final les dice mucho más que todo lo que una ha hecho. Es una frase que me anima y me interroga ahora en el declinar de mi vida.

Otra de las grandes riquezas es el mismo pueblo angolano, su capacidad de celebrar a pesar de las dificultades. Ahora con la paz ha mejorado la situación de la mujer, muchas estudian, buscan otros horizontes, sin embargo el machismo aún está presente.

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