“SEÑOR, TU ME SONDEAS Y ME CONOCES” “TE DOY GRACIAS PORQUE FUI FORMADA DE MANERA ADMIRABLE” (Sal 139)

Cuando una persona va cumpliendo años, puede decir sin temor a equivocarse, que esta es una realidad profunda que experimentamos en la vida. Gracias sí, acción de gracias que brota de lo profundo del corazón.

Recuerdo que cuando cumplí los 70 años, quise hacer un balance de mi vida: 1° miré hacia lo vivido; niñez, juventud, decisión de ser “misionera”, pues es lo que nos inculcaban en la Parroquia de San Francisco Javier, ir a las misiones…entregar tu vida a las misiones… y una vez en el noviciado, ya no importaba ir a China o a Pekin, como cantábamos…Yo fui destinada al Perú en aquel lejano 1956… Pasé 38 años de ricas vivencias en las alturas de la sierra de Puno: Puno capital, San Antón, Arapa…y desde allí las vivencias de la Pastoral del  Sur Andino. Todas estas experiencias se miraban como un derroche de gracia del Señor que “YA VEÍA MIS ACCIONES, TODAS ELLAS ESTABAN EN TU LIBRO: MIS DÍAS ESTABAN ESCRITOS Y SEÑALADOS ANTES DE QUE UNO SOLO DE ELLOS EXISTIERA…(Sal 139)

Acción de gracias por el cuidado Paterno-Maternal del Señor, a pesar de las sombras del pecado que no faltaron. En mi evaluación ví que MERECIÓ LA PENA” todo lo vivido, dicho con sinceridad: MERECIÓ LA PENA EL HABER VIVIDO TODO, GRACIAS A LA ACCIÓN DEL DIOS DE LA VIDA SOBRE CADA UNA/O .

Ahora quedaba la segunda parte.

Al mirar el futuro, de nuevo una entrega más exigente, con más riesgos, cuentas con la experiencia de cosas vividas, que van marcando el vivir, hacia la etapa final. Al principio como que es una continuidad sin mayores sobresaltos, vas llegando a la década de los 80 y se van poniendo por delante la enfermedad, operaciones que te dicen y hablan de los límites que no puedes pasar.

A nivel teórico, tratas de entender tus limitaciones, pero como que te revelas ante la realidad.  Las cosas son las que te van diciendo: Hasta aquí, has llegado.

Quisiera retomar mi estado actual, decirle al Señor que así como mereció la pena vivir los años anteriores, hoy, con la “pila” de años que se tienen, poderle decir, así como estoy “MERECE LA PENA VIVIR HASTA EL ENCUENTRO FINAL”

¡Ah!, pero me gusta pensar y reflexionar sobre este encuentro final, donde el Padre-Madre, me tiende los brazos y una vez más me dice:” NO TEMAS, SOY YO”.

Reconozco que a pesar de mi falta de fe, donde el maligno quiere alejarme del Padre, le pido con insistencia de un niño pequeño que nos acoja entre sus brazos misericordiosos.

Para finalizar, quiero recobrar la confianza “EN UN DIOS QUE TIENE UN DESEO INFINITO DE ENTRAR EN COMUNIÓN CON EL HOMBRE Y LA MUJER, CON ESA CREATURA QUE ÉL CREÓ A SU IMAGEN Y SEMEJANZA”

Hna. María Nieves Elizalde
Misionera Dominica

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