Sofia5Sofía, resististe como una valiente casi un siglo, te costó mucho dar un paso al costado, estabas hecha de una madera que no se dejaba debilitar ni por la humedad ni por ningún tipo de polilla, carcoma o termitas… Pero era preciso aceptar que “solo si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto”… Lo sabías bien, lo habías meditado muchas veces pero otra cosa es integrarlo y aceptarlo hasta dentro. Y a ti te costaba… El Espíritu Santo era tu pasión: Pentecostés tu día especial del año. Ese día gastabas tus centavos para llamarme y felicitarnos mutuamente… Pero te costaba aceptar que él era siempre el protagonista de la misión, aunque lo sabías y lo repetías… No renunciaste a ser apóstol hasta el final. Y cuando lo hiciste ya no valía la pena vivir ¿no es cierto?

En tu funeral, quienes te conocían, recordaron tus tres grandes amores o pasiones: Jesús de Nazaret, el pueblo pobre y tu comunidad de Dominicas del Rosario. No cualquier Jesús, no, el de carne y hueso, con sentimientos pasión y humor; el pueblo pobre y tus hermanas te ayudaron a descubrirlo y a amarlo cada día más.

Sofia1Esos tres amores te hacían feliz y te hacían sufrir, porque lo vivías en tensión. Tenías claro lo que te pedía Jesús pero no siempre te era fácil compaginar la fidelidad a los otros dos amores o pasiones. Tenías tus dudas y tus escrúpulos y sufrías por ello. A veces hasta se desvanecía tu fino sentido del humor.

Aquello de Mateo “sean perfectos como su Padre es perfecto” te caía un poco grande; se te acomodaba mejor la versión de Lucas: “sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”. Y tú lo eras. Tenías una sensibilidad especial para los pobres; pero no romántica o sentimental, querías ir a las causas y buscar soluciones duraderas. Por eso te hacía sufrir nuestro país y te preguntabas permanentemente por “las salidas” en cada crisis. Admirable tu espíritu de búsqueda, tu preocupación por la marcha del país, por la Política (con mayúsculas). Cuántas veces dije que firmaría estar como tú cuando tuviera tu edad…

Tuve la dicha de contar con tu amistad y tu cariño desde hace casi veinte años. Y pude darme cuenta que eras de esa generación que rompió los moldes (ya no “se fabrican”). Varias otras hermanas tuyas, dominicas, también lo eran y lo son, y algunos de mis hermanos sacerdotes mayores también lo fueron, de una pieza: íntegros. Son ustedes los santos del s. XX y XXI. No son perfectos, no (¡tu bien conocías tus errores y tus debilidades!), pero han sido ustedes de una entrega y una generosidad únicas; consecuentes, incorruptibles, “pusieron un día la mano en el arado y no miraron hacia atrás”, siempre hacia delante.

A alguien de tu familia dije en tu funeral, que creo fue contigo una de las poquísimas veces que he acertado con un regalo. Ya sabes que me refiero a los CDs de “Un tal Jesús”; te lo di justo en el momento en que tuviste que renunciar a tu pasión por la lectura, al perder sin remedio tu vista. Y me alegró que te sirviera para profundizar día a día en el evangelio y para alimentar tu espiritualidad. ¿Verdad que ya has conseguido una cita con ese “tal Jesús” y le has preguntado si eran verdad ciertas anécdotas y chistes que le atribuían? Estoy seguro que lo has hecho y te has reído de lo lindo. Ya sabes, guárdanos un lugar por ahí por si alguna combi o “taxicholo” nos manda para allá antes de tiempo…

Sofia6José Mª Rojo

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