Amerindia, Nicaragua[1]

 

  1. VER LA REALIDAD CON UNA MIRADA CRÍTICA Y ESPERANZADORA

 

El 18 de abril se dio un hecho inédito en la historia de nuestro país. El despertar de la conciencia del pueblo sometido al devenir de cada día toma un rumbo de dignidad y respeto a sus aspiraciones como ciudadanos y ciudadanas. Especialmente ese despertar se da en los jóvenes estudiantes universitarios de Managua, León, Masaya y otras ciudades que, heridos en su humanidad, salen a la calle solidarizándose con los ancianos agredidos que protestaban reclamando al Seguro Social sus derechos a las pensiones justas y sin deducciones. Son jóvenes estudiantes que venían demandando mayor beligerancia del Estado en la defensa de los recursos naturales y que ya habían sido reprimidos por ello.

Estos gestos de demanda social, profundamente humanos, despiertan una conciencia crítica reprimida que se manifiesta en un conjunto de hechos contra estas acciones violatorias de los derechos humanos y de la dignidad de la persona. Poco a poco va despertando la conciencia mayoritaria del pueblo. Ricos y pobres, empresarios y trabajadores, gente acomodada y gente sencilla, adultos y jóvenes, abuelos y abuelas juntos con sus nietos y nietas, católicos y evangélicos, creyentes y no creyentes, sandinistas y no sandinistas, se manifiestan en las calles para reclamar respeto a la vida, a la dignidad humana y a sus derechos fundamentales, como son la justicia y la paz, la libertad de expresión, el respeto a la naturaleza y un sistema político de amplia democracia participativa.

Estos derechos fueron reclamados por los manifestantes con cientos de expresiones que ponían en evidencia la creación propia y múltiples expresiones de la rica cultura popular enraizada en la tradición nicaragüense. Se realizaron manifestaciones en todo el país, como expresiones de desahogo de una sociedad profundamente reprimida y manipulada en su conciencia popular y en sus sentimientos religiosos, los que brotaron con gran espontaneidad en cientos de personas exigiendo mayor libertad, justicia y respeto a los valores fundamentales del ser humano, de la sociedad como tal y del medio ambiente.

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. Se organizaron actos represivos bajo el lema “vamos con todo”, manifestando así la inhumanidad de las fuerzas represivas. Grupos de la juventud sandinista coordinan a los antisociales de los barrios, y francotiradores articulados con la policía nacional, se enfrentaron a los manifestantes masacrándolos y creando un ambiente de terror. Hoy vivimos en un estado de asedio con los para-policiales, un grupo inconstitucional armado para controlar, apresar y reprimir al pueblo que manifieste signos contrarios a la política gubernamental.

Surge el movimiento de los auto-convocados con la propuesta de un Diálogo Nacional, siendo acogida por el Gobierno que hace la invitación a la Conferencia Episcopal como mediadora y testigo del diálogo. Se forman comisiones y se convoca, un mes después del inicio del conflicto, el primer encuentro de la comisión de la Alianza Cívica por el diálogo con el Gobierno. 

El primer encuentro organizado con mucha solemnidad y trasmitido por los medios de comunicación, fue una catarsis del pueblo donde la comisión, especialmente la delegación de los jóvenes con gran valentía, pidieron al Gobierno cese a la represión contra el pueblo y su dimisión. No se logró nada, más bien se multiplicaron los hechos represivos contra la ciudadanía y se crean los grupos para-policiales para desarticular con mucha saña y violencia los tranques instalados por campesinos y pobladores de todas las ciudades del país, y también la toma de algunos recintos universitarios. Se acusa a los manifestantes de golpistas, terroristas, vandálicos…, creando un estado de sitio con cientos de muertos, de desaparecidos, de heridos, miles de exiliados, cientos de prisioneros injustamente inculpados y condenados en las cárceles de alta seguridad, donde la falta de respeto a sus derechos y dignidad es la tónica que caracteriza esta situación.

Esta realidad compleja nos ha llevado a una crisis económica grave junto con el aislamiento internacional. El Gobierno se encierra en una visión desfasada de la autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional, además de una visión altamente distorsionada del proyecto revolucionario. Descarta a las instituciones internacionales que velan por los derechos humanos, la justicia, la paz, el estado de derecho y la participación de la ciudadanía en una sociedad plenamente democrática. Hemos caído en una crisis económica que no se resolverá sin nuevas iniciativas políticas que den respuesta al malestar del país. Sólo una actitud valiente y decidida del Gobierno a sentarse en un diálogo sincero, abierto e integral, a como el pueblo pide, nos permitirá abrir un horizonte esperanzador al futuro de Nicaragua. Hasta el día de hoy la única respuesta gubernamental sigue siendo la represión selectiva y creciente que se ha focalizado, con lujo de saña, en contra de los movimientos, organizaciones sociales, instituciones de defensa de Derechos Humanos y medios de comunicación no oficiales. El pueblo profundamente herido y humillado tiene que recuperar la confianza y crear un proceso de sanación de las heridas provocadas por la gran crisis.

 

 

  1. UNA MIRADA ESPERANZADORA DESDE LA FE CRISTIANA Y LOS SENTIMIENTOS HUMANOS QUE BROTAN DE LO MÁS HONDO DEL CORAZÓN

 

Estamos viviendo entre sombras y esperanzas, pero con la seguridad de que Dios se manifiesta en los seres humanos. Su vida y sus acciones nos revelan la fuerza creadora y trascendente de ese Dios de la vida y de la historia que acompaña nuestro caminar. El amor a la vida, la defensa de la verdad, el respeto al otro, sus derechos fundamentales, su dignidad, el deseo de libertad y de justicia, son principios originarios de la dignidad humana que nos hablan del Dios de amor, de paz, de vida, revelado en la Palabra hecha carne. Así como el misterio del mal que anida en nuestra mente y en nuestros corazones cuando nos dejamos dominar por esas fuerzas malignas creando en nuestro mundo y en nuestra sociedad el dolor y el sufrimiento indecible. Esta dinámica de contraste es lo primero que debemos asumir en nuestra sociedad e iluminar a la luz de la Palabra revelada.

Estos sentimientos profundos que se han manifestado en estos meses de muerte y represión, nos llenan de esperanza para construir una sociedad inspirada en los grandes valores humanistas abiertos a la tradición espiritual de Jesús, que nos iluminen el camino a la construcción de una sociedad respetuosa de los grandes valores de la tradición cristiana, y nos inspiren una práctica de la justicia que traiga la paz desde la construcción de un nuevo contrato social que garantice con radicalidad los derechos de las mujeres y hombres relegados de la historia: los preferidos de Jesús (cf. Mt 5, 1-11).

Más que nunca necesitamos rescatar los valores más elementales del ser humano y de la comunidad: defender la vida, no matar; decir la verdad, no mentir; respetar los derechos de los demás, no robar; promover las sanas relaciones entre hombres y mujeres, no abusar de los demás; distribuir con equidad el fruto del trabajo humano, justicia social; respetar los bienes de la creación, justicia ecológica.

Estos principios de la vida humana manifestados en la Historia de la Salvación, tienen su plenitud en la vida de Jesús y su mensaje proclamado en el sermón del Monte donde pone como centro de su espiritualidad las bienaventuranzas, semilla de un mundo nuevo, alternativo a los poderes de este mundo, en el cual el amor a los desposeídos y a los pobres y el compromiso por la justicia hará de nosotros, cristianos y cristianas, los signos de ese mundo nuevo con el que todos soñamos.

La fe en un Dios defensor de la vida y la dignidad de la persona debe orientar nuestro compromiso con el bien común. Si no se viven esos valores humanos profundos, el usar a Dios para legitimar proyectos que van en contra de la dignidad y la justicia, es blasfemar.

 

 

  1. NOS COMPROMETEMOS A RENOVAR NUESTRA ESPERANZA EN OTRA NICARAGUA POSIBLE

 

Para crear ese mundo nuevo con el que todos soñamos, debemos partir del análisis objetivo y veraz de la realidad, de los hechos acontecidos, analizar sus causas y determinar la responsabilidad de los actores. Es un principio evangélico predicado por Jesús. La verdad nos hará libres (Jn 8, 32). No puede haber un proceso de conversión si no asumimos una realidad objetiva de los hechos y la responsabilidad de sus actores para hacer justicia.

Creer en Yahvé es practicar la justicia. El valor de esta expresión bíblica se manifiesta en la autenticidad de las dos caras de la misma moneda. Una justicia reparadora con los muertos y sus familiares. Está prohibido olvidar estos muertos, fue la consigna en el funeral del Alvarito Conrado, el adolescente de 15 años asesinado por un francotirador cuando llevaba agua a los estudiantes de la protesta.

Exigimos la libertad para las presas y presos políticos, criminalizados y enjuiciados sin causas, y sometidos a torturas, irrespetando sus derechos fundamentales como seres humanos.

Pedimos un diálogo articulador de las inquietudes del pueblo expresadas en esas múltiples y masivas manifestaciones, exigiendo el respeto a los valores universales conculcados en nuestro país.

Urgimos un acompañamiento al pueblo para trabajar los duelos, liberar el dolor y abrirse a un proceso de reconciliación. Una reconciliación que solo será posible a partir de la verdad, el reconocimiento de cada responsabilidad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición del daño causado, todo lo cual exige la formación de una comisión de la verdad objetiva, imparcial y profesional.

Nos comprometemos a defender los grandes valores que inspiran esta revolución cívica y solidaria, y la mística de la no-violencia activa.

Esta crisis institucional exige de todos nosotros y nosotras reflexionar sobre un nuevo pacto social que sea el paradigma que inspire y regule nuestra convivencia desde la rica experiencia de la historia más reciente, novedosa, motivadora de esperanza y de solidaridad entre los pueblos.

Confiados en la propuesta de Jesús, nos animamos a vivir la esperanza “de un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia”, superando ideologías desestabilizadoras de los grandes valores humanos que iluminan nuestra mente, inspiran en nuestro corazón el amor compasivo y fortalecen la orientación de nuestra conciencia en una práctica coherente, responsable… Esta esperanza se fortalece en la fraternidad, la acogida, el compartir solidario y en tantos otros valores profundamente humanos con los que el pueblo se expresa cada día, manifestando en ellos una fe y un gran compromiso con el proyecto de Jesús: “Otro Mundo es Posible”, otra forma de relacionarnos -política, económica, jurídica, social, religiosa, afectiva y ecológicamente- los seres humanos, otro horizonte esperanzador.

 

La justicia como fuente de una paz estable y permanente. La obra de la justicia será paz y el servicio de la justicia tranquilidad y confianza para siempre(Is 32, 17).

[1] Amerindia es una organización ecuménica de teólogos, teólogas, agentes de pastoral, analistas sociales. Nació en Puebla, México (1979), para acompañar la reflexión de los participantes en la tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Ha continuado hasta hoy, organizada en nuestros pueblos de América Latina con el objetivo de coordinar, de acompañar las experiencias de la Iglesia desde la reflexión teológica propia de nuestros pueblos.

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