Como bien es sabido por todos/as, la Iglesia Chilena ha vivido un verdadero “terremoto” ante las innumerables denuncias de abuso sexual de parte de miembros consagrados de la Iglesia y el reclamo permanente de la comunidad de la Diócesis de Osorno, que ha manifestado su desacuerdo al nombramiento del Obispo Barros, a quien se le señala como “encubridor” de los abusos del Presbítero Fernando Karadima.

La imagen de una Iglesia comprometida con los más pobres y que se la jugó por los derechos humanos en tiempos de la Dictadura, encarnada y vivida por grandes obispos, teólogos, sacerdotes y religiosas como Fernando Ariztía, José Aldunate, Mariano Puga, Sergio Torres y otros…se fue diluyendo porque los énfasis que se pusieron fueron muy diferentes… “Lo que ha ocurrido en Chile en los últimos 20 años ha sido que la iglesia se volvió lejana, distante del pueblo de Dios” (Osvaldo Ravena, laico chileno, periodista). Lastimosamente se enfatizó en el “cuidado” de los ritos y se fue diluyendo lo esencial: fortalecer el espíritu comunitario y de participación de todos/as.

La visita del Papa en el mes de enero fue un gran acontecimiento para el mundo católico, se vivieron instancias muy significativas para la Iglesia Pueblo de Dios y pese al “resguardo” que tuvo la comisión organizadora de la visita, fue la oportunidad para que quedara en evidencia las falencias que aquí estaban ocurriendo.

El Papa Francisco ha “intervenido” a la Conferencia Episcopal y haciendo un llamado a que se pueda “reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia” y “que sea también ocasión para restablecer la confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena”.

El Papa Francisco reconoce “las graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”, lo que es una situación muy grave.

Tristemente, al parecer, no hay diócesis que se libre de alguna denuncia de abuso, siguen apareciendo casos de sacerdotes denunciados que lleva a la jerarquía a realizar cambios en el protocolo de abusos, de tal modo que el ministerio público sea quien opere.

Sentimos dolor, desconcierto, indignación, ira, frustración…por todo lo que está ocurriendo, aunque también es el momento de vivir de la FE, para “aguantar la tempestad y para que pueda venir otro modo de vivir Iglesia. Hay que mantener la esperanza en refundar la Iglesia con las bases que puso Jesús y en la que la participación laical sea decisiva. El Espíritu tiene la última palabra y hay que alegrarse por ello” (Jorge Costadoat, S.J.).

A su vez, la Vida Religiosa en su asamblea señaló: “Asumiendo los diversos desafíos de la dimensión profética de nuestra vocación consagrada, estamos urgidos a:

  • Ayudar a iniciar y acompañar un proceso de conversión y reconciliación con gestos concretos, sobre todo con las víctimas de abusos y con la lglesia de Osorno, buscando caminos valientes de reparación para reconstruir la fraternidad y los vínculos perdidos, ya que creemos que no basta sólo con sentir vergüenza.
  • Trabajar para fortalecer la pertenencia pacífica y cordial en la lglesia, y revitalizar un ambiente de mayor comunión y justicia.
  • Comprometernos a cultivar relaciones fraternas y honestas con nuestros pastores, sentirlos hermanos y brindarles nuestra cercanía, ayuda y corrección fraterna para colaborar en su ministerio; actitudes que mutuamente nos humanizan.
  • Ayudar a transformar las estructuras machistas y clericales que no permiten construir una Iglesia servidora y fraterna.
  • “Salir a prisa” como María en la visitación, y encontrarnos con el clamor del pueblo que sufre en los rostros de los migrantes, en los pueblos originarios, los jóvenes, las mujeres, los pobres y los excluidos para “acariciar, cuidar y proteger lo dignidad” de la persona.
  • Colocarnos en actitud de humildad, discernimiento y diálogo ante los cambios culturales y sociales de nuestra sociedad, descubriendo un modo evangélico de abordarlos.

Confiadas en que el Espíritu seguirá impulsando los cambios necesarios que necesita la Iglesia en Chile y se den las instancias de PEDIR PERDÓN como cuerpo jerárquico, de ESCUCHAR a las víctimas y a los laicos que demandan valoración, reconocimiento y participación en el camino de la Iglesia, seguimos invitadas a ser testigos como creyentes en Jesús y que nos invita a “Permanecer en Él”

Hna Isabel Vergara
Comunidad Nstra Señora de Ayquina
Calama- Chile

 

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