Grupo de Junioras en Preparación para la Profesión Perpetua
Madrid, marzo/julio de 2018

Queridas hermanas: queremos compartir con vosotras la experiencia de nuestra formación en preparación de los votos perpetuos realizada en Madrid  desde Marzo hasta julio 2018. Nuestro grupo está formado por: Mona  Dandhar de la India perteneciente a la Provincia Santa María, Françoise Ikoli y  Benedicta Mukadi, congoleñas de la Provincia San Martin de Porres  y Flavia Mendoça y Rita Bait Metan  timorenses de la Provincia San Luis Beltrán. Nos acompaña Olandina BAPTISTA, timorense, hermana de votos perpetuos. Cada una llegó de diferente  país, cultura, comunidad,  misión… de paso a  Madrid porque íbamos a una tierra desconocida: ¡Guatemala!

Nuestra llegada causaba una gran alegría en la comunidad de acogida.  ¿Pero como comprendernos? ¿Cómo expresar este gozo sin saber la lengua? Algunas hablaban inglés y otras francés, pero esta realidad no impidió comunicarnos y expresar nuestro agradecimiento hacia estas hermanas.

El primer paso para el curso de preparación era aprender español por lo que fuimos al Instituto de la lengua española Eureka. Con todo ánimo y alegría nos esforzamos a aprender la lengua para comprendernos y poder comunicarnos con las hermanas y sobre todo para poder asimilar el curso de formación.

Pero los planes del curso tomó otro giro: el lugar. A unas semanas de viajar a Guatemala, nos enteramos que a las hermanas timorenses se les había negado el visado de ese país. ¡Se tuvo que reprogramar todo! Dios optó otro camino para realizar esta formación y valoramos la disponibilidad de las hermanas de la Provincia de San José para venir a España.

Durante este proceso de formación hemos estudiado diferentes temas que son: la historia de la congregación, la persona, los votos, la comunidad, la espiritualidad, la misión y un curso intensivo en el Instituto Teológico de la Vida Religiosa de los  Claretianos. Queremos compartir algunos puntos de estos temas:

a.  Historia de la congregación: hemos hecho el recorrido realizados por nuestros fundadores hace más de cien años y esto nos ayudó a profundizar nuestras raíces y convicciones. Sus experiencias nos motivó a abrir nuevos horizontes y a revitalizar nuestras misiones.

b. Persona: en este curso hemos aprendido que es muy importante conocerse a sí misma, su realidad, aceptación, amarse como persona humana y el partir de lo que yo soy me ayuda a aceptar también a otras diferentes de mí. Esto me permite vivir en armonía y ser feliz en mi opción de vida.

c. Los votos: la hermana nos ha ayudado a comprender que vivimos nuestros votos para la transformación de la realidad de hoy. El voto de castidad puede  influir en nuestras energías afectivas,  nuestra capacidad de amar y de generar la vida. El voto de pobreza define nuestra relación con la comunidad, la sociedad y con los bienes de la tierra. Es una invitación a la solidaridad y también a la escucha de nuestro pueblo donde la vida clama. El voto de obediencia es una expresión de amor, de fe que implica el diálogo y libertad en el discernimiento. Una invitación a escuchar profundamente a Dios, las hermanas, al pueblo y a la naturaleza en contemplación.

d. La comunidad: la entendemos como un lugar maravilloso de crecimiento, acogida y participación aunque en varias ocasiones aparece como un lugar terrible donde se manifiestan nuestras limitaciones. La comunidad ha de convertirse en un lugar de liberación y de crecimiento a través de la aceptación y el amor. Crecemos cuando somos aceptadas, amadas y podemos ser nosotras mismas sin miedo ni violencia.

e. Espiritualidad: es el hilo discreto y útil que sostiene nuestra vida, es lo que da solidez a nuestra vida y a nuestra vocación. La consagración religiosa implica el compromiso de vivir como personas fuertes y equilibradas.

f. La misión: como mujeres dominicas es una llamada a ser una predicadora testimonial teniendo una vida evangélica y una conciencia teológica insertas en los maldonados de hoy. Durante todo este tiempo, hemos compartido las diferentes misiones que tenemos en cada provincia y también a nivel de la congregación. Consideramos que la misión que realizamos como MDR es una gran riqueza que nos inyecta más entusiasmo para continuar y trabajar por el Reino desde nuestra congregación.

La experiencia de compartir  con las hermanas de esta Comunidad de acogida ha sido un gran apoyo para nosotras las jóvenes; su cariño y preocupación por el bienestar de cada una de nosotras es un ejemplo para vivir nuestra vida comunitaria. También tuvimos la oportunidad de celebrar el Centenario de la congregación en Huesca y Zaragoza, fuimos muy afortunadas. Los sentimientos que teníamos al llegar a este lugar tan significativo para nosotras, desde donde nuestra madre fundadora salió, era un gozo inexplicable que se enriqueció con el compartir de las hermanas mayores sobre sus vidas misionera.

Además, nuestra convivencia en esta diversidad de cultura no ha sido un problema porque cada una de nosotras, hemos compartido la riqueza de cada pueblo, cada misión como si nos conocíamos antes. La fuerza y la gracia de ser misionera nos ha permitido vivir una experiencia maravillosa, ha reforzado nuestra manera de vivir la itinerancia misionera y el estar  a la “escucha de Dios donde la vida clama”,  valorar la pluralidad cultural y generacional,  revivir la experiencia de  nuestros fundadores y descubrir los nuevos Maldonados de hoy que nos esperan.

Agradecemos a Dios por esta gran oportunidad que nos ha dado a cada una de nosotras para reafirmar nuestra vocación a través de la iniciativa de las hermanas: Gracias a las hermanas del Equipo General por la idea de juntar a las junioras para la formación y preparación de los votos perpetuos; a las hermanas de los equipos provinciales de Santa María, San Martin de Porres, San Luis Beltrán y San José; a las hermanas Cecilia Valbuena, Arancha Ladrón de Guevara, Eneida Chavarría, María del Carmen Martínez y Geraldina Céspedes que estuvieron dispuestas en compartir con nosotras sus sabiduría, tiempo y experiencia en la vida religiosa. Gracias a las hermanas de la Comunidad de Acogida por todas sus atenciones durante este tiempo. Muchas gracias a todas.

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