Dominga - Angola 001En las celebraciones del Día Mundial de las Misiones, cuando se pedía a las hermanas españolas con quiénes yo vivía para que participaran en las parroquias dando su testimonio como misioneras, yo me fastidiaba y reclamaba, “¿por qué yo no puedo hacerlo?” A lo que me decían “porque tú no has salido de tu país”… Sólo cuando, desde mi experiencia en la formación de nuestras candidatas, surgió la necesidad de apoyar a nuestras hermanas en la Provincia “Ntra. Señora de la Paz”, en Angola, me ofrecí para ir al continente africano. Allí estaban pasando momentos difíciles, el pueblo y con él nuestras Hermanas, pues se vivía una guerra civil que ya duraba más de década y media. Mi padre me decía “Pero, si están en guerra, ¿por qué quieres ir allí?”, pero no se opuso a mi decisión. Yo decía, “Si mis hermanas están allí, yo también puedo estar”. Mis hermanos lo vieron como algo natural dentro de mi opción: “Antes les tocó a Naty y a Piedad venir a Perú, ahora te toca a ti ir a Angola”, señalando a las hermanas con quienes yo estaba viviendo. Nuestras hermanas a nivel del gobierno provincial y general apoyaron y facilitaron esta decisión.

Estando en mi país, en momentos determinados, muchas veces me sentí con la responsabilidad de asumir tareas –en la comunidad, en la provincia, en las tareas pastorales- como lo más consecuente con mi opción de vida y por ser peruana y encontrarme en mi país, con mayor razón. Ante las dificultades que encontré en Angola por vivir en un país devastado por la guerra durante tantos años, con amenazas constantes de bombardeos, balaceo en los barrios; peligros en los viajes por posibles ataques de guerrillas o del ejército; desorganización en la sociedad, falta de servicios públicos y privados en educación, salud, transporte; carencia de agua potable, de alimentación básica, falta de comunicación e intercambio con nuestras mismas comunidades, etc., mi mirada estaba puesta en el pueblo, en mis hermanas, españolas, portuguesas y angoleñas que estaban viviendo esa situación durante tanto tiempo, y se mantenían fieles porque con la Iglesia y la Vida Consagrada estábamos presentes, acompañando a tanta gente que sufría y seguía confiando en Dios. Nunca viví con tanta fuerza y persistencia la súplica del pueblo por la Paz.

Dominga  RDCSi hubiera estado suficientemente informada de la dureza de esa situación que se prolongaba con tantos intentos de paz fallidos, no sé si hubiese tomado esa decisión. Reconozco que es muy importante el conocimiento previo a muchos niveles, del lugar a donde seamos enviadas o solicitemos el envío misionero. Aunque es verdad que hay una distancia muy grande entre lo que oyes y lees, y el contacto con la misma realidad. Hubo muchas cosas que me chocaron y que con cierta información previa hubiera actuado de manera diferente seguramente. Lo que si considero muy positivo es que sólo conociendo lo diferente se puede ser capaz de valorar lo que se es y se tiene, a todo nivel. El compartir con el pueblo pobre y sufriente y con mis hermanas jóvenes en formación, me facilitó agudizar la mirada del corazón y de la fe. Como nuestra Madre Fundadora, puedo decir que, en los casi 13 años que viví en Angola experimenté la presencia de Dios en mí misma y en los demás de manera muy intensa: descubrir y saborear el silencio, la soledad, la impotencia ante tantas y diversas limitaciones… Descubrir y crecer en valores que un pueblo que está sufriendo tanto es capaz de practicar: confianza ilimitada en Dios, suplica constante por la paz, capacidad de sufrimiento; alegría, sentido festivo y celebración comunitaria de su fe; fortaleza y compromiso solidario con los más necesitados, sobre todo en las mujeres; acción de gracias a Dios por el don de la vida…

domingaEl comparar los diferentes procesos de los pueblos, de la Iglesia, de nuestra propia Congregación, me ayuda a tener presente que la comprensión y la vivencia de las diferentes realidades no pueden ser consideradas con la misma medida; aprender a respetar procesos personales y grupales, escuchar, buscar juntas, posibilitar las iniciativas y ser comprensivas con los errores que se puedan cometer. Saber callar y esperar. Con toda seguridad que es más válido nuestro aporte cuanto más testimonial y coherente sea.

Desde el servicio que estos últimos años me pide el Señor y la Congregación, tengo el privilegio de conocer y compartir lo que son y viven mis hermanas extendidas en los cinco continentes, riqueza que la vida misionera nos proporciona: oportunidad de crecer en fe y humanidad.

“El andar en tierras y comunicar con diversas gentes hace a las mujeres y a los hombres discretos”.

Dominga GarroP1080539

Share
Share
Share