Del 10 al 14 de Julio recién pasado, se celebró en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra-Bolivia, el Quinto Congreso Americano Misionero, cuyo objetivo era: “Fortalecer la identidad y el compromiso misionero Ad-Gentes de la Iglesia en América, para anunciar la Alegría del Evangelio, a todos los pueblos, con particular atención a las periferias del mundo de hoy y al servicio de una sociedad más justa, solidaria y fraterna”. (Objetivo del Congreso)

Tuve la oportunidad de ser parte de 2.509, misioneras y misioneros que llegaron de diferentes partes de América Latina, América Central, el Caribe, Estados Unidos y Canadá. Fueron cuatro días de encuentro, celebración, alegría y compartir con las parroquias y comunidades misioneras de Santa Cruz, además de disfrutar con una familia hermosa, compuesta por la señora Felicidad, Valeria, su hija Paola y nietos, quienes me abrieron la puerta de su casa y de su corazón, con la sencillez que caracteriza generalmente a quienes tienen menos recursos económicos y que sin embargo, no escatiman esfuerzos en dar lo mejor de sí, a quienes le visitan.

El Congreso se desarrolló en un ambiente de mucha calidez, calidad y fraternidad. Participando por la delegación de El Alto de La Paz, pude compartir con mis hermanos sacerdotes nativos de ésta zona, encontrar a otros hermanos y hermanas de la ciudad de La Paz, la presencia significativa de las Hermanas de la Congregación Misionera Cruzadas de la Iglesia, que dentro del Congreso tuvieron una participación especial, ya que el 10 de Octubre de este año, su Fundadora la Beata Nazaria Ignacia, será llevada a los altares. Una referente de Santidad para la Iglesia  boliviana, en tiempos muy difíciles.

En Santa Cruz de la Sierra, nos encontramos la Iglesia Misionera con diferentes rostros: la sencillez de nuestros laicos y laicas, la alegría desbordante de los hermanos y hermanas del Caribe, el colorido de los diferentes Departamentos de Bolivia y el servicio acogedor, afable y eficiente de los voluntarios jóvenes que desbordaba en atenciones. Fue un Kairós, que estuvo matizado por el dolor de sentirnos Iglesia Universal, en la compleja realidad que viven los pueblos de Venezuela y Nicaragua, especialmente, con tantos hermanos y hermanas asesinados, recientemente en Nicaragua.

Al iniciar el Quinto Congreso Misionero Americano, teníamos como primera propuesta El Ginacolitado, que consistiría en un nuevo ministerio laical específicamente Misionero y Femenino, cuyas funciones serían la predicación del Evangelio en la Iglesia y en el mundo. El ministerio de la consolación ante el vasto mundo del dolor, la corresponsabilidad con el párroco y la celebración de los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio. La segunda propuesta se trataba de una estructura eclesial que tiene su cumbre y su fuente en la Eucaristía. Consistiría en un servicio intereclesial, local, nacional e internacional, con sentido misionero, mediante  el cual se asume un criterio orientador del destino de los bienes en cada Comunidad, de modo que el 50% de la ofrenda recaudada en cada misa sea siempre para los pobres, los pobres de cerca y los pobres de lejos y el otro 50% para las necesidades de la comunidad. Destaco aquí a la Capilla Centro Dios y Hombre de la Parroquia San Pedro Apóstol de Santa Cruz, quienes ya han iniciado una alternativa similar, destinando un porcentaje del dinero recaudado en la ofrenda para atender a adultos mayores en situación de abandono y un desayuno de lunes a viernes para los niños y niñas más vulnerables de la zona. Y como tercera propuesta, la creación de un Observatorio Eclesial Americano de los Derechos Humanos, de carácter nacional e internacional, que permita conocer y analizar desde la perspectiva de la fe la situación de los sectores más pobres, desfavorecidos y excluidos de la población americana, informando periódicamente las situaciones de marginación, opresión, corrupción y extorsión de los derechos humanos, sociales, políticos y económicos en todos los países de América.  

Los temas de reflexión con ponentes (todos varones), estuvieron muy bien preparados y fueron en la línea de las reflexiones del Papa Francisco, queda todavía por retomar las tres propuestas y ver cómo se aplicarán en un futuro.

 

Edith Encarnación Ponce Castro
Misionera Dominica del Rosario
Comunidad de El Alto- Bolivia

 

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