¡Cuánta alegría se reflejaba en el rostro de los niños, padres y abuelos subidos en el tren! y así mismo, ¡cuánta alegría también tuvieron varias hermanas de nuestra enfermería y acompañantes! que también recorrieron las calles del pueblo.

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El chofer, una persona atenta y agradecida (porque se le permite guardar su trenecillo en el patio) se ofreció a dar un paseo a las hermanas, que por estar enfermas e incapacitadas no pueden salir a la calle y gozar del ambiente y la alegría que vive la población al tomar el aire y el sol libremente.
                                                                                                      

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¡Qué ternura, qué gusto daba verles cómo disfrutaban! Se sentían como pájaros libres que vuelan en el espacio. Cuando el trenecito iniciaba el recorrido y salía del patio, decían adiós como si se tratara de un largo recorrido y larga travesía. Vivieron una experiencia nueva, rompiendo aunque sea por un poco tiempo, con la rutina diaria de la enfermería. Pasaron un rato alegre y la gente que pasaba a su lado les saludaban, correspondiendo también ellas felices y contentas. Su satisfacción  se reflejaba en sus caras y gestos de alegría y agradecimiento.

CactuaUn abrazo fraterno.

Hermanas de Barañaín

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