Es el Título que llevó el IV Encuentro de Formadores de la Familia Dominicana organizado por CIDALC Y CODALC, el cual se llevó acabo en la ciudad de Lima del 17 al 29 de agosto. Este evento estuvo enmarcado por el Lema del Jubileo de la Orden “Enviados a Predicar el Evangelio”; teniendo por lo tanto los siguientes objetivos: 1) Trabajar las implicancias formativas de los 4 pilares del Carisma Dominicano. 2) Dar claves y herramientas a los formadores para que ayuden a integrar los distintos elementos dominicanos en la formación. 3) Revisar y Ofrecer un plan sistemático de formación. 4) Compartir experiencias entre los formadores de las distintas entidades.

 

En este encuentro participamos monjas, frailes y hermanas de los países de México, El Salvador, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Paraguay. Una de las insistencias en nuestros espacios de reflexión y diálogo era recordar que la meta de la formación en la Orden Dominicana es forjar predicadores de la gracia y verdaderos testigos de Cristo. Se trata de formar un apóstol de Jesús según el modo de Santo Domingo de Guzmán. Hemos sido invitados/as a vivir con pasión, gratuidad y profunda humildad este servicio, ya que significa una enorme responsabilidad que Dios y los/as hermanos/as nos han concedido al confiarnos el acompañamiento de los procesos formativos; así mismo es un don, ya que por la gracia de Dios, nos convertimos en testigos íntimos de lo que Dios va haciendo en la vida de cada uno/a de nuestros/as hermanos/as menores. Cada formador/a es un Juan Bautista, llamado a preparar el camino, pues cada joven deberá formarse esencialmente en el diálogo con Jesús, nosotros/as somos mediadores de la gracia, nuestra papel es ayudar a que el hermano crezca y madure como varón/mujer, cristiano/a, religioso/a, predicador/a. Sabemos que el único y principal formador es el Espíritu Santo y que más allá de nuestros límites, inconsistencias e incoherencias y en la sencillez de reconocer nuestras limitaciones y errores en este servicio, tenemos la certeza que es Dios quien va guiando y animando el proceso de cada joven, pues es a Él fundamentalmente a quien siguen, no a nosotros, al hábito o a la Institución; por ello debemos mantener viva la llama de la esperanza  y la alegría por el don de la Orden a la Iglesia y porque Jesús de Nazareth sigue llamado a nuevos predicadores y predicadoras.

 

Los temas que abordamos fueron: A qué mundo somos enviados a predicar; escuchar el clamor de los pobres; Estudio y Predicación; La comunidad Formadora como casa de predicación; Formar para una espiritualidad de la predicación. Así mismo se nos ofrecieron algunas herramientas y trabajo en talleres sobre: Modelos formativos en la Vida Consagrada; El acompañamiento formativo “humano-espiritual y dominicano”; Las etapas formativas, sus objetivos, criterios y medios formativos; la importancia de la integración de la pastoral en la formación del predicador/a; El rol de la comunidad formadora en la formación del predicador/a; La espiritualidad como eje de un proceso formativo integral; Los Planes de formación. El anteproyecto de la Ratio Formations Generalis.

 

Así mismo profundizamos en que para poder lograr la meta de formar predicadores, debemos garantizar un estilo de vida y misión que le permita al joven integrar todos los valores fundamentales de la vida dominicana y esto lo tiene que ofrecer la comunidad formadora porque ellos se forman en una comunidad. Es decir la formación no recae solamente en quien acompaña sino que es responsabilidad de toda la comunidad que acoge a un joven en búsqueda y esto desafía el testimonio de vida al que somos permanentemente llamados/as a vivenciar dentro y fuera de nuestras comunidades. Sin embargo el principal protagonista del proceso de formación es el mismo hermano en formación, el fundamento de su vocación radica en la relación interpersonal con Dios, esto es el “núcleo” de la formación, para ello debe realizar un diálogo interior y convertirse en cooperador de la Gracia; sólo así adquirirá la verdadera identidad dominicana; recordemos que nos formamos en la celda, frente a los libros, frente al Sagrario (Cruz) y delante de los pobres.

 

Somos conscientes que la formación es un proceso pero que los logros se van evidenciando en cada etapa hasta llegar a una madurez genuina, la práctica de la oración, la fidelidad a los votos. Es algo que se va dando gradual y progresivamente; entre límites y tensiones; para esto es fundamental actuar con transparencia y con honestidad de vida, tanto del formando como el formador.

 

Durante este encuentro hemos valorado mucho los momentos de compartir en grupos, plenarios; convirtiéndose cada espacio principalmente en encuentros fraternos, donde cada quien desde sus experiencias aportaba a las búsquedas y respuestas que son inherentes a este servicio; pero sobre todo vivimos con mucha intensidad los espacios de orar y celebrar al Dios de la vida que se revela permanentemente.

 

Agradecemos a todos quienes han hecho posible que se siga dando este tipo de encuentros que nos ayuda no sólo a fortalecer los lazos como Familia Dominicana sino a ir buscando una sintonía de criterios en quienes tiene la función de formar a las nuevas generaciones, en fidelidad al aporte que la Iglesia espera desde nuestro Carisma Dominicano.

 

Ahora es de compromiso de los superiores generales y formadores responder y revitalizar la formación de acuerdo a nuestra identidad y a los desafíos que el mundo actual lanza a la predicación.

 

 

Hna. Susana Villar Ramírez
Misionera Dominica del Rosario

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