Este inmenso Vicariato de la región amazónica fue creado el 5 de febrero de 1900, como Prefectura Apostólica del Urubamba. Y, como tal, fue encomendada a la Orden Dominicana, quien trasladó al Perú a Fray Ramón Zubieta y Les, O.P. a la sazón misionero en Filipinas, para que fuera Prefecto de esa jurisdicción eclesiástica desde 1901. En 1913 elevan la Prefectura a Vicariato Apostólico del Urubamba y Madre de Dios. Y consagran como Obispo a Fray Ramón Zubieta, quien será el primer Obispo del Vicariato (1913 a 1921). En 1949 un decreto de Propaganda Fidei cambia el nombre del Vicariato, que pasa a llamarse, como le conocemos actualmente, Vicariato de Puerto Maldonado. De 1901 a la fecha se han sucedido en el servicio pastoral a este Vicariato siete obispos dominicos. El séptimo es el obispo actual Mons. Francisco González Hernández, O.P. que fue consagrado en el año 2001. Y, a petición suya, el Papa Francisco ha nombrado como obispo coadjutor a Fray David Martínez de Aguirre, O.P.

 

Fray David ha vivido casi 14 años selva adentro. Tenía su sede en la misión de Kirigueti, situada en la margen izquierda del río Urubamba, pero desde allí se deslizaba por río hacia todas las fronteras, “las periferias”, de su singular territorio. Aprendió el machiguenga para adentrarse en la cultura y acercarse respetuoso al alma de las gentes con las que había elegido convivir en la ignota Amazonía… Y “allá fueron a buscarlo”, para pedirle, en nombre del papa Francisco, este nuevo servicio misionero: ser coadjutor de Mons. Francisco González Hernández, O.P. y compartir con él el ministerio episcopal en un Vicariato lleno de desafíos sociales, ambientales y eclesiales.

El sábado, 11 de octubre, día de la consagración episcopal, la catedral de Maldonado resplandecía recién pintada y adornada con flores de la Amazonía para esta ceremonia singular… La selva se hizo presente, sobre todo, con las delegaciones de comunidades nativas de las distintas misiones del Vicariato. Pero también lo estaba, y seguirá estando, en los motivos simbólicos que adornan el báculo de madera, los dibujos de la mitra, y el escudo del nuevo obispo, cuyo lema resume su programa de vida: La mirada fija en Jesús.

 

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La celebración entera fue una experiencia profunda de fe y alegría, compartida por una muchedumbre exultante que llenaba la catedral. La Orden Dominicana se unió jubilosa a esta celebración, representada por dominicos y dominicas que laboran en el Perú, y otros venidos de lejos: tres de la parroquia de Vitoria (España) en la que David se formó como cristiano; el Provincial de la Provincia de España; Mons. Juan José Larrañeta Olleta, O.P. que fue el anterior obispo del Vicariato y el representante del Maestro General de la Orden, venido desde Roma para el acto. Todos se unieron a esta celebración eclesial que estuvo presidida por varios Obispos del Perú.

 

Y entre los asistentes llegados de lejos, destacaba, la presencia entrañable y muy significativa de los padres de David, de su hermana y su hermano, tías y algunos amigos. Ellos hubieran querido que, en la misma parroquia donde David fue bautizado y donde recibió la primera comunión, la confirmación y donde lo ordenaron como presbítero, es decir allí donde creció, se cultivó y desarrolló su vida cristiana y su vocación misionera, allí también le hubieran consagrado Obispo. Pero los dominicos explicaron a sus padres que la comunidad eclesial a la que David pertenece ahora se encuentra en la Amazonía peruana… Lo entendieron y hasta acá se vinieron unos y otros en representación de toda su querida familia y de su parroquia de Vitoria (España). Estaban muy sorprendidos de encontrarse en el aeropuerto de Lima con mucha gente que se acercaba a saludarlos y que iba a viajar con ellos hasta Puerto Maldonado. Se sintieron acogidos y en familia, una familia extensa que se agrandaría más aún al llegar al aeropuerto Padre Aldamiz de Puerto Maldonado…

 

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Desde la víspera, David repetía con especial insistencia: “el obispo es Mons. Paco, yo soy su coadjutor, su ayudante”, como quien desea asumir con sencillez el servicio que se le pide, émulo de su Hermano mayor en ese ministerio.

 

Este Hermano mayor, Monseñor Paco, se ha entregado con todo amor a la tarea evangelizadora, desde su llegada al Perú en 1986, acompañando el caminar de las personas más necesitadas de escucha, apoyo y ayuda. Un misionero “embarrado” y “con olor a oveja”, como gusta decir el Papa Francisco. La sencillez de su trato y la calidez de su persona le han hecho muy querido para el pueblo en todos los lugares donde ha trabajado. Su defensa de los pobres y de sus derechos le ha acarreado la persecución de quienes los explotan, marginan y no respetan sus derechos. Su profunda espiritualidad le ha permitido expresarse con libertad evangélica ante situaciones injustas. Junto a Mons. Paco, podrá el nuevo obispo comenzar su andadura de pastor comprometido con la Iglesia del Vicariato.

 

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Paco y David nos han dado testimonio de una profunda experiencia de fe. Esa experiencia les ha llevado a ambos al desprendimiento de sus proyectos personales para entregar sus vidas a la misión. Bebiendo en la tradición misionera dominicana, que inauguraron, en este continente, Fray Antonio de Montesinos y la comunidad de frailes de la isla Española, a los que se une pronto Fray Bartolomé de Las Casas, Paco y David entienden que evangelizar implica asumir la defensa del ser humano y colocarse en la perspectiva del otro, para poder escuchar qué nos están diciendo los pueblos indígenas en este momento. La amistad en el Evangelio que une a estos dos Hermanos contribuirá, sin duda, a fortalecer el proyecto eclesial del Vicariato.

 

La voluntad de construir en él una Iglesia Samaritana demanda acercarse a las distintas periferias de marginalidad y explotación que lo enmarcan. En el camino hacia las comunidades nativas más alejadas, encontramos algunos desafíos presentados por la minería informal, la contaminación de las aguas, la desertización de amplias zonas amazónicas, la trata de personas (jóvenes, niños, mujeres), etc. También las comunidades indígenas del Valle de la Convención (Cusco) sufren situaciones de marginación que desafían al misionero. Los intereses económicos pasan con mucha frecuencia, por delante de la vida y de los derechos de las personas y del cuidado del medio ambiente.

 

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Paco y David conocen esa realidad compleja y quieren hacer presente en ella la Buena Noticia del Evangelio con su cercanía a la gente, con su palabra y ministerio y con las diversas iniciativas institucionales que ellos acogen y apoyan. Les acompañan en esa misión evangelizadora los laicos y laicas comprometidos, religiosos y religiosas, presbíteros encargados de las parroquias del Vicariato. Es necesaria la colaboración creativa de todos los carismas para que la tarea evangelizadora pueda extender por doquier la alegría del Evangelio. Y se necesitarán también nuevas presencias pastorales que puedan acompañar a las comunidades machiguengas dispersas por el amplio territorio del Vicariato.

 

Junto al ministerio presbiteral, y a la presencia de misioneros y misioneras, religiosas y laicas, se vienen abriendo camino, paulatinamente, algunas experiencias de voluntariado que, desde la convivencia y la amistad intercultural, instauran nuevas formas de presencia misionera. El Espíritu de Jesús sopla donde quiere y no deja de trabajar, acá y allá, los corazones de sus discípulos y de convocarlos para la misión en las fronteras. El Papa Francisco nos propone la perspectiva de una “Iglesia de puertas abiertas”… Soñar con esa Iglesia, y apuntar a construirla en la Amazonía, preparará las condiciones para hacer real una utopía: un diálogo intercultural que puede resultar evangelizador también para los que llegan de lejos.

 

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Para acercarse mejor a las poblaciones que habitan esta región, nos dirá David “hay que desnudarse psicológica, espiritual y también materialmente. Hay que despojarnos para entrar con el otro de tú a tú. Yo veo que un nativo, cuando se encuentra conmigo, occidental, me intenta descubrir y es capaz de identificarse conmigo y ver qué le interesa de mí para él. A los occidentales nos cuesta identificarnos con ellos, uno tiene que hacer el intento y ahí se va a producir un diálogo” (Cf. Entrevista Hay que despojarnos para entrar en el mundo del otro, publicada en la revista Signos, nov.2014).

 

Sabemos que Paco y David son pastores abiertos a esa perspectiva, y que, siéndolo, pueden evangelizar a los de cerca y a los de lejos. Por todo eso, la consagración de David es una buena noticia para el Vicariato de Puerto Maldonado.

 

Consuelo de Prado, OP

Misionera Dominica del Rosario

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