Las tareas de la misión llenaban de sentido nuestra vida, era necesario colaborar en la atención al internado de niñas, al puesto de salud, a las visitas a las aldeas lejanas, juntamente con los misioneros, para dar continuidad a aquello que cada una de las hermanas llevaba dentro, dar dignidad a la mujer rural, levantarla de su situación de sumisión y dependencia, ella que estaba doblemente sometida por la cultura y la sociedad colonial y todavía más, había que buscar creativamente, formas de autonomía económica para sentirnos más libres en el actuar, mucho nos ayudó para conseguirlo la fecundidad desbordante de esta tierra ¡Cuántas experiencias para contar! Las hormigas termitas, las hienas y otros animales merodeaban nuestra casa por la noche…

Escanear0009¿Cómo vivíais el despertar del pueblo por la conquista de su independencia?

Conocimos la etapa de la colonización y por eso nunca dudamos en identificarnos con los que luchaban por conquistar la independencia del país, derecho fundamental de todos los pueblos. Algunos alumnos de la misión se juntaron al movimiento de liberación, que se preparaban en campamentos situados en el interior del distrito, y era conocido que este movimiento encontraba solidaridad y simpatía en la misión, y a veces connivencia oculta; todo esto nos hizo pagar su precio, pero lo asumíamos como nuestra contribución con esta justa causa. Y cómo describir la experiencia compartida con el pueblo, de inmensa alegría y fiesta, en la proclamación solemne de la Independencia del país en aquel lejano 25 de junio de 1975. Fueron momentos que nunca se pueden olvidar.

Pero este período no duró mucho tiempo, porque la constitución de una República Popular significó, entre muchas otras medidas, la nacionalización de todas las obras de la Iglesia. Nosotras tuvimos que dejar el espacio de la misión, tan querido y entrañable para todas, y entregar todas las infraestructuras al gobierno. No puedo ocultar que la forma como se realizó esta transición, fue motivo de mucho sufrimiento y dolor para todos, sin embargo como comunidad, supimos integrar este acontecimiento con el corazón abierto y confiando en Dios y en sus caminos, muy diferentes de los nuestros. Nos ubicamos en la casa parroquial de la villa, cedida para el Equipo Misionero.

capSe dice que Dios escribe derecho con líneas torcidas

Así fue, porque sin buscarlo, esto significó para nosotras dejar un modelo de evangelización que habíamos heredado, por otro surgido del Concilio Vaticano II totalmente nuevo. Lo consideramos una oportunidad para colaborar en un nuevo proyecto pastoral, muy bien organizado por la diócesis, juntamente con todos los misioneros. Estaba fundamentalmente orientado a la formación de comunidades ministeriales, tan de acuerdo con la estructura social de la cultura africana, participativa, comunitaria e igualitaria. Yo asumí, en este contexto, el trabajo de formación de las mujeres “alanguisas”, aquellas que orientaban a las adolescentes y jóvenes de la comunidad en el “rito de iniciación” – existente en la cultura – desde los valores cristianos. En este tiempo se formaron en la misión de Milange 400 comunidades cristianas con el trabajo conjunto de todo el Equipo Misionero.

MILANJE 0Y de nuevo compartiendo momentos de sufrimiento y alegría con el pueblo

Después de un tiempo de fervor revolucionario y de la proclamada “década de desarrollo” comenzó un progresivo debilitamiento de la ideología revolucionaria. Y al mismo tiempo se extendió la guerra de guerrilla de la Renamo (Movimiento de la resistencia nacional mozambiqueña) a todo el país.

La misión de Milange fue muy afectada, siendo palco de numerosos ataques de ambos lados. Experimentamos en la propia carne los frutos de la guerra, el miedo, la muerte a nuestro alrededor y la destrucción por todas partes. Fue difícil vivir en este ambiente, pero asumimos quedarnos entre el pueblo como expresión de solidaridad y amistad.

Como esta realidad se agravaba, la mayor parte de la población emigró para el vecino país de Malawi y nosotras fuimos llamadas a Quelimane para participar en una asamblea de la Vicaria, después de la cual ya no pudimos regresar, debido al peligro que ofrecían los caminos, escenario de ataques cada vez más recrudecidos. Para mí fue muy penoso aceptar esta separación del pueblo de Milange como voluntad de Dios, pero la insistencia de todas las hermanas me ayudó a acoger esta separación temporal como lo mejor en ese momento, era el año 1986.

La firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y la Renamo fue el día 4 de octubre de 1992, de esta forma se puso fin al conflicto armado que duró 16 años. De nuevo festejamos este acontecimiento con todo el pueblo con gozo y alegría, como expresión del Dios de la vida que había visto la opresión de su pueblo y de su decisión de liberarlo.

A partir de este momento las hermanas nos comprometimos con el trabajo pastoral en las comunidades cristianas orientado a promover la cultura de la reconciliación y la paz entre todos los mozambiqueños, para sanar las heridas provocadas por la guerra, la división, la enemistad, el odio, y el rencor. Esta campaña eclesial fue muy bien organizada a nivel nacional e implementada en todas las diócesis.

Esta experiencia tuvo su coronación en la realización de las primeras elecciones democráticas en el país el año 1994. En todas las comunidades cristianas se realizaron sesiones de formación cívica y democrática porque era la primera vez que el pueblo podía ejercitar el derecho de votar los dirigentes del país. Cada una colaborábamos según nuestras posibilidades. El resultado no podía ser más gratificante, el índice de votantes en aquellas primeras elecciones superó el 90%.

Irmas Vigararia Assembleia 2012¿Y cuándo se reabrió la comunidad de Milange?

Solo en el año 2006 se pudo concretizar la reapertura de la comunidad en Milange. Los motivos que nos impidieron ir antes fueron todos ajenos a nuestra voluntad. Solo Dios sabe cuánta paciencia tuvimos que practicar hasta que conseguimos lo que deseábamos ardientemente, recuperar la presencia en esta misión que nos acogió por primera vez y con este pueblo que llevábamos en nuestro corazón.

En el año 2009, viví junto con todas las hermanas de la Vicaría, una de las mayores gratificaciones de la vida misionera, fue la celebración del año jubilar, al cumplirse las bodas de oro, el 50º aniversario de la llegada de la primera comunidad de hermanas a Mozambique. Los festejos y las celebraciones, dignas de tal acontecimiento, con la presencia de algunas hermanas de la Provincia, de todas las que vivimos en el país, de ex-alumnas, de todo el pueblo de la zona, de personas conocidas y amigas fue uno de los momentos inolvidables que jalonan nuestra vida y le dan sentido pleno.

He vivido en varias comunidades asumiendo diferentes servicios en la provincia de Zambézia y más tarde participé en la fundación de una nueva comunidad en Inhassoro en el año 2002 en la Provincia de Inhambane. Con los años voy sintiendo deteriorarse un poco mi salud y por eso son necesarios algunos cuidados, lo normal cuando la máquina se va “desgastando”… Actualmente estoy en la comunidad de acogida de la Vicaria, en Maputo.

Muchas gracias, Gorete, porque eres para cada una de las hermanas de la Vicaria una referencia de vida misionera. Sin tu saberlo, nos hablas de lo esencial de la vida, de lo único necesario, aquello que nunca muda. Tu disponibilidad a toda prueba, tu actitud de servicio como la mejor “logística” que existe en el mundo, haciendo recados para todas las comunidades que presentan sus necesidades, tu vida austera y tu gran amor a todos es lo mejor que tú eres y nos ofreces. ¡Gracias!

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