Un gran desafío dentro de los procesos institucionales de gestión se vincula con la generación de oportunidades reales de aprendizaje para todos y todas.

Partimos de un convencimiento elemental: Nuestro Proyecto Educativo Institucional aspira a ofrecer una educación de calidad, evangélica, inclusiva y transformadora que propicie la generación de líderes que cambien constructivamente la sociedad. En este contexto, los procesos de gestión deben organizarse en función de una visión compartida de futuro. Todos podemos aprender si somos visibilizados desde nuestra dignidad ineludible. En este sentido, la educación no sólo es un bien jurídico, sino que, por, sobre todo, es un reto pedagógico moral. No obstante, esta concepción educativa debe ser socializada. Es fundamental que todos los miembros de la comunidad escolar den sentido a la labor educativa dentro de la institución escolar. La promoción y vivencia cotidiana del PEI es imprescindible.

La instalación de una cultura pedagógica que promueva la movilización de aprendizajes en todos y todas requiere, por un lado, un profundo proceso de internalización y apropiación. Pero, por otro, necesita de una herramienta consensuada de operativización. La cristalización del Proyecto Educativo Institucional responde a una lectura intencionada y programada. Al respecto, el Plan de Mejoramiento Educativo es vital. El PME articula anhelos e intencionalidades desde una mirada cristiana, sustentable, viable y proyectiva. Desde esta perspectiva, las acciones responden a diagnósticos y desafíos de las diversas dimensiones de gestión.

En lo concreto, es ineludible desarrollar las capacidades y habilidades de todos los miembros de la comunidad escolar, propiciar el desarrollo los talentos, mostrar, en el fondo, el rostro generoso de Dios. Para implementar adecuadamente el PEI hay que ofrecer, de forma sistemática y contingente, herramientas que permitan atender a las diferentes necesidades de gestión. No podemos esperar, pasivamente, que estas habilidades se instalen a priori. Hay que formarlas de forma sistemática. Hay que cultivar para cosechar. En este ámbito de consideraciones, los procesos de inducción y acompañamiento son elementales. La reflexión sobre la práctica, desde la confianza y el diálogo democrático, construye un puente de intercomunicación vital para empoderar a los agentes que intervienen directamente en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Hay que liderar desde el Proyecto Educativo Institucional los procesos de mejora de los aprendizajes. La articulación del currículo con la generación de una didáctica inclusiva es otro gran desafío. O todos o ninguno decía Francisco. En este contexto, es de necesaria importancia explicitar la tridimensionalidad de los Objetivos de Aprendizaje con el fin de focalizar una realidad de aprendizaje orientada a la vida. El desarrollo cognitivo no puede desprenderse de lo socio-afectivo, de lo valórico y cultural. De hecho, las prácticas pedagógicas debiesen atender en diversidad. La realidad educativa es inter y multicultural. Hay que estar atentos, entonces, respecto de los protocolos de atención, acompañamiento y monitoreo en la generación de aprendizajes claves.

Para ello, no obstante, hay que desestandarizar los procesos pedagógicos con el fin propiciar el desarrollo de buenas prácticas que atiendan a la diversidad de estudiantes. Interesante, en este campo de consideraciones, es ver de qué forma se eliminan barreras para que todos puedan aprender de mejor forma. El estudio de trayectorias de aprendizaje, el estudio de necesidades pedagógicas dentro del aula, la reconceptualización del proceso instruccional y evaluativo marcan hitos para crecer en la visibilización de oportunidades de mejora desde una mirada inclusiva. El estudio sistemático sobre la práctica permitirá generar instrumentales que impacten positivamente el resultado institucional. Este resultado es integral.

Los aprendizajes poseen un sustento afectivo que es insoslayable. Cada investigación neurocientífica apunta al rol radical que cumple la emoción en la construcción de experiencias significativas de aprendizaje. En este contexto, hay que enriquecer la convivencia dentro y fuera del aula. La sala de clases debe constituirse en un espacio afable en donde la escucha y el diálogo fluido sean soportes de la didáctica institucional. Invertir en las relaciones de los unos con los otros es invertir en aprendizajes integrales para la vida misma. La participación y la colaboración aparecen como garantes de una cultura orientada a la sana convivencia. Es forzoso construir escenarios pedagógicos respetuosos y tolerantes para desarrollar aprendizajes claves desde una perspectiva solidaria y colaborativa.

El cultivo de una cultura de escucha y acogida facilitará, en gran medida, la sustentabilidad del Proyecto Educativo. De hecho, un gran desafío se vincula con la generación estratégica de redes de colaboración que permitan al establecimiento escolar relacionarse activamente con su entorno inmediato y entregar, de esta forma, mayores posibilidades de aprendizaje a la comunidad en general. Una organización sustentable es una organización que aprende. Una organización que aprende, también, crece.

Por último, muy relevante es desarrollar los recursos personales de toda la comunidad escolar. La focalización de espacios, la optimización de tiempos y recursos es necesaria para atender, de forma efectiva, desafíos actuales y venideros. El desarrollo del talento humano parte de una premisa: todos son capaces de alcanzar las metas deseadas. La confianza en el personal es un imperativo esencial, tal como debo confiar, decididamente, en las competencias de nuestros estudiantes.  Abundante bibliografía apuesta al trabajo intencionado de las emociones dentro de los establecimientos escolares. Las estadísticas provistas desde Organizaciones Internacionales avalan dicha postura. De acuerdo con lo expuesto, es estratégicamente plausible levantar un plan de mejora sobre esos “otros indicadores de desempeño”, centrados en la convivencia, para movilizar y revitalizar no sólo resultados educativos, sino, y, especialmente, para generar un plus significativo al momento de hablar de calidad de vida.

 

POR: Johnny Ascencio,
Rector Fundación Educacional Nuestra Sra. De Ayquina
Calama

 

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