En cada instante recae una gota de misterio y de gracia, tan solo hay que atreverse a vivirlo para poder confesarlo; no hay instantes vacíos, siempre está ocurriendo algo nuevo en la vida del ser humano, de las familias, de un barrio, de un país.

 

Aunque esta joven no se da cuenta de lo que va ocurriendo, se arriesga y se atreve a enfrentar la Vida. Y aunque no es consciente de esto, ella cree en un Dios sin nombre; en un Dios que está, y al mismo tiempo no está; pero que, desde lo más profundo de su corazón, siempre le pide que le regale felicidad verdadera.

 

Así es la Vida del Pueblo de Dios, cada persona-familia vive su espiritualidad y la va alimentando en el diario vivir: en las dificultades; en la falta de empleo; en la enfermedad; en medio de las desilusiones, desamores; y en medio de las injusticias. Todo esto lo vivimos sin ser conscientes de lo que está ocurriendo en el interior del ser humano, en el interior de la tierra. Sólo hay que darle un nombre a estos encuentros.

 

La Visita del Papa Francisco a Ecuador, me ha impulsado a escribir la esencia de la vida. Después de todo lo vivido, y todo lo que me falta por vivir. Siento que he caminado mucho; que he luchado contra viento y marea, conmigo misma; y con la confianza puesta en Dios puedo decir que es algo complicado y aventurero. Como dice el canta-autor, Alberto Plaza: “No me pidas más de lo que puedo dar, cada uno tiene su mayor anhelo, no le quites alas a la libertad porque ya ha empezado a levantar el vuelo. Tengo a mano la alegría y la tristeza, que me acompañan y me ayudan a cantar, por eso las dos se sientan en mi mesa… No me pidas más de lo que puedo dar, yo soy lo que ves no soy más que Vida, que ha escogido mi cuerpo para descansar y seguirá camino… Yo no puedo ser perfecto tengo miles de defectos, tengo lágrimas, tengo corazón, si me pides que mejore mis fracasos mis errores, dame tiempo para ver si puedo andar, y Yo te seguiré donde vayas tú y me quedaré…”.

 

Llegar a darle un nombre a este milagro de la vida que es Dios, ha sido cosa de Él, ahora que mi corazón se va entrenando para llegar a “Amar” en libertad he querido volver atrás y recoger todo aquello que me ha fundido para que anhele Esto. “Quiero darme tal y como soy, con todas mis dudas y contradicciones, yo no quiero fabricar una mentira para retener”… y quedar bien.

 

Los milagros que suceden a nuestro alrededor son señales de Dios, y no nos damos cuenta por estar repitiendo constantemente fórmulas aprendidas, o preocupadas por cosas que no vienen al caso. Pero lo curioso de la vida es que siempre está circulando un deseo profundo e inconsciente de experimentar una vida espiritual.

 

Es hermoso descubrir que Dios está donde lo dejamos entrar. Y para esto no debemos olvidar que una experiencia espiritual en el ser humano, es una experiencia práctica del Amor, la misma que no tiene reglas. Quien decide es el corazón y lo que él decide tiene mucho valor.

 

El Señor sigue reestructurando los corazones del Ser Humano, la Historia de Salvación continúa.

 

 

Myriam

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