La celebración del centenario de MDR, nos invita a agradecer a Dios en primer lugar, revisitar su presencia y providencia en las huellas marcadas. Ver el hoy y volver a la historia, a los caminos que caminaban por las primeras enviadas después de los pasos tomado por nuestros fundadores. Me hace pensar en las comunidades como pequeñas respuestas a la entrañable predicación de Miqueas 6,8: “Lo que Yahvé de ti reclama: tan solo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios”.

El 100 año es realmente un acto congregacional, pero es también, una invitación personal para rememorar, tomar en serio los que hemos recibido – la gracia de la vocación que Dios nos regala. Nos hace colaboradores y nos requiere tanta humildad y confianza en El, para llegar a estos pueblos ya desde el comienzo, la misión heredada de nuestros fundadores; Monseñor Ramon Zubieta y Les y la Beata Ascensión Nicol Goñi.

En nuestra casa de acogida en Madrid, la casa de las que cruzan mares y montañas por el envió (como las de Pamplona y del Patrocinio en Lima), hubo distintos pasos importantes que marcan la celebración en concreto de este año jubilar, que comenzaba oficialmente en el colegio de Stella Maris del 7 de octubre 2018.  Desde aquel día, surgió un movimiento entre las diferentes provincias. Celebraciones de la apertura en continentes y en varios países donde el carisma se hace presente y tomar rostro en las comunidades de hermanas.

Mi estancia en Madrid ha sido un poco de “la rara”, el sentido de pertenencia que me califica al es, pero no es completamente. De todos modos, me he sentido muy acogida y cobijada en esta comunidad, gracias a todas que me asistían hasta este momento por amor o por la otra palabra de esta, caridad. Así, no solo Abraham, salió sin saber a donde ir, nosotras también, estamos en la incertidumbre cada vez, tocamos nuevas tierras, nuevas culturas y sociedad, pero en el trasfondo, es El, que nos llama a peregrinar para disfrutar de la abundancia de su gracia en el camino, no solo en la destinación plena.

Con las hermanas de Madrid y las que pasan por el 44 de Carlota O’Neill, Dios me está poniendo en aprendizaje diario a la convivencia de diferentes edades, mentalidades y culturas, dado que estamos en la comunidad de excelente experiencia en acoger las que van y vienen por España.

El verano 2018, el privilegio del descanso en los estudios ha sido gratificante y enriquecedora, de gran inspiración en aprender a seguir a las huellas de Jesús por los pasos tomado por nuestras emprendedoras y valientes hermanas misioneras. En singular, vi esta oportunidad de agradecimiento a este año de gracia, visitando a las que han marcado las primeras huellas de mi provincia, San Luis Beltrán. Me sentí, en comunión con las hermanas de Timor Leste, Filipinas y de la que fue Australia.

El tiempo oportuno para volver y seguir viviendo el entusiasmo en el presente. Comencé con un pequeño retiro sobre nuestros fundadores, de sus primeros desafíos en comenzar en las selvas, el primer viaje de Madre Ascensión y orar por todos los años que siguen después del primer embarco. Ya que ha sido un siglo de esta misma visión y alegría en la entrega a la misión. En el segundo párrafo de la página 25 del Plan General de 2016-2022, está escrito: “Nuestros Padres Fundadores se dejaron conducir por el soplo del Espíritu que les llevo a sintonizar con el latir de los pobres de la tierra y abrieron caminos nuevos, preñados de audacia y pasión misionera.” ¡Qué bueno es tener memoria de las primeras experiencias! Verdaderamente, es un reto a nosotras que ya no escribimos tanto con la pluma, sino en el aire, ¡en las nubes! Creo que es muy importante dejar por escrito, aunque ya no en pergaminos, pero algo en archivos de las bendiciones de Dios que camina con nosotros. Una historia no solo de las memorias sino haciendo puntualmente, reconectando como el WhatsApp nos facilita hoy día. Fue, una ocasión de alegría, puede ser privilegiada, pero es siempre un bonito encuentro en expresar la gratitud al Señor por todos lo regalado y acontecido dentro del Centenario.

Realmente, fue un regalo de encontrar en vivo, escuchar sus historias y nostalgias, el poder vivir unos días con hermanas, que realizaron su misión en aquellas zonas del mundo que son multicultural y de diversas lenguas. En verdad, conocí a ellas por las que nos contaron las hermanas, antes de ver sus rostros y escuchar sus propias voces (como que están escritos todavía en el corazón filipino y timorense).

Ha sido un don significativo, el privilegio de convivir con las que estuvieron en la provincia:

  1. Fe Bravo (que todavía canta su canto favorito: Zamboanga Hermosa);
  2. Maura de Hoyos que se mostraba a todas sus compañeras su ruta misionera en el oriente, en particular las islas de Filipinas
  3. Isabel Gutiérrez con la memoria inolvidable de Calarían y Olutanga
  4. El inglés que todavía intacta de la hna. Gracia Lamas
  5. Benedicta Martínez con su experiencia en el aprendizaje del chino, pegando símbolos en la pared para memorizar
  6. Adela Alonso en el tercer piso que guarda buenas memorias de las hermanas y la grata estancia en la Universidad de Sto. Tomas, Manila.

 

La “peregrinación” desde Madrid-León hacia Zaragoza, con un intervalo de estancia en la fiesta de Sta. Rosa en Huesca, eran las experiencias imprevistas. Caminaba, sin cierta seguridad de realizarse. Visite este verano a las hermanas fuera de Madrid: 

  1. Covadonga Palacio que me di unas que tales de conocidos en Zamboanga,
  2. Ángeles Ciprés que Subanipa en la memoria como la única isla en el paraíso
  3. Ernestina Fernández, la de siempre cariñosa a todas de las tierras conocidas
  4. a nuestra querida Cristobalina Longaron, la bondadosa y la versión femenina de San Martin de Porres, en Baliwasan.

 

No hubo un acontecimiento especial o proyecto particular más que agradecer su presencia y la generosa entrega de vida en las misiones en el Oriente. Compartimos la alegría del centenario, reviviendo memorias y actualizando rostros de conocidos por las redes sociales, conectando puntualmente donde nos posibilita la comunicación por la potencia del wifi. Una cosa pequeña, pero me llena de gozo al reconectar a las hermanas que ya están mayores que parecen ya desconectadas con el pasado vivido en su juventud. Ha sido para mí verdaderamente una bendición, de verlas con sonrisas y configurando la historia a la realidad del presente.

 

Como las historias del primer grupo de Israelitas que caminaban sin saber muy bien donde iban, así son las hermanas nuestras que caminaban sin saber que aún perdura esas comunidades en tierras de misión. El ejemplo de nuestros padres fundadores en toda historia de la fundación, ser vivientes del hoy de los tiempos, responsables del momento como colaboradores de Dios respondiendo atentamente a los hermanos en nuestros pequeños entornos, somos invitadas de crear y compartir la esperanza en donde estemos.

Animo hermanas, un siglo marcado en nuestra historia es base de seguir escribiendo y también, comenzar una nueva página para los siglos venideros. Nos recuerda el Papa Francisco en el capítulo cuatro de su exhortación más recién Gaudete et Exsultate, que habla de la pasión y humor en servir y convivir con los demás tanto en horas de orar y en obrar, nos invita a vivir este testimonio de santidad, de esta alegría en la vocación que es unión a Cristo primordialmente. El ser humilde no protagonistas, el ser pacientes y perseverantes en todos tiempos, es El que nos pone en camino continuamente para llegar a los hombres y a Dios.

 

La comunidad de acogida-Madrid

Hna. Covadonga Palacio con Mercedes Garcia y Carmen Herrero

Hna. Cristobalina Longaron (Zaragoza)

Con las Hnas. Ángeles Ciprés y Ernestina Fernández (Huesca)

 

 

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