Dice una parábola, que “cuando uno encuentra un tesoro escondido, vende todo lo que tiene para comprar ese terreno”; y creo que lo he encontrado… Muchos ya lo sabéis, pero no me quería ir sin despedirme, me voy de misiones (a República Dominicana, el Seibo, con las Misioneras Dominicas del Rosario), en principio durante el próximo curso y si Dios quiere durante toda una vida.

Ya os he contado varias experiencias misioneras, pero creo que de la última en un internado de adolescentes en Resistencia (Argentina), no os he llegado a contar nada y han marcado un poco estos dos últimos años, y quería compartir con vosotros dos cosas: el valor de la educación y que mi lugar está cerca de los pobres.

despedida BelenLo primero de todo, el valor de la educación. Aquí es difícil hacerse una idea, porque lo normal para una chica de 12 a 18 años es estudiar, pero allí mucha gente vivía en el campo y no tenían cerca una escuela… no os podéis ni imaginar el esfuerzo que suponía tanto para las chicas como para sus familias vivir separados durante todo el curso, para poder darles la oportunidad de ser realmente lo que ellas querían. Menudo interés y ganas ponían para aprender lo máximo posible; había días allí, que empezaba a darles clase a las 8 de la mañana y no acababa hasta las 11 de la noche, y pese al cansancio, merecía la pena… Ojalá aquí en España valorarais un poco más la oportunidad del estudio…

Cuando volvía en el avión, había una pregunta que me sobresaltaba una y otra vez… ¿Por qué vuelvo?… después de dos años no me lo pregunto más, vuelvo… porque creo que allí está mi sitio. Dice una Bienaventuranza, “felices los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”, es tan fácil ver a Dios en la gente sencilla que nos enseña tanto cada día… a ser feliz con tan pocas cosas, a compartir lo que tienen con los demás, a amar a todo el mundo sin distinción…

Si hay algo que me ha hecho siempre feliz ha sido el darme a los demás, esa vida entregada al prójimo, para la construcción de ese Reino que tanto habló Jesús y que como cristianos tenemos que hacer presente aquí; un mundo en el que la gente se sienta acogida, acompañada y amada, donde se trabaje por la justicia y la paz, donde no haya fronteras… esa es la ilusión de mi vida.

Misionera, porque creo que el Evangelio puede hacer feliz a mucha gente… ser testigo de ese Dios que está siempre dispuesto a amarnos como somos; y que ese amor nos lleve a amar al prójimo como a nosotros mismos…a mí eso me hace feliz, y no puedo hacer otra cosa que compartirlo.

Tengo toda mi confianza puesta en Dios, que siempre me ha acompañado, sé que habrá momentos duros, pero que Él estará ahí para levantarme cuando caiga… también cuento con vuestras oraciones.

Lo más duro sin duda, dejar a tanta gente a la que quiero aquí, sé que os voy a echar de menos, pero también sé que me llevo un poco de cada uno conmigo allí donde esté. Sed felices y haced felices a los demás. Seguid dando lo mejor de vosotros, para hacer de este mundo algo mejor. Os quiero.

Mª Belén Sánchez Gil (profesora de ESO)

” No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con mucho amor”

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