Mi madre había muerto cuando yo tenía 11 años, así que me costó decirle a mi padre, pero aceptó, sólo me comentó que la vida misionera era de mucho sacrificio y que lo pensara bien. Me costó dejar la familia porque éramos muy unidos y muchos hermanos. Fue un cambio fuerte, yo era muy tímida y me parecía que no sabía hacer nada, en alguna ocasión si hubiera estado más cerca de mi casa me escapo, jejeje. Me mantuve porque en el fondo quería ser misionera, seguir a Jesús.

Me comuniqué con la Madre Alicia y entré a los 18 años en Castello Branco. Hice mis votos perpetuos en 1966.  Estudié un curso de enfermería y otro de educación física.

Fui a Idanha Nova a un hospital, a sustituir a una hermana. Luego volví a la casa del Noviciado para la ropería en la casa y en el colegio en los recreos, la enfermería y la educación física.

Me destinaron a Macao con niños de un orfanato provenientes de familias separadas o muy pobres. Cuidaba de su salud y el cuidado del internado, la catequesis en la parroquia a los niños portugueses, y clases de moral y religión en las escuelas.

Poco a poco fui aprendiendo el idioma. La situación política estaba muy mal, había mucha cosa contra los extranjeros. Macao fue entregado por el gobierno chino a Portugal en agradecimiento por la ayuda ofrecida por un tiempo contra los piratas. Era territorio chino pero con administración portuguesa.

Un día rodearon la casa para matar a las monjas por ser extranjeras y a las monjas chinas por estar con nosotras. Pero gracias a Dios no pasó nada. Como al gobierno le convenía la alianza con Portugal aplacaron estos grupos rebeldes. Lo mismo sucedió con los ingleses en Jan-Hou.

Fue una experiencia muy bonita porque estaba con niños muy necesitados de cariño y sin familia. Pocos iban a casa los fines de semana, las monjas éramos como sus madres. A veces me llamaban mamá, jajaja.

DSCF1024Hubo un Capítulo donde se habló mucho de esta casa de hermanas mayores donde estoy ahora, (Barañain, Pamplona, España), y pedían hermanas que vinieran a ayudar y yo me ofrecí. Me ofrecí pero no me contestaban, así que me decidí a hacer un año sabático pero pensando en quedarme después, y me quedé. Ya cuando Nieves Campión estaba de General le pedí el cambio a la Vicaría y aquí estoy.

Vine entonces a la comunidad de hermanas mayores para encargarme de la enfermería. Antes no teníamos personal como ahora. Y me gusta mi trabajo porque ayudo a quien más me necesita, que son nuestras hermanas. Tenía un poco de reparo, pensaba que me iba a costar mucho.

Lo más difícil es que hace falta mucha paciencia porque hay que tratarlas con mucho cariño y a veces se ponen muy tercas, jajaja.

Y lo más gratificante es cuando me llaman a mí y sólo a mí me hacen caso.

Este cambio de venir personal profesional de fuera me costó pues estaba acostumbrada a ser yo la responsable, pero ahora veo que era necesario, porque el número de hermanas aumentó. Si es cierto que las hermanas quieren a una hermana cerca, y ese es mi papel. En el primer piso hay 32 hermanas, son pocas las que se pueden valer, a muchas hay que bañarlas, levantarlas, aunque la mayoría come por sí misma. También se ha organizado un espacio de animación para ellas que apoyan otras hermanas de la casa.

A las otras hermanas de la casa a veces también hay que acompañarlas al médico, tomarles la tensión,…

En el aspecto espiritual personal, siento que el mucho trabajo no me deja mucho tiempo, a veces falto a actos de la comunidad o a vísperas por atender a las hermanas; por eso procuro hacer mi oración temprano para estar tranquila.

Veo a mis hermanas como si fueran Cristo, “lo que hicieron a los más pequeños me lo hicieron a mí”. Sin la ayuda de Dios no se puede nada, no bastan las fuerzas físicas.

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