Mi idea de ser misionera era llevar el evangelio donde no hubiera católicos. Cuando profesé, me enviaron para Ásia porque se necesitaban más misioneras allí. Fui con Janet Chaud, estuve en Manila estudiando inglés, e iba a una leprosería. Luego me enviaron a Taiwán y tuve que empezar de cero.

¿Qué significó para ti el conectarte con un mundo nuevo en Taiwán?

El principal desafío fue aprender el chino. Entre semana estudiaba el idioma y el fin de semana trabajaba en la maternidad, y a la vez practicaba la lengua. Una vez que aprendí el chino, comencé a trabajar y me sentí feliz porque para esto había venido, esta era mi vocación.

Pingtung era una ciudad de 200.000 habitantes y allí había sólo dos parroquias pequeñitas, una comunidad de Dominicos, y nosotras que teníamos el hospital y un preescolar. Empecé a enseñar cantos en chino, en la maternidad podía conversar con las señoras, en la parroquia pude conocer a la gente.

Maribel 3Era una Iglesia nueva. Hace seis años celebramos cincuenta años de la comunidad católica en la ciudad. Actualmente no llega a un 1% de católicos en toda Taiwán. En Pingtung somos una comunidad apostólica de cuatro hermanas, hacen falta muchas misioneras y misioneros para poder llegar a la gente. El catolicismo aún no ha despertado, lo vemos en el porcentaje de misioneros, en nuestra misma congregación de hermanas iban a Latinoamérica o a África, pero para Ásia no. Aun sigue siendo un desafío a nuestra presencia misionera.

Otro desafío ha sido trabajar en la cárcel. Íbamos como voluntarias, hacíamos charlas a los presos, les dábamos formación humana y cristiana en grupos pequeños, les animamos, visitamos a las familias. Éramos diez voluntarios, cada día le correspondía a una religión visitarlos, nos encontrábamos taoístas, budistas, confesiones protestantes, mormones. Yo les digo que van a salir graduados en religiones, lo que creáis eso ya no lo sé, basta que sean buenas personas que es lo más importante.

¿Qué has aprendido del pueblo chino?

Lo más importante es aprender el idioma, porque sólo así puedes llegar al pueblo e inculturarte, o si no, nos quedamos en lo externo y superficial. El pueblo chino es muy cariñoso, si has tenido algún contacto con ellos nunca te olvidan. Yo estuve como comadrona y cuando paso por la calle me reconocen y me dicen: “tú recibiste a mi hijo, ya está estudiando”, y te recuerdan las palabras que le dijiste cuando nació. Son pacientes, prácticos, acogedores, el chino tiene el orgullo de nación de sus cinco mil años de cultura, son buena gente, muy trabajadores, gustan del silencio y la reflexión.

¿Has experimentado la conversión de algunas personas al cristianismo?

Maribel 2Me gusta mucho preparar a la gente para el bautismo, es algo que me sale de adentro. Tuve una experiencia muy bonita con un profesor de Bachiller. Era budista, estudioso de religiones y me dijo que quería conocer el catolicismo y fui a su casa. En la entrada tenía tres budas, yo le empecé a hablar de la creación, que somos imagen y semejanza de Dios me dijo: “yo tengo ochenta años, tú háblame sólo 10 minutos y voy a pensar lo que tú me dices hasta el día siguiente”. Al pasar los días me dijo que había reflexionado sobre lo que le había dicho y me dijo: “si este es el origen y el fin del mundo estoy muy contento de oír esta noticia, estuve buscando durante toda mi vida y nunca encontré una respuesta, el hombre como nada, era algo que yo no lo veía”. Fui un día y ya no estaban los tres budas… se preparó para bautizarse, le gustó mucho escuchar que Dios es amor, el evangelio de Juan y luego de un tiempo murió en paz.

Me gusta el hecho de hacernos amigos. Tengo una amiga budista que iba conmigo a la cárcel y todos los días cogía la Biblia y la leía. Decía que no hay libro como la Biblia, que en ella está contenido todo lo que ha dicho Confucio, Lao tse, toda la sabiduría. Nunca obligamos a nadie a bautizarse, si me preguntan algo les digo lo que creemos y los dejo libres, a ellos les gusta que se les respete.

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