Stanleyville, 3 de agosto de 1962                                 

 

Muy Rev. Madre  Ma. Pilar Cilveti
Amberes (Bélgica)

 

Mi querida Madre Vicaria,

Sus tres Hermanas  han  llegado bien a Stanleyville y han venido a traerme su mensaje y caramelos de Pamplona. Muchas gracias.  No puedo impedirme de decirle cómo sus queridas misioneras son estimadas y queridas aquí en Stan. El otro día algunos jóvenes me decían: “Monseñor, las Hermanitas de la Orilla Izquierda no son como las demás. Trabajan bien y todas las mamás les quieren mucho porque cuidan bien a sus hijos” Es el mejor elogio que a justo título merecen sus intrépidas Hermanas.

De vez en cuando pasan el río a dos y vienen a visitarme y hablarme de su apostolado. Son muy valientes y no retroceden ante ningún sacrificio. Viven muy sencillamente en su humilde casa, y cada vez que las visito me hago como un reproche  de no haber podido todavía agrandar su modesta vivienda. Cuando los tiempos vuelvan un poco a la normalidad, tenemos que pasar a la ejecución de un proyecto hace tiempo decidido. Sin embargo, desde ahora ya hace falta una quinta hermana que Ud. no rechazará.  A cinco, el trabajo estará más repartido y la vida de comunidad será más agradable. La humilde casita cuenta con cinco pequeños dormitorios y una habitación para la Madre Vicaria… (cuando venga a visitarnos).
Todo está bien tranquilo en Stanleyville y en toda la Archidiócesis. Hemos aguantado bien durante la tormenta y el Buen Dios nos ha protegido a todos. Cuento volver a Bélgica a principios de septiembre para respirar un poco antes de dirigirme al Concilio. Iré a saludarle a Schoonbeke.
Bendigo de todo corazón a su comunidad y le presento mis saludos paternales en Nuestro Señor y en vuestro buen Padre Santo Domingo cuya fiesta celebramos mañana.
 Cordialmente suyo                                             
+ Nicolas Kinsch
   Arzobispo de Stanleyville

 

Martires 2 Martires 1 
Share
Share
Share