Aire Altiplánico
Eres suave brisa que estremece mi corazón, dulzura que día a día cautivaba mi emoción, ternura en cada abrazo que susurrabas el amor, Bolivia entera te engalanas de ilusión.

 

Matilde 4

 

Con Alegría comparto mi experiencia misionera.  Soy Matilde Cuellar Flores, guatemalteca, estoy en mi segundo año de Noviciado Inter Provincial, en la provincia Nuestra Señora del Carmen,  Chile.

 

En este segundo año  tenemos planificada una experiencia misionera en una comunidad de la provincia, por lo tanto,  he sido destinada a la comunidad de El Alto, Bolivia. Esta comunidad está integrada por Beatriz, Manuela y (Edith) que más tarde fue destinada a la comunidad de Miraflores.

 

En mi comunidad de El Alto, las hermanas tienen las siguientes pastorales: El Centro Materno Infantil “Santa María de Los Ángeles”, El Centro de Atención Especial “Madre Ascensión Nicol”, y se apoya el Hogar de niños abandonados “Esperanza” coordinado por las Hermanas de Cristo Crucificado. También fui invitada a participar en la catequesis de niños de Primera Comunión, en la Iglesia de Pompeya, en la Comunidad de Miraflores, la cual está integrada por las hermanas: Aracely, Andrea, (Margarita y Avelina) que están ahora en España.

 

En estas dos comunidades compartí y apoye en las  pastorales.

 

Matilde 2

 

Todas las tardes acompañe a 5 chiquillos internos en el Centro Materno Infantil, coordinado, por la Hermana Manuela. Ellos esperaban con alegría  las 3:30 pm  hora en que yo solía llegar. Para ganarme su corazón inicie llevando música en la Guitarra… en el primer momento,  causó mucha  impresión a los niños y  hasta en el personal que  al escuchar tanto ruido  de su sala, más de uno apareció para ver que acontecía. Fueron talleres para pintar, algunas prácticas de letras y números, estimulación de sus manos y pies con productos básicos como: arroz, trigo, harina, lentejas, plasticola, luego más sofisticado con juegos en la Tablet y para los últimos días ejercicios de relajación en unas colchonetas en el suelo.

 

Quedó en mi corazón sus sonrisas, palabras y gestos, su mirada, ternura abrazos…Con toda el alma quiero  decir, los extraño mucho y me pregunto, no por lo que  estarán haciendo sin mí, sino por lo que yo estoy haciendo sin ellos.

 

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Otra experiencia significativa fue: “El Centro de Atención Especial, Madre Ascensión Nicol), donde cada mañana llegaba con alegría al encuentro de los niñ@s a quienes  les motivaba con  canciones y sonrisas para cultivar su amistad. Ellos con tanta ternura saben responder a cada gesto de amor y lo hacen desde su mayor naturalidad.

 

Eso sí fue todo un proceso hasta ganarme su confianza, para llegar hacía ellos de forma más cercana. Mi gran  desafío fue en cambiarles pañales a los pequeños pues la poca habilidad me decía a mí misma, las mamás reclamaran y todo por mi causa, a Dios gracias no paso, pero mi mente me jugaba en contra. También era muy importante  hablarles siempre aunque no pudieran responderme, y bueno era hablarle algo interesante o no me hacían nada de caso, igual explicarle detalle a detalle para que fuesen aprendiendo.

 

En estos niños descubrí lo puro, lo de dentro, el actuar sin doblez y mostrarte tal cual eres. Además encontré mujeres aguerridas que saben salir adelante pese a las situaciones complicadas en sus familias, en el entorno social por tener un hijo con capacidades diferentes y si a eso le agrego su marco familiar, hablo de violencia intrafamiliar, escases de recursos, pocas oportunidades para ellos, etc. Pero ellas, dan todo por sus hijos porque simplemente ellos son lo primero.

 

Que agradables resultaba el día Jueves que visitábamos el Hogar “Esperanza” coordinado por las hermanas de Cristo Crucificado. Estos niños abandonados por sus familiares, padres que sin juzgarlos no asumieron su responsabilidad. Niñas y niños encantadores tanto por fuera, como de dentro  que conquistan cualquier corazón, al verte abren sus brazos de par en par, con sonrisas entre la timidez y espontaneidad característica de los niños.  Eso sí para que negar que conforme va creciendo la mayoría son pequeños terremotitos casi incontrolables para las tías que tienen a su cargo 8 o 9 niños.

 

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También mi catequesis de niños de Primera Comunión. Con Andrea llevamos está catequesis, de ella aprendí mucho. Con los catequistas  poco a poco creamos una buena amistad y trabajo en conjunto, los niños un grupo grande que entusiasmados llegaban sábado tras sábado.

Con dolor les deje, pues son muy expresivos y cariñosos. De repente me decían: “No te vayas” “Con quién hay que hablar” “No es por nada, pero las hermanas ya están mayores” “Vuelve”, “No perdamos contacto”.

 

Matilde 5

 

En fin, lo maravilloso de toda esta experiencia que nunca estuve sola, siempre acompañada por mi comunidad, Beatriz y Manuela que me respaldaban. Con la invitación de participar en la catequesis en la Parroquia de Pompeya, me acompañaron las  hermanas de Miraflores los días sábados que bajaba de El Alto.

 

De mis hermanas con quienes viví, descubrí mujeres de gran talante y experiencia única. Tengo presentes muchas palabras que  me ayudaron a clarificar mi vocación en un momento de crisis.

 

Hoy igual que muchas noches agradezco al Dios del Cielo y de la Tierra por este regalo tan grande que me supera por completo, por disfrutar del paisaje de El Alto, el de La Paz, al contemplar una blanca cordillera después de una increíble nevada, del hermoso Illimani, de su lago Titicaca entre Perú y Bolivia, el milenario Tiwanaku, lugares que hoy puedo decir lo vieron mis ojos, y para cerrar con broche de Oro estar tan cerquita del Papa Francisco, mi corazón se regocijo de alegría con su presencia y cada uno de sus mensajes que seguí muy de cerca por el televisor.

 

A todo esto concluyo, como dice el salmista: “Dios ha estado grande, grande con nosotras y estamos alegres” es de ese modo que vivo la experiencia del 01 de marzo al 12 de Julio en el Alto.

 

Con total gratitud…
Matilde Cuellar Flores
(Novicia MDR)

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