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¿Cómo nació en 2013 este nuevo “reviento” de misión, en un Distrito que dista de Quelimane, donde vivimos, cerca de 80 Km?

Teniendo en cuenta nuestra realidad: pocas hermanas, muchos compromisos y trabajos entre manos, se nos colocaban algunos interrogantes: ¿No nos llega ya con lo que hacemos? ¿Por qué asumir otros?

 

Tal vez tenían razón estas preguntas pero ahora cuando leemos “La alegría del Evangelio” del Papa Francisco, que tan insistentemente nos hace responsables pelas “periferias que precisan de la luz del Evangelio”, pensamos que fue el Espíritu que nos impelió ir a Namacurra.

 

La verdad es que en la última Asamblea Pastoral de la Diócesis nos sentimos interpeladas por la invitación insistente del Obispo pidiendo misioneras y misioneros para las misiones del interior, donde los cristianos estaban sin formación ni acompañamiento pastoral.

 

Fue cuando nos hicimos la pregunta: ¿Y nosotras, qué podemos hacer? ¿El Señor no nos está interpelando? ¿Qué harían nuestros Fundadores hoy? Tenemos que mirar que somos pocas, la distancia, la economía… Si, lo tuvimos que hacer, pero del discernimiento entre las hermanas de las dos comunidades de Quelimane, salió la oferta de colaborar en la misión de Namacurra.

 

No podíamos ofrecer mucho pero nos comprometimos a ir una vez por mes (después aumentó dado “el hambre” de los cristianos) para la formación de los grupos.

No íbamos de francotiradores, sino integradas en una misión conjunta con los Misioneros Capuchinos, que desde algunos años trabajan pastoralmente en esta vasta zona de Quelimane. Ya anteriormente nos habían manifestado la grande necesidad de colaboradoras en la misión, sobre todo en el área de la formación.

 

Como es esta la parte más querida para nosotras, nos comprometimos a asumir la formación de los animadores de los diferentes ministerios de las comunidades, de los jóvenes y de las mamás.

 

¿Cómo llevarlo a cabo? Nos exigía una buena gimnasia para hacer rendir el tiempo y las escasas economías.

 

Partíamos muy temprano de la ciudad y armadas de nuestra Biblia, carteles y cuando había electricidad hasta de nuestro proyector, nos íbamos distribuyendo por los diferentes lugares. Llevaba el coche aquella que iba para el lugar más alejado y después iba recogiendo a cada una al final del trabajo.

 

Allí encontrábamos a nuestra espera, a los responsables de las comunidades: catequistas, animadores de la Palabra (namalaleias), ministros de la comunión (anamadjias) ministros da esperanza e otros ministerios, pues todos querían provechar la oportunidad para formarse y crecer en su fe y en el desempeño de su misión. Muchos venían de lugares distantes (Son 12 grandes zonas con inmensas comunidades), algunos llegaban la víspera, pero todos llenos de alegría y entusiasmo para escuchar la Palabra de Dios.

 

Con los jóvenes fue posible hacer un trabajo no solo de formación en los días marcados, a nivel de las zonas de la misión, sino también algunos fines de semana a nivel de toda la Diócesis. En las marchas y peregrinaciones de jóvenes.

 

En contacto con la realidad fuimos desafiadas a incluir en nuestro programa de formación el tema sobre el HIV/SIDA. Pedimos apoyo al sector de la Pastoral de la Salud de la Diócesis, por eso a veces, nos acompañaba un técnico que hizo un buen trabajo, al final fue evaluado como muy positivo.

 

Con el grupo de mamás, fue también un trabajo muy estimulante. Nos ayudó mucho una mamá líder de nuestro barrio que nos acompañaba porque está habituada a este tipo de trabajo. Con el grupo cada vez más numeroso comenzamos por ver con ellas mismas los temas que deseaban ser tratados. Unos eran de reflexión, otros prácticos como costura, bordados, culinaria, etc. Creo que en parte se debía a que esos son los trabajos que las hermanas generalmente enseñan.

 

Tuvimos que hacer opciones dadas nuestras posibilidades y optamos con ellas por una formación integral. Desde el principio sentimos que eran muy sensibles y estaban motivadas para ir más allá de la costura. La carta del Para Juan Pablo II sobre la Dignidad de la Mujer, con la que iniciamos los encuentros, les abrió el apetito para el compartir profundo y sincero de sus vidas. Los problemas salían como una letanía… Procuramos escuchar, profundizar con ellas y ver los caminos para superar algunas dificultades que sentían. Unas se referían a la las relaciones dentro de la vida matrimonial, otras se referían a los hijos, el alcoholismo entre los jóvenes y adultos es grande y las mujeres se quejaban de que ellas eran las víctimas de todos ellos.

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Pero la gran dificultad era que las mujeres se sentían inferiores en relación a los hombres y que se consideraban impotentes para superar esta situación. Detectamos que en el grupo había mujeres líderes y eso nos hizo pensar que el grupo podría crecer y desarrollarse alguna actividad que les ayudase a crecer en su autoestima. Los encuentros eran tan participativos que comenzábamos a las 7 y se prolongaban hasta las 13 horas y era preciso cortar.

 

Fue de estos debates que surgió la idea de formar un grupo de “Ahorro y crédito rotativo”. La mamá líder que nos acompañaba, que tiene mucha experiencia de esta propuesta, hizo la presentación del funcionamiento de estos grupos lo que despertó un entusiasmo muy grande. Comenzamos por ver “cómo gestionar un negocio” porque es aquí donde se apoya el suceso de estos grupos de ahorro y finalmente se comenzó un grupo con 30 mujeres.

 

Le dieron el nombre de “la unión hace la fuerza”. Ya funciona con una pujanza que nos sorprende. Después de dos meses, cuando las visitamos nos decían “ahora sentimos que estamos a crecer”.

 

Hace poco nos llamaron por teléfono para decirnos que ahora hay un grupo de hombres y de jóvenes que también quieren formar un grupo como el de las mujeres, ¿Serán embriones que ayuden a disminuir la pobreza? Ojalá que así fuese.

 

En fin, estamos en el comienzo de un nuevo año de misión, dinamizadas y desafiadas por las “vitaminas de nuestras raíces”.

 

Y por el “Vino nuevo en vasijas nuevas” que nos dan un aliento y estímulo nuevos para dar continuidad a nuestra historia misionera de cien años, con alguna de la pasión y de la generosidad de nuestros inicios.

 

Que la Beata Ascensión y nuestras hermanas mártires, en los 50 años que estamos celebrando, nos enseñen a vivir “atentas al soplo el Espíritu”.

 

Inocência Costa

Comunidades de Quelimane (Bons Sinais e Chirangano)

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