Estos días ha estado en varios colegios de la zona, ¿qué ha transmitido al alumnado?

Compartí con ellos mi experiencia de misión de 30 años en República Dominicana e interactuando con los inmigrantes que llegan de Haití. La isla la conforman esos dos pueblos y si República Dominicana está entre los países donde hay más hambre, Haití todavía mucho más. Después del terremoto, la situación se ha vuelto sumamente crítica y el país se está recuperando a un ritmo muy lento. Llegan las ayudas de las ONGs pero la de las administraciones públicas es más lenta. Se han reconstruido escuelas pero sobre todo con ayudas de organizaciones. La solidaridad y el aporte de la sociedad española a través de campañas como la de Manos Unidas llega también allí y a otros países. De hecho, la delegación de Ferrol va a apoyar dos proyectos en el área de reconstrucción de hospitales en Palestina y en Zambia y el dinero recogido en 423 parroquias, colegios y aportaciones voluntarias se destinará a esto, algo muy necesario, ya que la administración ha recortado el 20% de las ayudas.
 
¿Cómo era su trabajo en las dos ONGs de las que forma parte?

En Niños del Camino tenemos un equipo de educadores trabajando en la calle y en un centro de día donde se les invita a que vayan y se les ofrecen servicios comida, baño, ropa… y formación integral sobre temas que les afectan como la violencia, la droga…Tratamos de provocar un cambio en su vida, que se la replanteen. Los que quieren dejar la calle tienen una casa de acogida 24 horas, con compromiso de integrarse en la escuela, dejar las conductas que tienen y formar parte de un grupo y colaborar en la dinámica de la casa. Pero este proyecto carece ahora de fondos, porque las administraciones públicas del país deberían ser las que dieran respuesta a esta situación y apenas lo hacen. En la ONG Solher trabajamos con migrantes haitianos, en la educación de niños y mujeres. La realidad es de más de un millón de inmigrantes haitianos en la RD.

¿Las ONGs son tablas de salvación para estas personas?

El trabajo que hacemos no va dirigido a resolver las necesidades básicas sino a provocar en ellos su autonomía, su valor, que sientan que son personas, que deben ser conscientes de su dignidad y de sus derechos.

No es un trabajo asistencialista sino de crear conciencia y de que los recursos que obtienen en la calle traten de emplearlos en mejorar su condición, en comer, en ropa, en condiciones higiénicas, etc.

Y con respecto al tema de la igualdad, sobre el que Manos Unidas hace hincapié, ¿cómo se vive en países de tanta pobreza como República Dominicana o Haití?

La pobreza acentúa la diferencia, aunque a nivel educativo ha habido un avance significativo en los 30 años que he estado en la RD. Yo soy educadora, estuve en una escuela pública en el campo y entonces las chicas después de los 12 años no tenían que ir a la escuela. Hoy en día las mujeres tienen el mismo acceso a la educación que los hombres, incluso la deserción escolar es mayor en chicos y hay más mujeres universitarias que hombres. Sin embargo, en la participación de la mujer y la igualdad en el trabajo queda mucho por hacer y el porcentaje de mujeres en cargos públicos es mínimo. Por eso, hay que seguir reclamando y creando conciencia, porque el analfabetismo pone a las mujeres en situación de esclavitud.

¿Espera volver a sus misiones en la RD?

Ahora soy parte del equipo general de la congregación misionera (estamos en América Latina, África, Asia y Europa –España y Portugal–) pero espero volver, allí está mi vida y aunque soy española y este es mi país, me siento desubicada de esta realidad.

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