“La primera se llamó Rosita. No puedo explicarle el goce que experimenté al recibirla, apreciando más este regalo que cuantos tesoros pudiera el mundo proporcionarme” (M. Ascensión al recibir a la primera niña nativa en el internado)

Jesús llamó a los niños, diciendo: Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan” (Lc 18, 16)

4. Rosita: COMPASIÓN

Rosita, niña nativa,
regalo de Dios,
tesoro de nuestra congregación.
En tu mirada floreció la misión,
eres semilla de transformación.
En tu corazón habita la melodía de la selva,
los ríos, los árboles, los pájaros y flores te cantan una canción.
Un mundo nuevo se abrió para ti.
Misioneras Dominicas te acogieron con amor,
te enseñaron las letras y te hablaron de Dios.
A tu pueblo sufrido y perseguido le brilló la luz.
El buen misionero alzó su voz,
abrió caminos y sembró compasión ,
bondad y justicia en todo rincón.
Y creciste Rosita, arropada de amor.
Eres esperanza para las mujeres nativas:
dignas, libres, reconocidas y respetadas.
En ti se reúnen todas las Rositas,
en África, Asia, Europa y América.
Eres memoria y presente,
estás en toda niña que se educa y crece,
estás en la que sufre marginación.
Nos sigues hablando,
nos sigues cuestionando,
tu voz sigue clamando.

Te damos gracias Señor por la intuición de Mons. Zubieta,
por descubrir a la mujer como potencial de cambio social,
por su compasión con el sufrimiento y la postergación de la mujer nativa.
Gracias por M. Ascensión Nicol y las misioneras educadoras.
Que continuemos formando a mujeres libres, valiosas y luchadoras.

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