En mayo pasado, realizamos nuestra asamblea diocesana, con el objetivo de cuestionarnos cómo acompañar pastoralmente a los jóvenes. Participaron muchos de ellos, dando a nuestra reunión un toque alegre, participativo y jovial, pero también apremiante, exigiéndonos un cambio de nuestra parte. Se enunciaron los problemas de la juventud actual, pues la cultura globalizante llega hasta las comunidades indígenas; viven otro mundo, que a los adultos nos cuesta comprender y asumir; pero también resaltaron sus sueños y esperanzas.

CRITERIOS

Los jóvenes dijeron: Sueño salir de la pobreza, estudiar. Que mi familia me escuche y me dé mi lugar. Que la comunidad me acepte. Que los abuelos me valoren. Sueño con formar una familia y compartir con mis hijos la experiencia de servicio: La Iglesia como proyecto de vida. Descubrir qué quiere Dios de mí. Que los jóvenes que no tienen una razón para vivir, encuentren a Cristo como lo hemos encontrado nosotros, que estábamos perdidos e íbamos en la oscuridad, por mal camino. Soñamos que respeten nuestro ritmo de vida, que no nos impongan su forma de ver el mundo ni su ritmo; que podamos opinar sobre las decadencias de la comunidad y de la Iglesia, siendo escuchados con atención. Queremos comprometernos, ser agente transformador de la sociedad; ser referente en la formación de los demás jóvenes.

Habrá nuevos jóvenes si les anunciamos a Jesucristo vivo, amigo, libre, hermano, servidor, lleno de amor, cercano a quienes se sienten solos e incomprendidos, exigente y no acomodaticio al mundo de pecado.

PROPUESTAS

Los jóvenes pidieron a sacerdotes y religiosas: Un acompañamiento integral, que verdaderamente se nos incluya en las actividades de la Iglesia, que nuestra participación sea valorada y tomada en cuenta. Se necesita mucho testimonio. Que el acompañamiento sea con amor y no se sienta que es obligatorio el trabajo en esta pastoral. Que los acuerdos que nazcan de esta asamblea sean tomados con amor y como signo de esperanza, no como imposición.

Los padres de familia participantes en la asamblea se propusieron: Escuchar su palabra, demostrar amor a nuestros hijos jóvenes. Ser sus mejores amigos para escuchar qué fallos tenemos en familia, para que se animen a dialogar, con apertura y valoración a sus iniciativas. Acompañarles no con prepotencia e imposición de nuestros métodos y nuestra voluntad. Tener flexibilidad. Corregirlos a tiempo; desde niños saberlos guiar, dándoles un buen seguimiento, cuidando su libertad, sus juicios y actitudes. Que los ayudemos en sus derechos humanos y espirituales para poderse defender. Estar con ellos cuando nos necesiten y no cuando nosotros queremos. Hablarles de las drogas, el alcohol y la sexualidad. Brindarles nuestro poyo para salir del alcoholismo. Que todos los miembros de la parroquia se interesen en sus problemas y los acompañen, dándoles su espacio, teniendo paciencia para escucharlos y orientarlos en su caminar. Animarlos en su formación, en el crecimiento de la fe, con la palabra de Dios, motivándolos con la oración. Concientizarlos en el compromiso con Dios y sus pueblos.

Como asamblea diocesana, nos comprometimos a: Fortalecer la estructura diocesana de pastoral juvenil y su respectiva área en las parroquias. Salir a donde están ellas y ellos para escucharlos, partiendo de lo que creen. Dentro de la opción preferencial por los pobres, priorizar a los jóvenes. Crear un plan de formación, tomando en cuenta su palabra.

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