La Hermana Nini (en la foto a la derecha) accedió a compartir sus experiencias cuando aún había combates.

Sister NiniElla está acostumbrada a madrugar, como lo hacen las otras hermanas Dominicas en su congregación. Hace la oración matinal en silencio antes del amanecer, porque la lucha estalló en la ciudad filipina de Zamboanga hace más de una semana y hay mucho trabajo por hacer.

En la primera hora del día, la hermana Nini ya ha reunido a siete madres voluntarias y a jóvenes. Aunque muy apretados todos caben en la cabina de la camioneta que tiene la Congregación. La risa se hace presente cuando la ocasión lo permite porque su compañía les levanta el ánimo e impide que se duerman. Están contentas porque su destino es la escuela primaria de Boalan, que es la segunda vez que actúa como Centro de evacuación, no está lejos. Aunque está lo suficientemente lejos del centro de la lucha que continúa en Zamboanga, la hermana Nini es siempre cautelosa y prudente ante el posible peligro que pueda haber en la carretera.

Cuando llegan a los campos escolares, la hermana y los voluntarios descargan lo que llevan: arroz, sardinas en lata, paquetes de fideos para hacer de una manera rápida y latas de galletas dadas por los antiguos alumnos de la hermana Nini cuando enseñaba en el Ateneo de Zamboanga y en la escuela de San José. Ella y los voluntarios descargan también fardos de hojas de moringa y mostaza verde así como zanahorias, lechugas y alubias, todo cosechado en el huerto orgánico del convento de las hermanas Dominicas. Las mujeres llevan las verduras hasta la cocina instalada en el campo escolar.

La primera luz del amanecer aporta calidez a las 56 familias que han pasado la noche sobre esteras tejidas o sobre cartones para evitar el frío del pavimento de las aulas. Pero el amanecer también trae el aroma de un desayuno caliente traspasando las persianas y despierta a los preocupados evacuados. El departamento de Bienestar Social y Desarrollo ha previsto y coordinado ayuda para este y otros centros porque la lucha sigue desplazando a las familias. La hermana Nini y los voluntarios completan esta ayuda encargándose del desayuno en este lugar. El desayuno de hoy ha sido porridge, y sopa de arroz enriquecida con verduras frescas.

La Hermana nunca se queda para el desayuno en este lugar. Hace rondas en otros tres centros de evacuación, preparando en ellos espacios para los niños. Estos lugares realizan actividades dirigidas a los niños desplazados abordando sus necesidades psicosociales con juegos y expresiones creativas que les ayuden a manifestar sus miedos y emociones.

Para cuando la Hna. Nini vuelve al primer centro de evacuación, muchos padres voluntarios están ya preparados para volver a casa con sus familias. Los voluntarios jóvenes se quedan para ayudar a los profesores locales a hacer actividades para quitar el estrés a los niños que viven en la escuela. Juegan con ellos o les cuentan cuentos. “Estos jóvenes saben la importancia de ayudar a los demás”, dice la hermana Nini”. Ellos mismos están apadrinados por ChildFund y saben lo importante que es que personas que no te conocen sean amables y capaces de hacer todas estas cosas para ayudar.

La Hna. Nini se encarga también de los Centros de evacuación de los mayores. Les toma la tensión y pregunta si alguno tiene necesidad de ir al hospital. Hasta el momento no ha habido esa necesidad pero siempre ofrece el servicio. También se ocupa de dejar en sus casas a los voluntarios que viven lejos. “Esto es un servicio público” bromea la Hna. expresando su gratitud a las familias y amigos que ayudan a llenar el depósito del vehículo.

Y al volver al convento al final del día, la Hna. Nini da gracias a Dios por el trabajo realizado con los niños, por la seguridad que han podido darles, gracias a la colaboración de los voluntarios y de las organizaciones ya mencionadas. “En verdad, siempre tengo miedo, pero sé que Dios es más grande que mi temor”.

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