Cuando llegué a Santiago, me hospedé en la comunidad de las hermanas situada en Pudahuel, una comuna de un sector marginal de la capital, pero de personas muy ricas en muchas más cosas como en el trato, cariños, abrazos, sonrisas, detalles; Participé en la Eucaristía en la capilla de Pablo VI, allí percibí cómo transmiten su fe con una facilidad envidiable y tienen una formación preciosa, viven la Eucaristía de verdad y van porque sienten que lo necesitan. El poder compartir con la comunidad es lo que más me ha llenado y tranquilizado porque si ellos lo tienen ¿por qué no nosotros? ¿Por qué no transmitirlo y contagiarlo?

Ana HugaldeColaboré en un comedor de personas en “situación de calle” donde se les brindaba comida a más de 140 personas con problemas de droga, alcohol y abandono de drogadictos y alcohólicos. Les servía, fregaba, charlaba con ellos y ellos me cantaban, o regalaban flores de la calle, piropeaban eran divertidos, tenía que pelar patatas 2 horas y media pues hacía lo que me mandaban y muy feliz de estar allí ese ratillo. Y también en la capilla, en el taller de bordado o con los niños, todo era precioso, pude descubrir a personas maravillosas, que desinteresadamente me querían enseñar todos los secretos de su arte… entre risa y chiste se fueron entretejiendo lazos de amistad y cariño.

ana 2Visitamos en Calama el Santuario de la Virgen de Ayquina, pequeño poblado situado en pleno desierto de Atacama, en una quebrada donde nos reunimos unas 42.000 personas. Mis expectativas quedaron pequeñas, al llegar, todo provocaba y animaba a la fiesta… el colorido de los trajes de los bailes religiosos con sus bandas de música… las personas dirigiéndose hacia el templo el lugar era muy especial, con tambores y vestidos muy bonitos. Pero lo mejor fue la Eucaristía. El Señor me regaló, desde su sencillez, el fijarme en la gente, el 70 por ciento eran jóvenes, luego niños y muy pocos mayores; había un silencio absoluto, cuando había que cantar todos lo hacíamos y cuando había que saludar a la Virgen pues también; el que guiaba la ceremonia nos decía que la Virgen es el camino para llegar a Jesús que Él dio su vida por nosotros y que nosotros debíamos de darla por los demás.

ana 3A los dos días viajamos a Bolivia, nos esperaba la ambulancia del Centro Materno infantil, visitamos a las hermanas y conocimos el centro y una escuelita para niños con capacidades diferentes. Me quedé maravillada por la labor de las hermanas allí y por como transmitían su vida sin adornarla ni ponerla bonita tal y como la vivían. Aquí me vino a la mente la pregunta que Jesús nos hace, ¿Quién arriesgará su vida acercándose a mí?

Al regresar a Pudahuel me preguntaba ¿dónde me estoy metiendo? y de repente me venía una señora y me contaba que la vida es más sencilla de lo que la hacemos y que el Señor nos guía y nos muestra el camino. Te das cuenta que cuánto más das, más quieres dar y más necesitas del Señor para transmitir esa felicidad desbordante que llevas dentro.

He tenido la suerte de cumplir el sueño de compartir con mi tía este tiempo, siempre me hablaba de su labor y de sus gentes, y de lo feliz que estaba, pero no es lo mismo estar allí.

AnaAhora tengo en mi corazón personas con nombres y rostros por los cuales rezar, con las cuales aprendí a querer más al Señor y a hacerme más pequeña para comprender que si abres tu corazón no te van a hacer daño, si no que harás rica a más gente.

Ana Hugalde

Septiembre 2012

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