Con la ilusión de cumplir su anhelo misionero, durante siete largos años, se fue preparando espiritual y profesionalmente. Al final llegó el destino para Perú, allí trabajó durante 33 años, especialmente en la educación de la infancia y juventud, así mismo en la pastoral entre los marginados de la sociedad.

Cuando la Iglesia, en el Concilio Vaticano II, abrió las puertas para volver a las fuentes, poniendo en manos de los católicos la Sagrada Escritura, no dudó en formarse adecuadamente para poder llevar la Palabra, como dice San Pablo: “A tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella”, dedicándose a ello con ilusión y entrega.

Hoy, rica en años, jubilada y pensionista, sigue con el mismo entusiasmo por compartir la Palabra de Dios, con diversos grupos Bíblicos, uno de ellos en la cárcel de Mansilla de las Mulas.

Cuando inició este trabajo se preguntaba: ¿Cómo podré explicar la Historia de la Salvación, que es la historia de la libertad humana, a los que carecen de esa libertad? Pronto se dio cuenta de lo maravilloso que resulta hablar de la Palabra a los presos. Un día, uno de ellos, de etnia gitana, se le acercó gozoso y, señalando el pecho con su mano le gritaba: “¡Hermana!, yo soy libre, mi libertad está aquí dentro, me la ha puesto Dios, y, aunque esté entre rejas, no me la puede quitar nadie”.

Convencida de que propagar la Palabra de Dios es fuente de la verdadera libertad, sigue haciéndolo, con interés, tanto con los cercanos, como con los desconocidos, por medio de Internet y en la página Web de la familia dominicana.

Sé apóstol de la Palabra, encontrarás la mayor alegría.

Te lo dice por experiencia

Ma. Pilar Garrués El Cid. Misionera Dominica del Rosario

 

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