Con el tiempo y al entrarme de lleno en el proceso fue aumentando mi seguridad, entonces decidí hablar con mi papá sobre el tema y su respuesta fue, que si realmente la vida religiosa era lo que yo quería y eso me hacia feliz, él me apoyaba.

Ya tengo dos meses en Sabana Perdida, viviendo una maravillosa experiencia, en lo que llaman un aspirantado interno, donde comparto con hermanas misioneras. Hoy sin miedo puedo decir que estoy segura del camino que he tomado y si yo fui capaz de darle el sí a Dios, entonces él me dará la fuerza para seguir adelante.

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