María José Guevara Zamora, Postulante nicaragüense en Guatemala


Es una alegría poder compartirles mi experiencia al llegar a Guatemala, específicamente a la comunidad del postulantado donde he vivido a lo largo de este año con 2 hermanas y 2 jóvenes de diferentes países lo cual ha sido una riqueza, por lo que hemos vivido momentos alegres muy significativos y que han tocado mi vida, tanto la experiencia de vida comunitaria que desde el compartir lo que vamos viviendo cada día, nuestra vida, el trabajo compartido, el acompañamiento personal y la convivencia con las hermanas mayores ha sido de mucha alegría, aprendizaje y crecimiento como también la experiencia misionera, al ver de cerca las situaciones de pobreza, exclusión, desigualdad e irrespeto a la dignidad de la persona.

Jose 2Mi primera impresión fue el lugar donde vivimos, cerca del mercado siempre con mucha gente, principalmente de los municipios más lejanos que vienen a trabajar a esta zona, viven en casas pequeñas que muchas veces no prestan las condiciones necesarias para vivir dignamente. Desde la madrugada los trabajadores con sus carretas descargan los camiones llenos de frutas y verduras, el mercado se llena muy temprano, la gente compra los productos y los jóvenes aprovechan para ganar un poco de dinero ofreciendo servicios de carga, entre el bullicio de la gente ofreciendo sus productos, me ha llamado la atención el esfuerzo por conseguir el salario para el alimento del día. Un día conocí a un niño que vendía maní que nadie quería comprarle a él, en su rostro se veía el deseo de querer ayudar a su familia, en esta experiencia tengo muy presente el deseo de muchas personas: “Sueño con estudiar, con tener un trabajo digno con la igualdad económica y social de todas las personas”, esto despertó en mí el deseo de querer dar mi vida al servicio de las personas más pobres y necesitadas.
Jose 3Los días pasan y las experiencias son cada vez más impactantes, en el basurero zona 3 donde compartí con niños en la catequesis y en el reforzamiento escolar pude descubrir el rostro de Dios en ellos al ver sus vidas descuidadas, mal alimentadas y que claman por un poco de cariño, aun tengo en mi mente las palabras que algunos de ellos decían: “ Yo no tengo mamá, no quiero hacer nada; mi mamá trabaja en el relleno; bajar allí es peligroso pero yo tengo que ayudar a mi papá; quiero ser bombero; mi mamá me compró jugos para almorzar; soy servicial y me gusta ayudar a las personas; trabajamos entre la basura”. Son niños que su futuro único será el conocer la miseria, si no hay quien les anime y apoye para que puedan estudiar y salir de esta situación como me decía una mamá: “esta es una realidad que duele y que a la vez invita a la solidaridad.”
Jose 4Algo parecido también viví en mi experiencia como voluntaria en “Cuarto mundo” con los niños de la zona 12 en la biblioteca de calle, cuánta alegría pintaba su carita al vernos llegar, qué felicidad al buscar un libro nuevo para leer: “Qué bueno que vinieron, ya los extrañábamos” nos recibía Nataly. Cada uno de ellos es muy especial, cariñoso, abierto y acogedor a los nuevos voluntarios que llegan a compartir con ellos un rato de alegría y enseñanza. Este es un lugar pobre, peligroso porque las casitas construidas a la orilla de un barranco grande que sirve de basurero ha sido a la vez causa de varios accidentes, aquí la gente trabaja muy duro, algunas familias tienen seres queridos en el extranjero, un día David me decía: “Yo no tengo amigos, me gustaría viajar a los Estados Unidos para ganar mucho dinero”, estos niños esperan el día en que todo mejorará y hasta que eso pase seguirán allí luchando con la ayuda de Dios y de los vecinos con lo poquito que tienen. Aquí se descubre la miseria y se ve cómo el sistema capitalista actúa sin humanidad, sin pensar en los niños pobres y hambrientos, ni el indigente que muere de frio.
Tantas situaciones que piden ayuda inmediata y el gobierno que no cumple su trabajo, el pueblo reclama, ya no se puede confiar en nadie, en las rutas, en las calles si no tienes cuidado te asaltan o te matan. Conversando con doña Rosa un día me comentaba la situación de salud de su mamá y la operación que le debían realizar pero que no habían suficientes donantes de sangre, al decirle que yo podía donarle su rostro se tornó con una gran sonrisa de alegría y agradecimiento, viendo y escuchando de cerca estas realidades me nacen estas interrogantes: ¿Quién velará para que no haya desigualdad? ¿Quién velará por estas personas, nuestros hermanos y hermanas? ¿Quién velará para que se les escuche su voz?
Compartiendo estas experiencias en la comunidad y con el apoyo de cada una de las hermanas deseo seguir luchando día a día desde lo poco que pueda hacer porque de gotita en gotita se puede llenar la cubeta, así cada hermana aportando un poquito vamos construyendo la vida y como decía nuestro padre Santo Domingo: “El trigo amontonado se pierde, pero si se esparce da mucho fruto” sintiéndome animada e invitada me preparo para iniciar el noviciado junto a otras jóvenes que ya han empezado esta nueva etapa, esperando con la ayuda de Dios y de la congregación sea una experiencia de encuentro y entrega.
Saludos a todas, con mucho cariño.

María José Guevara Zamora

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