La vida es un desafío permanente que percibimos con solo estar atentas y escucharla. En mi regreso a la misión de un lado y de otro, de diferentes formas y con expresiones variadas,  me fueron llegando algunas preguntas.

Entonces me vino a la memoria un escritor y poeta portugués, el P. José Tolentino, que escribió un libro sobre el elogio de las preguntas, llega a decir que son ellas las que nos salvan y no tanto las respuestas, pero solo si nos dejamos habitar por ellas dando el tiempo necesario para que se hagan vida en nosotras. Si las dejamos pasar banalizamos la vida porque en definitiva son las preguntas las que dan densidad y sentido a nuestro cuotidiano. Como no es tarea fácil frecuentemente las recusamos y nos refugiamos en el activismo o la superficialidad.

Además porque cuando cultivamos esta actitud de escucha a las preguntas las podemos más fácilmente descubrir como mediadoras de la presencia de Dios. El que se hace ver frecuentemente en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo pequeño.

Toda esta reflexión me acompañó cuando acogía las preguntas del ¿para qué? ¿por qué? y ¿por quién? de mi regreso a la misión.

Los más jóvenes que viven inmersos en una sociedad caracterizada por el consumo, la eficiencia y el descarte es fácil entender que se cuestionen sobre la utilidad concreta e inmediata de lo que hacemos, ¿para qué? No es fácil hacer entender el valor de la gratuidad cuando a su alrededor todo se compra y se vende, de la disponibilidad cuando el propio tiempo se mide por el dinero que produce, de la solidaridad cuando el individualismo cierra a la persona en sí misma y en sus intereses sin dejar lugar para el otro, del compartir lo que somos e deseamos llegar a ser como habitantes de la casa común que queremos transformara en un espacio de armonía, dignidad y justicia, colocándolos al lado de los excluidos e empobrecidos de la tierra.

Otra de las preguntas me llegó desde aquellos que se sitúan en otra perspectiva, con más sensibilidad sobre los motivos, las razones. ¿Por qué regresar?

Dice Francesc Torralba, que todo ser humano posee una “inteligencia espiritual”, que él define como la capacidad que le conecta con lo transcendente, con lo existencial, que por supuesto precisa ser cultivada para desenvolverse y llegar a su plenitud. La inteligencia espiritual nos da la capacidad de preguntarnos por la razón de ser, por el fin que queremos conseguir, es lo que se llama buscar el sentido de la vida, porque todos buscamos la felicidad y la plenitud de este sentido. Cada uno de nosotros va procurando aquello para lo cual hemos sido hechos, nuestro lugar en el mundo. Es lo que llamamos vocación, nos sentimos llamados a realizar una misión. En la tradición religiosa la vocación es una actitud de quien acoge el llamado y responde implicando todas las dimensiones de su vida. Por aquí entiendo se explica la razón del regreso a la misión.

Otras personas intuían algo más.  Porque en la vida solo quien vive apasionado puede  conseguir lo que desea superando las dificultades del camino que aparecen sin ser buscadas.

Teresa de Jesús, la gran maestra en estas lides, nos habla de la relación de amistad con Jesús, Él es que toma la iniciativa en esta relación de amigos, ofrece su amor incondicional que llega hasta el extremo y quien se ha sentido tocado vive su experiencia personal como un diálogo permanente, amoroso e íntimo con El. De esta relación, ella saca fuerza y energía para llevar adelante una ingente misión en una época adversa, en muchos sentidos que incluso afecta a su condición de mujer.

Catalina de Sena vive su experiencia de intimidad con Jesús como si se tratase de una esposa y se siente totalmente identificada con esta condición que supone, pertenencia, entrega total y unión profunda. Increíblemente esta experiencia le hace sentir dentro de sí un fuego tan vivo y ardiente que es capaz de desafiar al Papa, a la propia vida de la Iglesia, para orientarse por valores  más evangélicos y al mismo tiempo a los reyes y príncipes que no se preocupan en buscan la paz para el pueblo.

Dos mujeres singulares que identificaron muy bien por quién estaban apasionadas, quien era el fuego que ardía dentro de  sus corazones y animaba su misión con una fuerza y coraje increíbles. El itinerario de sus vidas es inspirador en mi regreso a la misión. Porque regreso decidida a dar continuidad al sendero hecho de un deseo humilde y sencillo de que Jesús continúe siendo la razón verdadera el centro de mi vida y misión.

Hna. Auxiliadora Hernández
Misionera Dominica

 

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