Mi madre era una santa, a los 27 años se quedó viuda conmigo. Me inculcaba tanto la religión que las niñas en la calle jugando y yo rezando el rosario con ella.

El día del Domund hicimos una hora santa y no sé qué sentí que quería ser misionera, y le dije a mi confesor. Tenía miedo de dejar a mi madre y mi familia se oponía, pero mi madre le dijo al confesor: -Si Dios me la ha dado y Dios me la quita, está bien-. Yo tenía 21 años.

Me recordé que una vez me confesé con el P. Vicente Velasco OP (dominico) que conocía a las hermanas; le escribí y le pedía que me orientara. Él me habló de las MDR y le pidió a M. Teresa Lázaro que me escribiera. Yo tenía estudios, ya era maestra. Así que entré al Noviciado en San Juan. Todo era muy rígido.

Llegué a conocer a la Madre Fundadora siendo yo novicia de primero. Ella me puso el nombre de Remedios. Tengo recuerdos muy gratos de ella, le debí caer en gracia. Iba yo con otra hermana y le dijo: -Así quiero que lleve el velo y la toca, como lo lleva ella-. Le gustaba que fuéramos arregladas y sencillas. Solía subir a hablarnos sobre la vida religiosa.

Cuando murió la Madre me llamó la hermana que la atendía y me dio una camiseta de lana de la Madre. La usé, pero guardo trozos.

Era muy maja, pero seria, entraba en el comedor con una majestad… Ya sabíamos que iba a ser santa.

En mi casa teníamos de todo, y llegar al convento en tiempo de guerra, que no había casi nada de comer…, la cama era un catre. Pero tenía mucha vocación. Me salieron unos sabañones en los dedos de las manos que se me cayeron todas las uñas.

Nada más profesar, coincidió que un convento de semiclausura con un colegio de dominicas en Zaragoza, se unieron a nosotras (siguiendo el ejemplo de las hermanas de Huesca, que es de donde salió nuestra Fundadora). Nos mandaron a algunas jóvenes allí. A mí me mandaron al internado. Allí conocía Nieves Oloriz con unos 10 añitos, y a Teresa Hernández que ahora está en Zaragoza. En el internado estuve 8 años. Las niñas me querían demasiado y me tocó una reprimenda por eso (antes era así, ahora gracias a Dios no).

Luego fui a Huesca para sustituir a una hermana que salió, y estuve 4 años. Además de profesora era sacristana.

A los 33 años me dicen que tengo que ir a la escuela de Villaba (1 año). Me pusieron de submaestra de las novicias con la Madre Margarita aquí en Pamplona (3 años). Luego me bajaron con las postulantes (3 años más). Fue buena la experiencia, aunque me decían que las trataba demasiado bien. Algunas veces me decían: -Me quiero ir-, y les decía: -Pero si lleva muy poco-, y volvían otra vez y les decía lo mismo. Yo les decía que al principio cuesta mucho, y luego son hermanas que en sus Bodas de Oro me lo agradecen muchísimo.

Me dijeron que iban a fundar en La Virgen del Camino, y fui (6 años). Era directora en una escuelita del pueblo, coordinadora de la comunidad y ayudaba en la casa de ejercicios.

Y me mandan a Huesca de superiora y directora (6 años más).

En Cistierna hicieron una escuela-hogar para niños de 6 a 14 años de todas las aldeas de León. Tenía que ser como una casa y se iba a la escuela fuera. Vivíamos con ellos, les ayudabas con las tareas y el Estado nos mantenía (era la época de Franco por aquel entonces). 2 años.

Luego me nombraron superiora en Cistierna. Antes las superioras las nombraba la General, pero aquí ya fue por votaciones de la comunidad. Luego me mandaron a Stela Maris a Madrid como profesora. Mi madre tenía 88 años y estaba ciega, vivía sola con dos tíos solteros muy mayores, así que fui a mi casa por un año y me quedé 20 años (mi madre solo duró 8 años más, pero me quedé por mis tíos que se quedaban solos). En ese tiempo trabajé en un colegio hasta que me jubilé. Mantuve mucha comunicación con Madrid, para los ejercicios espirituales y eso. Con mi madre no me dio trabajo, pero con un tío le dio Alzeimer y sufrimos mucho, con el otro recorriendo hospitales.

Me había acostumbrado a manejar yo el dinero y al volver a Madrid eso me costó. Fui a la casa de Acogida mientras me adaptaba de nuevo este estilo de vida.

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Auxi estaba de General y me mandó a Pamplona al poco tiempo. Y comencé a trabajar en la parroquia para colaborar y me pusieron en el ropero (se recogía ropa y luego se repartía a los pobres). Un tiempo estuve como superiora de la casa, con 87 años. Interiormente sufría porque no me mandaban, pero nunca protesté, decía: -Que se haga la voluntad de Dios-.

Ahora estoy jubilada hasta de la portería. Me encuentro bien. Siempre he sido muy activa y me cuesta no hacer nada. Yo estoy perfectamente físicamente y psíquicamente, pero como estoy mayor, no me dejan hacer nada. Así que me pongo en el ordenador, me mandan e-mails del Ecuador, Perú, Huesca, China. También le ayudo escribiendo correos electrónicos a otras hermanas que no sabían. Me encanta el Internet para ver noticias.

Nunca salí fuera a la misión, mi misión ha sido aquí. Pero yo inculcaba mucho el sentido misionero en los estudiantes. De hecho a muchas MDR y de otras congregaciones les di clases, son como unas 15 hermanas en total.

En mi vida espiritual cada vez tengo más intimidad con el Señor, mucha más vida interior. Ya me estoy preparando para la muerte, y con mucha serenidad, porque me llegará de repente, como le pasó a mi madre. Ahora tengo 96 años como cuando murió ella.

Tengo muchos defectos pero tengo un don, no sé negarme a nada. Y el balance de mi vida ha sido muy bueno.

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