Experiencia en el Foro Social Mundial 2018

“¡Quien dijo que todo está perdido! Yo vengo a ofrecer mi corazón”, dice una canción de Fito Páez, interpretada por Mercedes Sosa. Y es el sentimiento con el que regreso de esta experiencia de participar nuevamente en otra edición del Foro Social Mundial (FSM) que esta vez nos encontramos en Salvador de Bahía en Brasil. Desde los inicios del Foro Social Mundial, teólogos y teólogas de distintas partes del mundo comprometidos con la causa de los pobres desde una perspectiva liberadora y con la terca convicción de que “otro mundo es posible”, venimos acompañando este caminar y este sueño de la sociedad civil que busca alternativas a los grandes problemas globales.

Esta participación la solemos hacer no a título individual, sino como comunidad teológica organizada en la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo (ASETT), que esta vez hicimos coincidir nuestra asamblea general para planificar los años venideros y elegir el equipo que, con la guía de la Ruah, nos haremos cargo de animar el caminar de las teologías liberadoras en los distintos continentes.

Participar por segunda vez en el FSM (la primera fue en Senegal en 2011) fue una experiencia de aprendizaje y de contemplación esperanzada de cómo los distintos ríos de movimientos sociales van formando una fuerte corriente de resistencia al sistema de muerte y de búsqueda de alternativas de vida, de convivencia, de economía, de política, etc. También es un espacio para aportar nuestra humilde lamparita como teólogos y teólogas. Por eso, como teólogos y teólogas venimos poniendo en el FSM nuestra tienda, nuestro propio foro en el que reflexionamos y debatimos sobre qué teología necesitamos impulsar para ir contribuyendo a la transformación del mundo. Desde esta inquietud por hacer “otra teología para otro mundo posible” es que nace el Foro Mundial Teología y Liberación (FMTL) que ha celebrado ahora en Salvador Bahía su VIII edición, con la participación de teólogos y teólogas representantes de distintos países y pertenecientes a distintas confesiones cristianas y distintas religiones.

En el Foro participamos más de 60 mil personas provenientes de más de 50 países, representantes de movimientos sociales, de organizaciones, sindicatos y grupos que no solo buscan poner resistencia a la globalización neoliberal y a la dictadura del mercado, sino que van haciendo propuestas alternativas para ir viviendo ya otra economía, otra política, otra manera de relacionarnos con el cosmos, otra forma de entender y vivir las relaciones entre hombres y mujeres, otra manera de gestionar la diversidad cultural y religiosa, etc.

Dentro de la diversidad de gente venida de los cuatro puntos cardinales, llamó la atención la participación de indígenas, mujeres, jóvenes y afrodescendientes. Estos últimos del mismo Brasil, pues el foro fue acogido por Salvador de Bahía, primera capital de Brasil y la ciudad más africana de América y la Roma de la esclavitud antigua y moderna. Esta ciudad de dramáticos contrastes, conserva la herencia socio-cultural y religiosa de África con fuerza y orgullo. Allí se respira esperanza y alegría en medio de muchos problemas sociales. Es apodada “ciudad de la alegría” y “la Roma negra”.

Antes de que iniciara el Foro Social Mundial, teólogas y teólogos del Foro Mundial Teología y Liberación tuvimos nuestro encuentro que inició con una celebración interreligiosa llena de vitalidad y creatividad, que expresaba la diversidad socio-cultural y religiosa. Fue una ceremonia animada por guías espirituales de distintas tradiciones religiosas presentes en Salvador Bahía: católicos, protestantes, de las religiones afrobrasileñas candomblé y umbanda, musulmanes, judíos, anglicanos, etc.

Desde sus inicios en Porto Alegre en el 2001, el FSM viene siendo la expresión más contundente de resistencia al capitalismo neoliberal, haciendo confluir a los distintos movimientos sociales antisistema y altermundialistas. Para mí es un signo de esperanza ver que aún hay sectores religiosos que tratan de no quedarse fuera de esta corriente de vida y resistencia. Sin embargo, son todavía pocos los que participan y van al FSM a nutrir la opción por la justicia y la paz y a aprender del camino que muchas organizaciones alternativas están haciendo para cambiar nuestro mundo.

El FSM fue convocado en esta hora crucial que viven nuestros pueblos, marcado por la gravedad de la crisis económica, social, ecológica y ética y la crisis de los valores democráticos que vive la humanidad. Acontece en tiempos de involución y de lo que Bauman llama la retrotopía, pero también en tiempos en que se están quebrando viejos paradigmas y comienzan a aflorar signos de la primavera, tanto a nivel social como también eclesial (al menos con el papa Francisco). El FSM se celebra también en un momento crítico en el que los movimientos sociales están siendo criminalizados y muchos defensores y defensoras de Derechos Humanos están siendo acosados y perseguidos. Son tiempos oscuros para quienes luchan por la defensa de la Casa Común, la defensa del territorio, la causa de las mujeres, de los indígenas, de los negros, de las minorías, la defensa del bien común ante un sistema de corrupción e impunidad.

En este sentido, los y las participantes en el FSM vivimos con dolor e indignación una noticia que conmocionó el país: el asesinato de la concejala Marielle Franco ocurrido en Río de Janeiro un día antes de la clausura del Foro. Esta mujer socióloga afroamericana de 39 años de edad destacó como feminista y defensora de los Derechos Humanos y los derechos de los negros de Brasil y del resto de pobladores de las favelas, lugares estigmatizados y acosados por las fuerzas policiales y militares. Ella se había hecho muy popular por sus documentadas denuncias de abusos policiales en los barrios marginados de Brasil.

Al saberse la noticia de su muerte, el Campus de Ondina de la Universidad Federal de Bahía sede de la gran mayoría de los foros del FSM, comenzó a llenarse de mensajes de repudio e indignación: “Marielle presente” “Todos somos Marielle“. Pero Marielle estuvo todavía más presente en la Asamblea Mundial de las Mujeres, que reunió en una plaza del centro histórico de Salvador Bahía a unas 5.000 mujeres de diferentes países, religiones, razas y culturas.

El lema del foro “Resistir es crear, resistir es transformar” ha quedado marcado por la sangre martirial de Marielle y de quienes han apostado por un mundo distinto. Es un lema que reclama ser aplicado a todos los ámbitos de la vida y a todos los espacios en los cuales nos movemos; desafía a pasar de las palabras a las prácticas alternativas para ir haciendo realidad que ciertamente “otro mundo es posible”. Lo vivido en este foro y en los anteriores es como una semilla que se va sembrando en este mundo y que, aunque sea de modo germinal y minúsculo, nos hace constatar lo que Eduardo Galeano afirmaba: “Muchas gentes pequeñas, en muchos lugares pequeños, haciendo muchas cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

Geraldina Céspedes
Misionera Dominica del Rosario
El Limón, Zona 18, Guatemala.

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