Queridos hermanos/as:

 

Les compartimos la noticia de que nuestra hermana Rosario Celis ha partido al abrazo definitivo con el Padre-Madre. Nos conforta y desafía la radicalidad de su entrega al Dios de los pobres y toda su vida sirviendo desde su juventud al pueblo de Guatemala, concretamente su inserción entre los más pobres y su inculturación en el mundo q´echí, pueblo al que amó con todas sus fuerzas. Había ido a España a pasar unos meses en su tierra y esperábamos su regreso para seguir su entrega. Pero al llegar allí su estado delicado de salud se agravó por lo que últimamente vivía en la comunidad de Barañain en Pamplona. Desde allí mantenía la ilusión de recuperarse y volver a Guatemala a seguir trabajando con el mundo indígena. Pero el Señor la llamó antes, dejándonos a nosotras la tarea de seguir sus hullas y su pasión misionera.

 

Descanse en paz quien fuera una misionera incansable en estas tierras guatemaltecas.

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A continuación adjuntamos dos artículos sobre Rosario: un enlace de un columnista guatemalteco, Edgar Gutiérrez, quien compartió con Rosario durante el tiempo del conflicto armado y la Recuperación de la Memoria Histórica; y una entrevista que le hizo el Núcleo Mujer y Teología hace unos años.

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Rosario3…………………………………………………………………………………

 

 

logo nucleoLa justicia con sabor a ternura y a misericordia desde mi experiencia de trabajo con Indígenas q’eqch’ies

 

Mi experiencia de Dios como Padre y Madre, del Dios justo y misericordioso, que trata con ternura a sus hijos/as es una experiencia que está enmarcada dentro de todo el trabajo que he venido realizando con los hermanos/as indígenas. Me es casi imposible plasmar unos años de trabajo en pocas líneas.

 

Mi experiencia en Guatemala se puede marcar en fases muy importantes:

 

1. Recién llegada, muy clara de nuestro carisma (Misionera Dominica del Rosario), me lancé a lo difícil, a trabajar con las comunidades indígenas durante los años 1978 a 1981. EI hacer un camino de igual a igual en todos los sentidos, el sentir mis limitaciones en cuanto a la lengua, las largas horas de caminar; estilo de vida completamente diferente, pero el respeto y la admiración me hicieron ir descubriendo la gran situación de injusticia que vivía el mundo indígena.

 

En un principio, miraba desde mis moldes culturales, poco a poco fui aprendiendo a ver con ojos de contemplación y esto me ayudó a descubrir grandes valores, al mismo tiempo la gran injusticia, discriminación, represión y explotación de estos hermanos y hermanas. Entonces fui entendiendo que el compartir la fe y la Palabra de Dios no podía ser así no más, era necesario ir leyendo a través de ella lo que Dios quería, el proyecto de su pueblo. Es así como fui entrando en un camino de búsqueda de la justicia, pero no sola sino con la gente, con los hermanos y hermanas indígenas. Una justicia que tenía un sabor a ternura y misericordia.

 

2. De 1982 a 1984 tuve que pasar por una pastoral de acompañamiento con los hermanos que tanto sufrían por la violencia; en este tiempo descubrí los grandes valores de la fe, la esperanza, la resistencia, la ayuda mutua…, todo esto me ayudó a saber estar prácticamente sin hacer nada, en silencio y esperando en un futuro…

 

EI vivir tan cerca del mundo indígena fue haciendo de mí una mujer diferente. He procurado estar cerca (con todo lo que esta palabra encierra) de los indígenas, y buscar la justicia no ha sido el caer en sentimentalismos, sino una compasión-misericordia como la que quiere nuestro Padre Santo Domingo.

 

3. Tercera fase: el encuentro de nuevo con las personas y las comunidades. Recibí el gran don de Dios de saber permanecer y, por tanto, participar en este encuentro con los hermanos/as. Fue una alegría inmensa. Sentí que el Dios Padre y Madre estaba allí presente, que nos encontraba, nos reunía, nos acogía en su corazón tierno, cariñoso … EI nos dio la fortaleza para participar en rehacer de nuevo comunidades con personas que llegaban destrozadas por el dolor y la nueva ideología que les habían metido, sobre todo en contra de la Iglesia. Siempre en vela ante la nueva realidad-situación, tratando de ser crítica en la construcción del proyecto de Dios en Guatemala.

 

4. Hoy el pueblo nos exige otro tipo de presencia entre las comunidades indígenas, ellas mismas son protagonistas de su historia, ellos mismos luchan porque se les reconozcan sus derechos y poco a poco han ido logrando mucho. Se lucha más por la recuperación de su memoria, sus costumbres, religiosidad…

 

Esta experiencia de trabajo tan duro pero tan bonito, me ha ido ayudando a descubrir al Dios Padre y Madre, al Dios que está presente en las luchas y el caminar del pueblo. Es el Dios justo, que nos invita a luchar por la justicia, el Dios tierno, cariñoso con sus hijos, que en medio de las asperezas de la vida nos invita y nos mueve a ser tiernos y tiernas, y sobre todo el Dios que se compadece del pueblo, se duele de él. No es indiferente, por eso actúa con misericordia y sigue presente en la historia del pueblo….

 

Hna. Rosario Celis

Misionera Dominica del Rosario

Jornadas Mujer y Teología

Mesa redonda – La justicia con sabor a ternura y a misericordia

Guatemala 6-8 septiembre 1995

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