Queremos hacerles partícipes de nuestra experiencia, durante una semana, con nuestras hermanas y hermanos guatemaltecos; a un mes de la erupción del Volcán de Fuego, ubicado en el departamento de Escuintla, a 50 km de la Capital.

Desde la oración del envío presentamos nuestros deseos, la disposición y la confianza de que el Dios de la vida nos guiaba para poder estar con y entre ellos y ellas, siendo sensibles ante su sentir por la tragedia a la que sobrevivieron.

Nuestra primera impresión la tuvimos al llegar a la Parroquia de Guadalupe, teniendo el primer contacto con algunas de las familias que se encontraban albergadas; tanto los niños, adultos y ancianos nos compartieron su vivencia durante y después de la tragedia. Experimentar su confianza y al escucharles todo lo que vivieron nos motivó más el deseo de apoyar y aportar en las necesidades que se presentaran y desde nuestras posibilidades.

Como se estaban trasladando a las familias a un albergue con mejores condiciones para ellos, esto implicaba una mayor organización, por lo tanto más voluntarios, por lo que decidimos apoyar este albergue que se llama “PAPA FRANCISCO”, coordinado por las hermanas “MISIONERAS DE CRISTO RESUCITADO”.

Al llegar a dicho albergue, fuimos recibidas por las hermanas, quienes nos hicieron partícipes en las responsabilidades de organización para recibir a más familias y atender a las que se encontraban acogidas. Nuestra colaboración consistió en escuchar a las familias, ayudarlas a acomodarse y atender sus necesidades básicas.

Cuando nos daban la lista de un grupo de familias que iban a llegar al albergue, nuestra misión consistía en hacer espacio para ubicar y armar las casas de campaña; en esta labor recibimos la colaboración preferentemente de las mujeres;  en cada una de las casas de campaña entraban dos o tres catres, con sus respectivos colchones, sábanas y almohadas; todo debidamente arreglado. Cuando llegaban las familias, eran llamados por sus nombres y los que se encontraban en el refugio les recibían con aplausos; era emocionante ver el reencuentro de las familias y su alegría expresada en llantos al momento de entrar a sus casitas de campaña. Una vez que los ubicábamos, a cada familia se le entregaba un paquete de aseo personal y otro con sus utensilios para recibir sus alimentos.

La atención es integral porque participamos en la elaboración de listas de los niños que necesitaban leche, pañales, etc; de igual manera de aquellos que tenían dieta para diabéticos; los cuales inmediatamente recibieron la adecuada atención.

Para nosotras ha sido una experiencia de trabajar y compartir con las diferentes instituciones religiosas y no religiosas que están aportando, desde lo que ellos pueden brindar, para que la gente pueda estar en las mejores condiciones durante su estancia en el albergue.

Esta ha sido una experiencia que ha alimentado nuestros sentimientos más profundos en el discernimiento al Proyecto que nos propone Jesús y que pudimos palpar en la realidad que se nos presentó; ayudándonos a ser más humanas, creyendo cada día más en esa unidad y solidaridad que nos fortalece y mantiene vivo ese sentido de servicio a los demás con alegría, dedicación y entrega.  

Lo que nos queda en el corazón y en la mente, son los distintos rostros que expresaban muchos sentimientos; rostros de alegría, de esperanza, de cansancio, ojos llorosos pero con ganas de seguir luchando y continuar con la vida.

Las mujeres que recrean la parte materna de Dios, en sus cuidados hacia sus hijos, en animarse y animar a su familia.

Los niños que con sus juegos, con sus sonrisas y sus preguntas ocurrentes, nos enseñan que la presencia de Dios está en los más pequeños.

En las abuelas y abuelos que con toda la sabiduría de sus años recorridos en la vida, después de este desastre, siguen con la esperanza de una vida mejor.

Todo lo que hemos vivido cimenta más nuestro amor hacia los demás, especialmente a los más desprotegidos; invitándonos a darnos sin esperar nada a cambio y a tener abierto nuestros corazones para recibir la riqueza de su confianza y esperanza en Dios expresada en sus vidas.

Después de todo lo expresado nos queda resonando e iluminando el texto del Evangelio de Mateo 25,40. “…en verdad les digo que, cuando lo hicieron con algunos de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.”

Carmen, Marisela, Onelia y Angélica
Comunidad Postulantado-Noviciado
Guatemala

 

 

Rostros De Esperanza En Medio De Una Tragedia

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