Hoy, 4 de febrero del 2018, es un día memorable, lleno de paz y alegría y estamos reunidos para celebrar los 75 años (Bodas de Diamante) de Profesión Religiosa de las Hnas. Rosa Ma. Callo Abarca  y Ma. Estrella Valcárcel Muñiz y 25 años (bodas de Plata) de la Hna. Mariana de Jesús Oñate.

Igualmente queremos agradecer a Dios la gran bendición al darnos a Rosita, mi tia, quien con su vida, su presencia, su consejo y su palabra de bondad siempre estuvo entre nosotros. Rosita es una religiosa a carta cabal, pero también, una hermana, tía, y amiga de todos los que hemos tenido la suerte de disfrutar de su compañía, incluso desde cuando éramos unos niños hace ya muchos años.

Rosita eligió muy joven servir a Dios como religiosa Misionera Dominica del Rosario. Llamada por el Señor, dejó la familia para ser parte de una comunidad religiosa dedicada a explicar la Palabra de Dios y  a educar a niñas/os y  jóvenes en los numerosos colegios de la Congregación en el Perú. Ello no le impidió ser la hija devota que acompañó a su mamá, con permiso especial, durante los últimos y más difíciles años de su madre, la Sra. Quintina Abarca.

El tener varias hermanas casadas la  puso en camino de dedicarles, una y otra vez con palabras de aliento y consejo, que mas arde extendió a los numerosos sobrinos que fueron apareciendo en el Cuzco y, por excepción en Lima. Todos hemos compartido su serenidad, la palabra cristiana y su sentido del orden  familiar y humano. Ella siempre supo guiar a sus hermanas y sobrinos por la senda que sugería el Evangelio.

El paso del tiempo ha hecho que los que una vez fuimos niños tomemos en esa oportunidad la palabra gratitud hacia la tía que no sólo nos recibía con una amplia sonrisa en el convento-colegio donde residía, en las ciudades de Arequipa, Arequipa. Ayacucho, Cajamarca, Piura, Ica, Lambayeque, sino que además nos agasajaba con chocolatines y dulces tan inolvidables como su blanquinegro e inconfundible hábito en el que la cruz colgada al lado del corazón y el gran rosario parecían tener un brillo sobrenatural.

Más tarde Rosita tuvo sobrinos nietos a quienes acompañar en sus vacaciones. Ocasión que aquellos esperaban para jugar con la querida tía  que llegaba de Lambayeque, cn quien salían al parque para disfrutar de los juegos en un momento de alegría compartiendo a partes iguales por tia y sobrinos unidos por la espontaneidad y el sano goce de las tardes calurosas de verano.

La vida consagrada de Rosita ha dado fruto en su propia persona enrejada a Dios a lo largo de su vida comunitaria, pero igualmente en su señera labor social en pro de los menos favorecidos, cumpliendo así su deber evangélico esencial. En Sta. Rosa, pueblo joven de Lambayeque, durante varios años puso todo su empeño para beneficio de las mujeres sencillas  a  quienes ayudó a ganarse ingresos mediante el trabajo textil. Esa tarea le impuso un gran esfuerzo en la compra de máquinas y repuestos para los talleres de confección,  así como la compra de la indispensable materia prima  de la que se proveía en Lima, aprovechando su breve descanso anual. Estamos seguros de que no han olvidado en Sta. Rosa de Lambayeque, el generoso trabajo de la madre Rosa, verdadera luz en la oscuridad de algunas mujeres de dicha población.

Otros aspectos de la ejemplar vida de Rosita no pueden ser olvidados: sus labores manuales, sus hermosos lienzos al óleo que adornan algunos colegios de la Congregación y por lo menos una casa familiar, su afición por la música y su eventual genealogista estimulada por unos sobrinos curiosos, cuando tuvo a su alcance los archivos parroquiales de Sicuani, mientras acompañaba a su anciana madre. Estamos seguras de que en esta amical reunión algunos de los presentes evocaron individualmente otras facetas de la ejemplar vida de nuestra querida tía Rosita.

Sus hermanas y sobrinos queremos agradecer la presencia de las hermanas dominicas, así como la oportunidad que nos dan para testimoniarle a Rosita el profundo afecto que le tenemos y para pedirle al Cordero de Dios que le colme de bendiciones junto a toda la Comunidad de misioneras Dominicas del Rosario

Antes de concluir estas breves palabras, expresamos a nombre de la familia, las gracias al Señor, gracias a la Virgen María, gracias a la Congregación que la ha acogido, gracias a todas las hermanas religiosas con quienes ha compartido y comparte su vida a los largo de estos años.

Muchas gracias.

Vicky (sobrina de Rosa Cayo)

Chaclacayo, 04 – 02- 2018

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