El problema de la trata de personas es una realidad acuciante presente en El Alto de la Paz, la vulnerabilidad y pobreza, de las  niñas y adolescentes y la migración de jóvenes de los sectores campesinos son presa fácil de las redes de tratantes. Algunas de las jóvenes víctimas son obligadas a ejercer el comercio sexual y otras son llevadas a la zona del Madre de Dios en Perú.

La Violencia Sexual Comercial se define como una forma de violencia que constituye una violación a los derechos humanos, la misma se manifiesta en el uso de personas menores de 18 años de edad, niñas, niños y adolecentes NNAs, inducidos en actividades sexuales, eróticas o pornográficas, a cambio de un pago o promesa de un pago económico, en especie o de cualquier otro tipo. Es un fenómeno que se reproduce principalmente de forma no visible, y se vincula a las redes del crimen que operan en nuestro contexto.[1]

El violentador sexual busca el someter y dominar al más débil en este caso una niña o adolescente que le brinda placer y reivindica sus necesidades más primitivas generadas por un entorno y cultura machista y adultocentrista.

Algunas de las causas de este fenómeno son estructurales como la pobreza, la violencia intrafamiliar y los cánones de conducta de sociedades machistas como la nuestra, que establecen diferencias de género, la ausencia de reconocimiento y respeto a la identidad y derechos de la niñez y la adolescencia, naturalización de la violencia, ausencia de políticas económicas y sociales que tomen en cuenta programas de prevención y atención.

La existencia de la violencia sexual comercial que victimiza a niñas y adolescentes no se explica solamente desde el punto de vista de las carencias económicas, entre otros factores influye en el fenómeno la ausencia relativa del reconocimiento social de las niñas y adolescentes como seres humanos, en proceso de formación y desarrollo que requieren atención y protección especial. A esta situación se suma la presencia de procesos de desintegración familiar, íntimamente relacionados con las graves limitaciones económicas, matizados por situaciones de carencia afectiva que se asocian con el maltrato en sus diferentes expresiones y culminan con la ruptura y el abandono del hogar, la presencia inocultable de estos factores las dispone a ser víctimas fáciles de captación para inducirlas

Los actores directos son:

Los Violentadores Sexuales “clientes” son en su mayoría hombres, de todas las clases sociales, que tienen distintas ocupaciones y que generalmente viven en las mismas comunidades que sus víctimas. Aunque en menor número, también hay extranjeros que buscan tener sexo con niñas, niños y adolescentes, pues creen que aquí la ley no los va a castigar por cometer este delito.

Los proxenetas es decir, quienes impulsan y mantienen a una persona menor de edad en el comercio sexual y ganan dinero por hacerlo.

Los intermediarios, son personas que a cambio de dinero, facilitan que se den estos delitos, por ejemplo, indicando a un violentador “cliente” dónde pueden encontrar personas menores de edad para actividades sexuales. Pueden ser dueños, administradores o empleados de hoteles, moteles, hospedajes, bares, salas de masaje, clubes, empresas, promotores turísticos, comerciantes informales y taxistas.

Los actores indirectos son:

Funcionarios/as públicos y operadores de justicia, quienes juegan un rol de complicidad indirecta al desconocer en muchas ocasiones las normativas existentes contra la violencia sexual comercial, o que ven a las niñas, niños y adolescentes como infractores dejando de lado al actor principal que es el violentador “cliente” y sometiendo a extorsión a las víctimas para dejarlas realizar esta actividad.

Población general, la población o comunidad juega un rol preponderante para la naturalización de este comercio sexual, que culpabiliza y discrimina a las víctimas y no así a los violentadores “clientes”, y se mantiene indiferente y pasiva ante esta forma lacerante de violencia.

Fundación Munasim Kullakita:

Es una fundación que trabaja en El Alto  con  niñas y adolescentes víctimas de trata y  su misión es: acompañar procesos de inclusión social de personas en situación de sufrimiento social, basado en la interacción participativa de la comunidad como ente inclusivo que promueva condiciones de vida y políticas de prevención y atención.

Para nosotras constituye un gran desafío especialmente en hacer conciencia de este delito que ocurre en El Alto y en ayudar en prevenirlo en las instancias donde realizamos nuestra misión ya que en ocasiones se naturaliza y no se percibe como delito y daño irreversible a las personas que lo padecen. Otro desafío es trabajar en red con las hermanas que trabajan en Perú con esta problemática.

Jacqueline Sothers
Comunidad de El Alto- Bolivia

 

[1] Los conceptos técnicos han sido sacados de la investigación “Violencia sexual comercial desde la perspectiva psicológica del violentador sexual”, Fundación Munasim Kullakita.

 

 

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