El proceso de cambio y actualización de la Iglesia con el Concilio Vaticano II motivó a la Congregación elaborar nuestras actuales Constituciones, en base a las originales del 27 de septiembre de 1918

Mi testimonio de vida
Hna. Irma (Miryam) Breña López

Soy puquiana, (Puquio, capital de la provincia de Ayacucho, Perú) miembro de una familia de 9 hijos; exalumna del Colegio y Normal regentados por las Hnas. Misioneras Dominicas.

A mis 84  años de edad, 62 en la Congregación, quiero ante todo, dar gracias a Dios por la vida, por ¡tantos medios y oportunidades que he recibido y recibo¡ de mi familia, de la Congregación, de las amistades y diferentes grupos con quienes he compartido mi vida.

Mi vocación religiosa ha sido fruto de la vida cristiana iniciada en el hogar, ampliada en el Colegio y Escuela Normal. También influyeron mucho para optar por la vida religiosa la lectura de la vida de Santa Teresita, las propagandas sobre la vida misionera de las hermanas MM.DD. y el deseo profundo de “ser Santa”.

Superadas las dificultades para entrar al Convento, especialmente la oposición de mi papá,  pasé los años oficiales de preparación y luego de la primera profesión, me dediqué a la enseñanza en el nuevo Colegio de Fátima y en la Normal de Santa Teresita en Cajamarca. Más tarde, en la Normal e Internado de Lima. En estas realidades mi objetivo central era formar jóvenes, mujeres  buenas, cristianas responsables y eficientes.

Mi retorno a la ciudad de Ayacucho, el año 1969, marcó una nueva etapa  en mi vida: desde el servicio como directora de la Gran Unidad Escolar, el contacto con una población convulsionada, en especial, el trabajo voluntario de apoyo a la formación de jóvenes en la Universidad  de Huamanga,  donde ya se iniciaba la formación del liderazgo de Sendero Luminoso, fue un fuerte impulso motivador de vivir la fe a profundidad y exigencia de trabajar en coordinación con otras Instituciones eclesiales y civiles; en esta ocasión, iniciamos el asesoramiento de la JEC Y UNEC con los padres Jesuitas.

Todas esta nuevas y difíciles experiencias me impulsaron a profundizar mi formación bíblico teológica en las Jornadas de Teología de la Liberación  y en el estudio de la biblia, de los documentos del Vaticano II, de las Asambleas Episcopales Latinoamericanas, lo que conllevó un cambio de mentalidad respecto a Dios y a la humanidad y fui viendo con progresiva claridad la  opción por el pobre.

El pedido de Vaticano II “volver a las fuentes” y el proceso de cambio y actualización de la Iglesia  motivó a la Congregación elaborar nuestras actuales Constituciones, en base a las originales, de 1,918.  En este proceso de trabajo, me pidieron colaborar. Esta etapa fue un tiempo de gracia, en medio de esfuerzos  y tensiones, propias de todo cambio.

Nueve años de acompañamiento a mis padres ancianos y enfermos, fuera del país, fue otra experiencia de vida gratificante, pero dura y difícil, por no contar con una Comunidad de la congregación, cerca y  por falta del idioma del lugar. En medio de esa realidad, creo haber vivido de la mejor forma posible la opción por el pobre: en primer lugar, compartía mi tiempo atendiendo a mis padres,  en coordinación  con mis hermanos  ausentes  y en la medida de mis posibilidades apoyaba a los inmigrantes necesitados, especialmente  salvadoreños  que llegaron en emergencia por la guerra en el Salvador, lo hacía desde mi casa y la Parroquia.

A mi retorno al país tuve la alegría, entre varios servicios, de acompañar a padres de familia en Lima, desde donde surgió el Laicado Misionero Dominico, más tarde gocé del acompañamiento a las poblaciones de Sayán,  especialmente a las mujeres campesinas del valle, quienes se fueron organizando con el objetivo de promover una mejor formación integral y valoración de su ser “mujeres”. También fue interesante mi experiencia de apoyo en la Institución Civil de mujeres en Lima: “La  Casa de Panchita.

Junto a estas experiencias pastorales los servicios en el gobierno de la Provincia me han ayudado y me siguen ayudando a interiorizar más la continua llamada que el Señor me hace a través de la cita de Miqueas: “Ya se te ha dicho lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan sólo que practiques la justicia, que ames con ternura, y te portes humildemente con tu Dios y la humanidad”.

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