Al compartir esta nueva experiencia, inicio dando infinitas gracias al Señor, a María, nuestros fundadores y al Consejo Provincial de “Santa Rosa”; por haberme permitido vivir una nueva experiencia en la comunidad del juniorado en San Juan de Lurigancho.

Después de haber estado más de 30 años con niños/as de 3-5 años en los centros de Educación Inicial en: Lima, Bellavista y Sepahua. Desde 1996 con niños de 0-3 años en INABIF (Instituto de Bienestar Familiar) y en la casa de retiro de la Avenida Brasil hasta febrero de 2016. Todos estos años compartidos en los lugares mencionados fue de mucha riqueza, alegría, y entrega al servicio de la misión, sin embargo esto no agotó nuevas posibilidades y cambios en mí como Misionera Dominica, siempre dispuesta y atenta a la voz del espíritu, para responder en estos momentos de reestructuración.

Responder a lo que el espíritu me pedía fue para mí como tirarme al vacío, ya que fui asignada a una comunidad que requiere mucha preparación y experiencia, porque la misión es muy delicada y desafiante en estos tiempos. Formar parte de la comunidad del juniorado era algo para lo que no me había preparado, sin embargo con espíritu de fe, obediencia, confianza en Dios y María acepté. En ese momento fui destinada junto a la hna. Carmela Valdivia y 3 hermanas más, me sentí acompañada y apoyada pues con ella compartí la misión muchos años en Bellavista y en la casa de retiro en la Avenida Brasil.

En la comunidad de juniorado actualmente somos cinco hermanas: Luzmila Garay, Juana Reinoso, Jeaneth Machay, Ivon Soria y quien escribe lo que el corazón le dicta. Me siento agradecida a Dios, por las hermanas con quienes comparto mi vida y de quienes recibo mucho cariño, cuidado, atenciones y apoyo.

Al leer esto de seguro se preguntarán ¿qué hago ahora? Pues ahora la misión es con los abuelitos/as y enfermos/as que son para mí los Cristos sufrientes, pero a la vez representan un gozo enorme al ver, lo agradecidos/as que se quedan después de recibir el cuerpo de Cristo, todos los domingos, la lectura de la Palabra de Dios y las visitas que hago junto a las ministras de la Eucaristía.

   

Otro gozo que experimento es cuando las personas conocidas me hablan y recuerdan con cariño y gratitud a todas las hermanas que han pasado por esta comunidad, cuyo fruto hoy se ve plasmado en hombres y mujeres que viven su compromiso de fe con espíritu de las Misioneras Dominicas del Rosario.

Vivir esta nueva experiencia no ha sido todo color de rosa, ni siempre estamos en buena disposición para cumplir la voluntad del Padre como Jesús, pero con su ayuda y buena voluntad de nuestra parte se logra. Si tenemos presente lo que decía nuestra madre fundadora: “Amemos nuestra vocación misionera, seamos fuertes y generosas con el Señor que nos llamó aunque tan indignas”. El deseo de hacer la voluntad de Dios amando la vocación, siempre lo vivo fortalecida desde la oración, esto me impulsa cada día a vivir siendo testimonio de vida para las nuevas generaciones de Misioneras Dominicas del Rosario.

Con gratitud

Teresa Jesús Gamero Luque

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