Lo primero y más importante es que agradecer a Dios por habernos elegido y su llamada a ser parte de la familia Dominicana como hermanas Misioneras del Rosario. También le agradecemos a Dios que nos haya enviado aquí, a Taiwan.

Después de dos años dedicadas al aprendizaje del chino, fuimos enviadas a tres diferentes comunidades y la comunidad en la que estamos nosotras dos es en Wanjin.

Wanjin es un pequeño pueblo, parte del Condado de Pingtung, rodeado de preciosas montañas. La iglesia de Wanjin es la primera basílica menor de Taiwan. Aquí hay una importante comunidad católica, con una práctica muy profunda de su fe.

El 31 de diciembre de 2018, nosotras dos, que estábamos en Tainan, nos movimos a Wanjin para estar con las dos hermanas mayores de la comunidad.

Después de vivir aquí durante un tiempo, Asunta nos fue introduciendo en los trabajos de pastoral, como visitas a los enfermos, llevar la comunión, visitar a familias con miembros ancianos y participar con diversos grupos de la parroquia.

También empezamos a ir a una residencia de ancianos para estar con los viejitos y practicar nuestro chino. Esto nos ayudó mucho porque no solo practicábamos el idioma sino que fuimos descubriendo el propósito de Dios para nuestras vidas como misioneras. Toda la gente es muy amable y deseosa de ayudarnos.

Para seguir teniendo otras experiencias tuvimos la oportunidad de ir a los poblados de los aborígenes, lugares en lo que anteriormente trabajaron nuestras hermanas. Allí nos presentaron como voluntarias para participar en un centro de mayores y en una de las escuelas.

Debido a nuestras limitaciones con el idioma, al principio nos sentíamos miedosas y nerviosas de aproximarnos a la gente pensando que no íbamos a poder contestarles si nos preguntaban algo referente a la fe. Pero gracias a Dios, esta gente es muy amable y son muy comprensivos con nuestras limitaciones, siempre están dispuestos a ayudarnos y cuidarnos. Y gracias a esto, poco a poco nos vamos retando a nosotras mismas para vencer nuestras preocupaciones y miedos.

Estar con los aborígenes es una tremenda experiencia y agradecemos a Dios y a nuestras hermanas por habernos dado esta gran oportunidad. El ambiente es completamente diferente de la ciudad y la gente mucho mas amigable. Tal vez esto es debido a que tenemos algún parecido con ellos, como color de la piel y nuestra apariencia que es similar a la de ellos. Al principio fue difícil ser una extranjera en medio de ellos.

Mas retante es nuestra presencia en el centro de mayores ya que no todos son católicos. Como somos las únicas religiosas allí no piden que lideremos las oraciones y que los entretengamos con cantos y danzas. De verdad que es difícil y retante. Sin embargo la gente aborigen es tan amable, cariñosa y hospitalaria que va conquistando los miedos y preocupaciones que teníamos. Están muy deseoso de ayudarnos y hacernos sentir parte de ellos, como de su familia. Dios nos ha proporcionado esta maravillosa experiencia.

Otra de las grandes oportunidades que hemos tenido para aprender han sido los niños. Son muy listos y vivaces, a pesar de nuestras limitaciones, hemos creado un tipo de amistad con ellos, disfrutamos y nos sentimos felices cuando estamos con ellos, a pesar de sus travesuras.

Como resultado de todas experiencias sentimos que nuestra vocación se ha fortalecido y dado entusiasmo para seguir adelante. Somos felices y encontramos esta misión muy interesante. Desde luego que fue muy difícil al principio, sobre todo debido a la limitación del lenguaje, pero agradecemos a Dios que siempre ha estado a nuestro lado en los momentos difíciles. Seguimos tratando de hacer lo mejor día a día y las cosas nos van resultando más fáciles paso a paso. Estas experiencias nos retan a descubrir más y más la misión del Señor, de acuerdo con el carisma de nuestra Congregación. Estamos disfrutando de nuestra pequeña misión, y hemos aprendido mucho en ella. Sobre todo estamos experimentando el amor y el cuidado de Dios a través de esta gente  y esperamos que también ellos, a través de nuestra presencia puedan sentir el amor y el cuidado de Dios en sus vidas. Deseamos que lo que hemos aprendido y experimentado  pueda ser una manera de contribuir al servicio de Dios y a la congregación, especialmente en esta provincia de Reina de China.

Leonarda y Beatrix

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