La palabra “escucha” aparece más de  60 veces en el IL. Al principio del documento está la oración al Espíritu Santo, pidiendo el don de la escucha para los “padres sinodales” (también para las Hermanas)  y termina en el capítulo VIII-Rol profético de la Iglesia y la Promoción humana integral”, señalando la expresión de la acción evangelizadora “IGLESIA EN ESCUCHA” (144). Es como una gran inclusión que está expresando una urgencia a vivir en estos tiempos. Qué voces privilegiamos hoy en nuestra escucha?

Me llama la atención la insistencia del término “escuchar”, “escuchemos”, “escuchen”. Resuena el “Escucha Israel” del Antiguo Testamento, que recuerda la promesa, la fidelidad y el amor de Dios. Unida a la escucha como actitud de vida y servicio, está la Humildad.

Humildad-escucha, binomio de la nueva evangelización y de los nuevos caminos a recorrer en la Amazonía. Será muy sano reconocer nuestros aciertos misioneros en la defensa de la vida en la Amazonía, y reconocer también nuestros errores a veces sostenidos en el tiempo, como el desconocimiento de la cosmovisión amazónica, cuya ausencia empobrece nuestras celebraciones litúrgicas.

Caminar como  Iglesia Sinodal y como Vida Religiosa profética en la Amazonía, solo será posible si escuchamos las diferentes voces que claman, susurran, cantan, alaban en ese territorio. Francisco de Asís nos enseña a  reconocer la pluralidad de todo lo creado en su pequeñez y en su grandeza.

Escuchar con humildad  la voz de la tierra amazónica nos lleva a descubrir que esa tierra está herida, porque  están matando sus bosques, contaminando sus ríos, en nombre de un modelo económico que devora todo a su paso. Descubrimos también que esa  tierra está regada con la sangre de las/los Mártires. “La muerte del bosque es el fin de nuestra vida” decía la Hna. Dorothy Stang, y a ella, como a otras muchas personas que defienden esa tierra, la mataron… y siguen matando.

Y escuchar con humildad la voz de los pobres de la Amazonía, expresión de la voz de Dios, nos compromete con su clamor y para escucharlo, hay que estar cerca, a su lado –próximos- para acompañar a defender su vida, su tierra y su cultura; cuando demandan servicios de salud eficientes y educación que respete sus culturas;  cuando buscan alternativas que no afecten más su hábitat; cuando sueñan un mañana mejor para las generaciones futuras. Una Iglesia en escucha es aquella que acompaña también a los líderes indígenas en espacios civiles, donde se toman decisiones integrales en defensa de la vida. Así es nuestra práctica?

Una Iglesia en actitud humilde y en escucha es una iglesia martirial, porfética, acogedora, incluyente, confiada.

 

El libro de Job (Cap. 38-41) habla del Dios rey del universo, que se opone a las fuerzas del caos y las somete. Es el Dios que descubre Job al final de su búsqueda infatigable. También hoy, Dios combate a nuestro lado por los mismos motivos y eso sostiene la esperanza. Que esa sea nuestra experiencia.

 

La Palabra de Dios hecha carne, muestra que Dios no es mudo, que se nos ha querido comunicar en su Misterio para siempre. Escucharlo implica también hacer silencio y quedarnos en silencio; para seguir acogiendo su verdad.  Estamos  convocadas/os para  escuchar con humildad la voz de Dios, que continua paseando “a la hora de la brisa” por el jardín de la Amazonía….

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