Desde que me abrieron las puertas de esta familia, el primer desafío que sentí fue conocer la Congregación, el Carisma y sus raíces.

Durante este primer año pude aprovechar la formación en el ISMMA (Instituto Superior María Madre de África), participando en el postulantado inter congregacional. Las formadoras y maestras me enriquecieron con sus experiencias que todavía hoy continúan a ayudarme a diario.

Pero de un modo especial me enriquecí con la formación que recibimos en la comunidad dirigida por las hermanas de la comunidad de S. Tomás en la ciudad y nuestra propia comunidad, fue muy importante para mí. Me gustó aprender que la vida “interior” se cultiva en el silencio, siendo este el lugar donde nacen las actitudes fundamentales de la persona, el amor, la justicia, la paz, la fuerza, el valor y la gratitud.

No puedo dejar de lado el acompañamiento, el consejo. Para ser una mujer madura y forte, entendí que es necesario ser coherente, poner a Dios en el centro de mi vida. No actuar precipitadamente con la cabeza caliente, porque incluso en los momentos difíciles “Él” no me abandona y no me llama a sufrir,  ni a vivir en la tristeza, aunque tampoco a una vida como si fuese un mar de rosas. Quiero ser una seguidora de Jesús, firme en la oración y atenta a los más necesitados para darles mi mano.

Lo que más me impresionó es la vivencia del Carisma en los pequeños gestos de la comunidad, en proyectos como el de los niños vulnerables, el de las mujeres seropositivas. Y me impresionó especialmente la disposición de las hermanas a vivir disponibles para servir a los excluidos, los marginados, como los presos, los pobres, los niños con discapacidades profundas.

Esto me ayuda a crecer, aceptando una parte de mí, con mi imperfección, debilidad y fragilidad pero también con la fuerza divina, quiero seguir sirviendo a los hermanos más pobres de esta familia.

Eugenia Fernando João
Comunidad Formadora de Mahotas.
Maputo. Mozambique
Maputo, enero de 2020

 

 

Evaluando mi primer año como postulante, siento que fue un tiempo de mucho aprendizaje y, sobre todo, un gran desafío. Era como aprender de nuevo, un poco de todo: ser, estar, escuchar.

Al comenzar el año tuvimos un momento de compartir, de conocimiento mutuo para poder integrarnos en la vida de la comunidad, en las tareas diarias y acoger con respeto a cada una de las hermanas,  con su procedencia, costumbres y valores diferentes.

Para realizar el trabajo pastoral fuimos distribuidas  por tres comunidades cristianas diferentes, yo fui responsable de acompañar la de S. Carlos Lwanga, en Albasini. Mi primera experiencia como catequista y como colaboradora en el grupo de la infancia y la adolescencia misionera no fue muy complicada, debido a la ayuda, la apertura, la simplicidad de los niños y también de quienes coordinaban el grupo.

Participar en el postulantado inter congregacional, en el ISMMA, fue muy bueno. Consegui crear amistad con hermanas de otras congregaciones, conocer sus historias de vida, su vocación y compartir el mismo ideal. Los profesores, cada uno con su propia marca, cada asignatura con su desafío.

La disciplina de la formación humana, que fue una de las que tuvimos durante los dos semestres, fue la que me creó más dificultades, pero fue la que aprecié más, sin contar las clases que teníamos en casa, todo me ayudó a crear una conciencia crítica y voluntad de  querer profundizar lo que estábamos estudiando.

Entre los encuentros de análisis de la realidad que tuvimos durante el año con la Familia Dominicana, hubo tres en particular me marcaron: con el Dr. Fátima Mimbire, el Dr. Tomas Suleimane y con el Padre António durante el campamento de verano.

Reconozco que todo lo bueno que viví, llenó mi vocación y animó para continuar el camino comenzado con más deseo y alegría.

Vânia Mário Machuza
Comunidad Formadora de Mahotas. Maputo. Mozambique
Maputo, enero de 2020

 

Saludos cordiales, Hermanas, espero que mi carta les encuentre bien de salud. Con gran alegría comparto mi experiencia con vosotras. Quiero deciros que el primer año de postulantado fue para mí un tiempo de gracia, porque pude aprender muchas cosas nuevas.

En los primeros días sentí miedo porque todo era nuevo para mí, pero a medida que pasaba el tiempo comencé a integrarme y a entender que este era mi lugar.

Realmente disfruté de la formación que tuve en el Instituto Superior María Madre de África (ISMMA) me ayudó a crecer, a desarrollar mis habilidades, descubrir cosas nuevas y crear nuevas amistades. También me gustó trabajar con el grupo de catequesis, los chicos y chicas participaban activamente y aprendí muchas cosas de ellos.

En la experiencia comunitaria que viví, sentí la atención de las hermanas hacia mí como verdaderas hermanas, también me gustó la formación que recibí de ellas, pude entender que Dios no está lejos de nosotros, sino dentro y cerca de nosotros, también pude entender que Dios no es un intervencionista, Dios es intencionista

Me encantó participar en el campamento de verano con los niños y adolescentes del barrio, porque aprendí a dignificarme y dignificar a los demás.

Finalmente, quiero agradecer a Dios por el regalo de la vida, el regalo de la salud y el regalo de la vocación, por todo lo que ha hecho por mí.

Me gustaría agradecer a las Hermanas que me han acompañado durante todo el año, por todos los esfuerzos que han hecho por mí, por su coraje y por todos aquellos que directa o indirectamente hicieron que todo fuese para mí una verdadera gracia del Señor.                                                             

Muchas Gracias Hermanas
Winete Paulino Raul Mussago
Comunidad Formadora de Mahotas. Maputo. Mozambique
Maputo, enero de 2020

Share
Share
Share