Queridas hermanas:

Reciban en estas líneas nuestro más sincero agradecimiento por su cercanía y sus expresiones de condolencias ante la partida de nuestra hermana Faustina.

Aquí estuvo 7 meses, vividos con tanta intensidad que pareció más tiempo.

Esta fue la comunidad que la recibió:

Estos días nos toca vivir el duelo desde el vacío que deja en la casa y en nuestras vidas. La estamos representando en diferentes puntos de la casa, donde solía estar. Todas sus cosas las dejó aquí, con la certeza de que iba a regresar. Nosotras también así lo creíamos. Esta experiencia de ver partir al cielo a una hermana es nueva para la comunidad.

En este tiempo estuvo asentada en Jinotega. Allí apoyó en el Proyecto de la Mujer Ascensión Nicol. Tuvo gran empatía con las jóvenes, ya ustedes se podrán imaginar por lo que conocemos de ella. Les apoyó en su proceso de crecimiento humano y en las necesidades académicas. Ellas también están sintiendo fuertemente su ausencia.

Pero también apoyó parte de la misión de Managua, dando las clases de Historia de la Iglesia y Teología de la Vida Consagrada en el INTER, de septiembre a noviembre 2018.

También acompañó en su discernimiento vocacional a la hermana juniora que vivía en la comunidad en ese momento.

¡Cuánto se identificó con la realidad de Nicaragua y con las luchas del pueblo! ¡Cuánto sufrió con los padecimientos de la gente!

Faustina, en este poco tiempo, se dio a tope: al pueblo, a la misión y a la vivencia comunitaria. Disfrutaba de que estuviéramos juntas; vernos y reunirnos Jinotega-Managua cada 15 o 21 días le parecía una eternidad.

Todas estamos dolidas por su repentino fallecimiento.  Y este dolor provincial es de Dios, puesto que Faustina era conocida y querida por todas. Sigamos acompañándonos en la vivencia del duelo, recemos unas por las otras. Y sigamos cosechando los frutos de la valoración, la amistad y el aprecio de nuestra hermana.

Nuevamente, muchas gracias por su solidaridad y apoyo.

Hermanas de la comunidad de Nicaragua:
Cornelia, Marlén, Wini y Estebanía.

 

 

A nueve días de tu Pascua

¡Quién iba a decir que sería Nicaragua la última comunidad misionera de Faustina!
¡Quién sospecharía que seríamos nosotras las encargadas de redactar la semblanza!
¡Quién podría imaginarse que tendríamos que recoger el armario!
Caminos insospechados son los que tiene Dios para cada una.

A nueve días de la Pascua de nuestra hermana, hemos querido conmemorar este acontecimiento doloroso con la gente cercana a nosotras, muchas de las cuales también conocieron a Faustina. Y, en Nicaragua, lo hemos hecho tanto en Managua como en Jinotega.

La celebración en Managua fue el jueves 22 de agosto en el salón pastoral (contiguo a nuestra casa), a las 6:00 pm. Presidió la eucaristía el P. Moisés, un sacerdote diocesano amigo, cercano a la Vida Consagrada, que acompaña la Pastoral Vocacional de CONFER y que nos está presidiendo desde hace casi tres meses la eucaristía dominical en el Centro Cultural Batahola Norte.

Iniciamos con una breve semblanza de Faustina, a lo que siguieron las palabras de la gente que la conocían, afirmando lo dicho antes. A esta intención se unieron otras intenciones de la gente presente, convirtiéndose este momento en una circulación solidaria de pesares, tristezas y esperanzas, como sosteniéndonos unas a otras. Fue un momento muy emotivo y cálido. “Llevamos este tesoro en vasijas de barro”, “El Señor es mi lote y mi heredad”, “El Reino de Dios es semejante a un banquete con motivo de una fiesta de bodas”. Estos fueron los textos que iluminaron la reflexión y nos ayudaron a vivir desde la fe el momento. Concluimos con un brindis, haciendo alusión a la constante de Faustina de dar, de no dejar que la gente se fuera sin comer o beber, o sin alguna respuesta a su solicitud.

Seguidamente, nos convocamos temprano en Jinotega el viernes 23, pues la celebración sería a las 4:00 pm en la casa del Proyecto de la Mujer (contiguo a la comunidad nuestra). Presidió nuestro amigo y acompañante de la comunidad, el P. Paco, Franciscano: uno con y entre nosotras. Fue una tarde especial, marcada con el sello de la emotividad y el llanto. Faustina estuvo más tiempo en Jinotega y la gente le conocía más allí. También nos acompañó el texto de “Llevamos este tesoro en vasijas de barro”, y  el salmo 15: “El Señor es mi lote y mi heredad”. En el evangelio, nos dejamos acompañar por la imagen del trigo que cae en la tierra y muere, dando mucho fruto. La reflexión de las lecturas fue alentadora. Seguidamente, leímos la semblanza, acompañada de emoción, lágrimas y luz. También culminamos con un brindis, mientras veíamos algunas fotos de Faustina en los diferentes espacios de misión donde estuvo aquí, con el canto de fondo: “Escogidas para evangelizar”.

Fueron dos celebraciones cálidas, marcadas por el sello de la comunidad local cercana, sencilla y solidaria. En ambos lugares nos acompañó la gente de la comunidad cristiana con quienes compartimos el cotidiano de la vida desde la fe. También estuvieron presentes otras personas, amigas de siempre de la comunidad, y algunos familiares de hermanas nuestras nicaragüenses.

Constatamos nuevamente cuánto nos aprecia la gente, cuánto aprecia y se identifica con la misión de nuestra congregación, y cuán cercana y “popular” es nuestra presencia misionera en este país. Gestos, palabras, silencios, testimonios, abrazos… lo iban certificando. También celebramos las huellas que Faustina, poco a poco, iba dejando en la gente que iba conociendo, a pesar de tener poco tiempo en Nicaragua.

No nos queda más que agradecer, por todo y por tanto.

Y seguir pidiendo la siempre intercesión de Faustina por cada una en particular, por todas nosotras, por la presencia en Nicaragua, por las hermanas y comunidades de la Provincia. Ella, que tanto se ocupó, preocupó y acompañó cuando estaba físicamente con nosotras, no dudamos lo siga haciendo desde su nuevo estado junto a Dios.

Marlén, Cornelia, Wini y Estebanía.
Comunidad de Misioneras Dominicas del Rosario,
Nicaragua.

 

Share
Share
Share