En las situaciones cambiantes que vivimos tanto a nivel global como a nivel congregacional y provincial, después de un diagnóstico de nuestra Provincia “San José” y discernimiento sobre nuestras presencias misioneras, tomamos la decisión de priorizar las mismas.

Así, optamos por estar entre el pueblo originario “Maya Achí”. Seguimos los criterios de evangelización entre los más empobrecidos priorizando la formación integral a líderes y lideresas de la comunidad, mujeres, jóvenes y pastoral vocacional.

Decidimos ubicarnos en San Miguel Chicaj, uno de los 340 municipios de Guatemala, ubicado en el departamento de Baja Verapaz. Nuestra Congregación ha tenido presencia desde el año 1955 en Cobán, Alta Verapaz y en Baja Verapaz desde 1977 hasta hoy (Salamá y Cubulco). Esta decisión ha implicado dejar las presencias misioneras de Salamá y Cubulco para dar apertura a la nueva misión de San Miguel Chicaj. Sin embargo, daremos acompañamiento a los grupos de jóvenes de Pastoral Juvenil – Vocacional y grupos de mujeres en Salamá, Cubulco y San Jerónimo.

San Miguel Chicaj es un municipio históricamente marginado.  El 93% de la población es de origen “Maya Achí” y un 7% es ladina.

Durante el conflicto armado entre los años de 1960 – 1996 fue una zona muy afectada, reprimida, masacrada que dejó secuelas que permanecen hasta hoy. Dicho municipio corresponde al corredor seco del país. Este corredor va creciendo por el cambio climático: tala de árboles, disminución de lluvia, escasez de agua, poca producción agrícola de productos básicos, lo que agrava la pobreza y la consecuente migración.

Desde septiembre del 2019 tuvimos el primer diálogo con el obispo de la diócesis, comenzamos a tener contacto con la realidad del pueblo e iniciamos nuestra experiencia comunitaria.

Nuestra andadura como comunidad en este nuevo proyecto misionero está siendo intensamente significativa. Contemplar desde los cerros que rodean el pueblo, hasta las sonrisas dibujadas en los rostros de las personas, que vamos encontrando y comenzando a conocer es gratificante. Descubrimos ahí la manifestación de la Divina Fuente de la Vida que fortalece nuestra esperanza.

San Miguel Chicaj, es un pueblo con una gran riqueza en su identidad cultural. En sus abrazos, su sencillez, humildad y bondad que alberga en sus corazones sentimos su acogida. Compartimos con ellas y ellos la apertura de algo nuevo, y de sumarnos en su itinerario de vida.

Con respeto nos acercamos a esta tierra sagrada, conscientes de que debemos descalzarnos, contemplar y escuchar la vida que fluye y que se va gestando desde lo pequeño, lo sencillo, los descartados por el sistema.

Como comunidad nos vamos sintiendo mujeres en camino, en búsqueda constante, contentas de los pasos que vamos dando con la certeza de que la Ruah acompaña nuestro caminar.

Aflora en nosotras la gratitud por toda la entrega sencilla, generosa, apasionada de muchas hermanas de las comunidades de Cobán, Salamá y Cubulco que dieron su vida y que siete de ellas están enterradas en esta tierra.

Confiamos en que la Divina Ruah nos seguirá mostrando el horizonte a seguir para ser una comunidad sororal, testimonio profético y ante todo sentirnos pueblo junto al pueblo acogiendo lo más sagrado “la vida”.

Nos sentimos desafiadas a dejarnos contagiar tanto de la Sabiduría ancestral y de la lógica del “Buen Vivir” que está presente en las entrañas de este pueblo, así como del estilo de vida de Jesús de Nazaret, a mantener nuestra mirada fija en su propuesta evangélica.

Nos reta también la sed de formación integral que ha expresado la comunidad cristiana, en especial los – las catequistas y los – las jóvenes.

Nos motiva sentir que desde la riqueza intercultural e intergeneracional que caracteriza nuestra comunidad queremos aportar cada una lo mejor de nosotras a este nuevo proyecto misionero que no sólo es provincial sino también congregacional, ¿Te sumas?

Maty, Ernestina, Arantza y Frania.

Comunidad San Miguel Chicaj – Baja Verapaz, Guatemala.

28 de enero del 2020.

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